Conflicto en La Salle: la ultraderecha incendia con «tácticas de guerrilla» las aulas de Mallorca

Dos politólogos, una abogada y un profesor de filosofía analizan el ‘modus operandi’ de la extrema derecha en el caso de La Salle, que examinará la Fiscalía tras ser denunciadas las amenazas a la profesora de catalán

El colegio La Salle de Palma.

El colegio La Salle de Palma. / B. Ramon

 «Bien organizados», «posverdad», «comunidades segmentadas», «redes sociales sin filtros», «Discord, Telegram, Parler»...

Los expertos consultados por este diario desgranan algunas de las claves de cómo se articula la ultraderecha y cómo ha agitado el conflicto del colegio La Salle, que estalló el pasado 25 de noviembre. Una profesora -la de catalán-, en pleno cumplimiento de las normas del centro, hizo retirar la bandera española a un grupo de alumnos que la quisieron colgar para animar a la Selección de fútbol un día que no había partido.

MANUEL RODRÍGUEZ, consultor político, director de Cámara Cívica y coordinador de Hateblockers, comunidad contra el discurso de odio en Internet

"Hay un auge de la extrema derecha en la población juvenil"

Para el consultor político Manuel Rodríguez, en toda esta cuestión «hay un elefante en la habitación, que es la bandera de España», que representa a todos los españoles y para unos tiene un significado y para otros, otro. Pero que en demasiadas ocasiones se politiza por parte de determinados sectores ideológicos. Es un símbolo con un componente subjetivo: para unos puede ser la bandera de un país donde hay una serie de garantías y conquistas sociales y para otros es sinónimo de patria y honor», advierte. 

«El mayor problema es todo lo que le ha caído encima a la docente de La Salle, que recordemos que en el caso de las amenazas puede haber delito, y que esta cuestión haya llegado al Parlament balear. Es una barbaridad que se pida su expulsión de la docencia. ¿Aplica la profesora la norma aprobada por el centro o los valores superiores de la bandera? Si hace lo primero, lo aprovecharán para decir que hay censura y silenciamiento. Es el relato épico de la ultraderecha: ellos son los defensores de la libertad de expresión contra lo políticamente correcto o lo que ellos tachan de adoctrinamiento», considera.

El consultor político Manuel Rodríguez.

El consultor político Manuel Rodríguez. / M.R.

Para el consultor político Manuel Rodríguez, en toda esta cuestión «hay un elefante en la habitación, que es la bandera de España», que representa a todos los españoles y para unos tiene un significado y para otros, otro. Pero que en demasiadas ocasiones se politiza por parte de determinados sectores ideológicos. Es un símbolo con un componente subjetivo: para unos puede ser la bandera de un país donde hay una serie de garantías y conquistas sociales y para otros es sinónimo de patria y honor», advierte. 

«El mayor problema es todo lo que le ha caído encima a la docente de La Salle, que recordemos que en el caso de las amenazas puede haber delito, y que esta cuestión haya llegado al Parlament balear. Es una barbaridad que se pida su expulsión de la docencia. ¿Aplica la profesora la norma aprobada por el centro o los valores superiores de la bandera? Si hace lo primero, lo aprovecharán para decir que hay censura y silenciamiento. Es el relato épico de la ultraderecha: ellos son los defensores de la libertad de expresión contra lo políticamente correcto o lo que ellos tachan de adoctrinamiento», considera.

Para el también director de Cámara Cívica, «con la ultraderecha lo que se está produciendo es una guerra de guerrilla tanto a nivel analógico como digital. A nivel analógico, a través de entidades sociales satélite que están difundiendo este tipo de discurso ultra. Por ejemplo, sindicatos que resulta que son patrióticos o asociaciones de vecinos que arremeten contra los inmigrantes». En el mundo digital, favorecen la expansión de estos mensajes las comunidades segmentadas que son nichos para la extrema derecha y que se crean en torno a diferentes redes. «La ultraderecha se mueve en Discord o Telegram. En Telegram proliferan comunidades temáticas de ultraderecha y otras como Hombres contra el feminismo, Antivacunas y Revisionismo Histórico. La extrema derecha aglutina algunas de estas tendencias que he mencionado y consigue que una misma idea se adapte a ellas y se repita una y otra vez en diversas comunidades», desvela.

