Un arrastrero sancionado reiteradamente: «Lo hago para poder pagar las multas»
"Es una falsa creencia muy extendida que no se pueda limpiar el pescado en el mar", aclara el director general de Pesca, Antoni Grau

Un ejemplo de la riqueza de la reserva de El Toro. / Dirección general de Pesca

El director general de Pesca, Antoni Grau, tiene mil anécdotas que contar acerca de una actividad, la pesquera, en la que abundan ejemplos del carácter un tanto anárquico, poco dispuesto a adaptarse a las normas, de algunas de las personas que la practican.
«Hay un barco arrastrero, que aún navega, que cada año era multado con unos veinte mil euros por parte del Estado por faenar de manera ilegal en aguas exteriores de su competencia. Los arrastreros, por las características del arte, no suelen pescar en las aguas interiores que controlamos nosotros. Pero en una ocasión le pregunté al patrón por qué no desistía de su actitud ante la reiteración de las sanciones. ¡Y me contestó que seguía faenando en las zonas prohibidas para poder pagar las multas!», se asombra aún el director general.
En la reserva marina de El Toro, sorprendieron a un pescador submarino con una impresionante pescada que incluía un gran número de escorballs y un anfós (mero). En Sóller se incautaron más de veinte piezas de las tan codiciadas como protegidas cigalas mallorquinas (cigarras de mar) y un poco más cerca, en el Portitxol, un pescador de caña había conseguido sacar del mar un número bastante superior de pulpos al permitido (un máximo de tres por licencia y día que, además, deben pesar como mínimo más de un kilo).

Una impresionante captura de cigalas mallorquinas. / Dirección general de Pesca
También alude el director general de Pesca a algunas de las falsas creencias que rodean al mundo de la pesca. Como el extendido rumor de que no se puede limpiar el pescado en el mar antes de llevárselo a casa para comer. «No sé a qué es debido. Posiblemente por el anisakis (un parásito cuyo ciclo vital afecta a los peces y mamíferos marinos y cuya patología contrae el ser humano)», baraja.
«También es falso lo que dicen muchas personas de que antaño se podían pescar crancs peluts, con los que daban sabor a sus arroces. La prohibición de pescar crustáceos de forma recreativa data del año 1963, de tiempos de Franco», aclara.

Pulpos pescados con caña en el Portitxol. / direcc
Un buen ejemplo de que no solo por la boca muere el pez es una anécdota que Grau se reserva para el final. «Un pescador recreativo presumía en un puerto de los atunes que pescaba cada vez que salía a faenar. Nos avisó un particular y un día le esperamos. Le sorprendimos con una docena de atunes de una talla no permitida, de entre 12 y 15 kilos (la talla mínima es de 115 centímetros y 30 kilos de peso). Los había fileteado para intentar evitar la sanción pero estaba claro que los lomos eran más pequeños de los permitidos. No obstante, para avalar la sanción le tuvimos que hacer el adn a las piezas».
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