Vox en el Parlament balear con banderas españolas.

Vox en el Parlament balear con banderas españolas. / DM

En cuanto a las amenazas y la violencia verbal, sufridas ambas por la profesora de La Salle, Rodríguez asegura que la ultraderecha emplea en redes «tácticas de guerrilla, de intimidación. Usan la inteligencia colectiva que han creado en esas comunidades para aterrorizar a la gente, para señalar e ir todos juntos. Esta es su forma de movilización. Hay muchísimos canales en diversas plataformas que reproducen estos mensajes todo el tiempo. Lo que hacen estos ciberactivistas ultra, a los que llegó el caso de La Salle y sobre el que se pronunciaron, es pura posverdad, adaptan la realidad a su discurso. Asimismo, parece que con estos mensajes de amenaza no pasa nada, pero es cuestión de tiempo que alguien los materialice en la vida real. De hecho, ya sucedió con el asalto al Capitolio en EE UU, que se encendió en chats y canales de este tipo. Todos pensaban que eran soldados del bien. Tenían ideas de conspiraciones y pensaban que se encontrarían en el Capitolio a los políticos haciendo todo tipo de males. Al llegar allí vieron que todo era mentira».

Concepto de realidad

Para el consultor, también hay que entender que el concepto de realidad ha ido cambiando a lo largo del tiempo. "Fue Ortega y Gasset quien dijo que cada ser humano conoce la realidad según su punto de vista y todo conocimiento está sujeto a dicho punto de vista o perspectiva. Y que la verdad existe, pero no la podemos llegar a conocer si no hacemos una suma de todas las perspectivas. Ahora existe otra manera de entender la realidad: y es como si hubiera un gran consenso social para engañarme y yo me he dado cuenta de ello. Es una manera muy narcisista de entender las cosas que casa con los tiempos que estamos viviendo. Es un discurso atractivo para determinadas personas y por eso cala", apunta.

Por último, Rodríguez apunta que hay otro melón que es necesario abrir: el auge de la extrema derecha en la población juvenil.

 "Siempre ha habido adolescentes conservadores, y no digo que haya algo malo en ello, que reproducen los patrones familiares. Pero hay un cambio de tendencia muy claro. Si bien la agitación juvenil se asociaba antes a valores más de izquierda, la contracultura actual, como el trap o el reguetón, están reproduciendo valores neoliberales o incluso reaccionarios. Basta ver los videoclips de este tipo de música: quieren ser ricos con cochazos, se apropian de los valores de la cultura más mercantilista, son valores conservadores. Y han calado hondo. A eso hay que sumarle, desde la postcrisis de 2008 y la guerra de Ucrania, una vuelta al tribalismo, a esa búsqueda de lo comunitario pero desde una perspectiva tradicional como decía, tribal. Y también el auge de la extrema derecha", explica.

"Asimismo, en España hay una gran cantidad de creadores de contenido digital, influencers, tiktokers, etc. que encajan con esta narrativa de vuelta al individualismo, que proviene del capitalismo, y a lo nacional, e incluso de vuelta a los valores religiosos. Por ejemplo, personas como Tamara Falcó, María Pombo o Camilo tienen una gran presencia mediática y detrás de ellos hay unos valores tradicionales que no es que sean negativos per se, pero cuando determinado partido político los aprovecha para exacerbar la polarización social sobre símbolos que deberían ser de todo el mundo y no sólo de una parte hacen mucho daño", argumenta

 "En la adolescencia y la juventud también han cuajado los valores ultraconservadores", prosigue, "que ahora se han vestido y se venden como libertad de expresión, de ir en contra del adoctrinamiento. Algo que nace de esa manera de ver la realidad tan narcisista y que casa con la adolescencia, un momento en el que se desea impugnar lo anterior y hacer siempre la contraria", concluye.  

LLORENÇ SOLER, investigador predoctoral en Ciencia Política de la Universitat Autònoma de Barcelona y cofundador de Passes Perdudes

«En educación es donde hay una mayor polarización»

El politólogo mallorquín Llorenç Soler.

El politólogo mallorquín Llorenç Soler. / LL.S.

«El trasfondo que hay en el conflicto entre los alumnos (y familias) y la profesora de catalán de La Salle va más allá de una bandera. En España, las reformas educativas son, con diferencia, las que han generado más polarización y donde, de hecho, se han sufrido más contrarreformas (si comparamos con políticas económicas o sociales, por ejemplo). Esto sucede porque la influencia que tuvo y tiene la iglesia católica en la educación desencadena tres conflictos diferentes: el rol de la educación en el currículum escolar, la regulación de las escuelas privadas y concertadas y la descentralización de las competencias, donde la lengua juega un papel muy importante. Así pues, en educación se suele observar una mayor polarización en comparación con otros ámbitos de la política pública», advierte el investigador predoctoral en Ciencia Política de la UAB, Llorenç Soler, también cofundador del espacio de reflexión política Passes Perdudes.

«Si bien la posición del PP en estos tres puntos siempre ha sido firme en favor de los intereses conservadores, en regiones como Galicia, Cataluña o Baleares, han entendido que la lengua en el ámbito educativo era un tema más consensuado que los otros dos, y que su margen de maniobra era escaso. En este sentido, el único presidente que ha intentado reducir el uso del catalán en las aulas, José Ramón Bauzá, sufrió el mayor fracaso electoral de la historia de las islas. Pese a ello, la ultraderecha, dirigida por Vox, ha venido a romper todos y cada uno de los consensos, especialmente en la educación pública y la lengua. Estirar la cuerda en este sentido, durante el curso electoral, les sirve para situar la discusión política en un lugar donde se siente cómodos, donde pueden hablar su lenguaje, donde movilizan a sus votantes a través de las redes y, en consecuencia, atraen nuevos. También se sitúan como partido de referencia, frente al PP, en contra del modelo educativo que propone la izquierda. Y esto, en última instancia, también supone tener grupos de interés, como la Confederación de Asociaciones de Familias de la Escuela Católica de Balears, a tu lado», sostiene.

Los algoritmos, a su favor

Soler también analiza los movimientos en las redes sociales de la ultraderecha. «En este contexto, éstas proveen a los partidos de extrema derecha de mecanismos para compartir sus ideas a bajo coste a audiencias muy grandes, especialmente en Facebook y Twitter, donde tienen más votantes potenciales en relación a las franjas de edad que los utilizan. En consecuencia, las redes se han convertido en un espacio óptimo para la extrema derecha en el sentido de que pueden movilizar a sus votantes de manera fácil y rápida para tratar de imponer su discurso en la agenda política y mediática. Por tanto, cuando hay una ventana de oportunidad de movilización, como la que ha habido con el conflicto entre los alumnos y las familias y la profesora de catalán de La Salle, las redes son una herramienta muy eficiente, también para poner en un compromiso a rivales políticos, como por ejemplo el PP, en un espacio de política pública que en Baleares es delicado y a los conservadores les puede generar pérdidas electorales. Especialmente, entre aquellos votantes catalanohablantes del PP, que en la part forana tienen al Pi como una alternativa real». 

Alumnos con la camiseta de la Selección española en La Salle.

Alumnos con la camiseta de la Selección española en La Salle. / B.RAMON

«Por último, si hablamos de comunidad de ultraderecha que no son políticos directamente, vemos que tienden a utilizar redes sociales en las que no hay ningún tipo de filtro, como Telegram. En Twitter, por ejemplo, puedes denunciar los discursos de odio y te pueden cerrar la cuenta, eso no pasa en determinadas redes, que no vetan la incitación a la violencia. Recuerdo la aplicación Parler, donde se organizó el asalto al Capitolio», dice Soler. Al igual que Parler, estas aplicaciones se venden como las redes sociales de la libertad de expresión. «A través de perfiles secundarios en estas redes se incita a los seguidores a llevar a cabo actos violentos, que a veces acaban en amenazas de muerte, como a la profesora de La Salle».

Por otra parte, los algoritmos juegan a favor de los ultra. «El hecho de que una noticia se reproduzca muchas veces hace que llegue a más gente. Y ellos en sus mensajes juegan a eso: ideas pequeñas, poco complejas, de clic fácil»

NEUS CANYELLES, abogada

«Hay que acreditar quiénes han difundido los insultos y la fotografía»

El Govern y la Abogacía de la Comunidad Autónoma han recopilando todas las amenazas e insultos vertidos contra la profesora de La Salle en redes sociales, incluyendo los nombres y apellidos de los autores, para que la Fiscalía determine si pueden incurrir en un delito de odio. «Considero que sí lo hay», señala la abogada Neus Canyelles. 

«Paradójicamente inicialmente se le culpó a ella de un delito de odio pese a que es la víctima. Todo esto se salió de madre porque se juntaron dos cosas: bandera de España y profesora de catalán. No se tuvo en cuenta que había un acuerdo previo con los alumnos», argumenta esta jurista. 

Una bandera española en el colegio La Salle.

Una bandera española en el colegio La Salle. / DM

«Ahora se tiene que acreditar quién ha difundido la fotografía y quiénes son los autores de los insultos y amenazas. El problema es que las redes sociales están llenas de perfiles falsos, pero si se demuestra quiénes son, puede que haya una sentencia condenatoria. En todo caso, creo que será difícil», indica Canyelles. 

Las consecuencias para los infractores pueden ser graves en caso de que sean identificados ya que, como advierte esta abogada, el delito de odio está penado en el Código Penal con entre uno y cuatro años de prisión. 

Al margen de las actuaciones de la Fiscalía, la propia afectada puede tomar acciones legales, tanto contra quienes la han atacado verbalmente como contra los usuarios y medios de comunicación que han difundido identidad y su fotografía. «Si esta mujer ha sufrido unos perjuicios puede reclamar unos daños morales. En Estados Unidos supondría una indemnización muy cuantiosa, pero aquí los daños morales son difíciles de demostrar y se cuantifican a la baja. Hay que demostrar que la víctima ha necesitado terapia o ha tenido que cogerse una baja laboral como consecuencia de esos hechos. Y en ese caso habría una indemnización de responsabilidad civil», explica Canyelles. 

La pérdida de anonimato de la profesora como consecuencia de la publicación de su foto puede acarrear «consecuencias jurídicas más graves a nivel de responsabilidad civil. Incluso puede agravar el delito de odio. Al menos yo lo intentaría si ejerciera de acusación». 

BERNAT RIUTORT, profesor de filosofía de la UIB

«Utilizan la bandera como símbolo de exclusión»

Bernat Riutort

Bernat Riutort / MANU MIELNIEZUK

Bernat Riutort, profesor de filosofía de la UIB y estudioso de la extrema derecha, considera que en los últimos años se ha abonado el terreno para que sucedan episodios como el del colegio La Salle. «Es una dinámica que hace tiempo que se va gestando. Sobre todo durante la década que va de la crisis económica de 2008 a la de la covid, y posteriormente. Hemos visto la utilización que de la bandera han hecho la derecha y la extrema derecha, convirtiéndola en un elemento para identificarse y excluir. Y quienes la utilizan para identificarse, sea en una escuela o en un campo de fútbol, pueden generar situaciones difíciles», argumenta. 

Una vez desencadenado un incidente que en otro contexto no habría tenido recorrido, «las redes sociales facilitan que se generen compartimentos estancos en los que proliferan fake news y realidades alternativas a partir de la creación de una narrativa».  

Riutort señala que «una bandera podría ser algo irrelevante, pero se convierte en algo muy importante si se utiliza como un símbolo de identidad que excluye a otros». Y asume que «cuando una bandera lleva una historia tan cargada, como ocurre en este caso, y un sector de la sociedad la utiliza contra otros, se convierte en una cuestión muy delicada». El filósofo lamenta que este caso saliera del ámbito del colegio y de sus normas internas, y se amplificara después de llegar al «terrible ecosistema mediático de Madrid», lo que ha provocado que «sea más difícil su resolución». 

Y advierte de que la extrema derecha ha engordado y ha encontrado en las redes sociales y en el anonimato que proporcionan un excelente campo de batalla. «Hace diez años eran pocos, pero ahora ya son muchos. Si esto hubiese sucedido años atrás, hubieran protestado unos cuantos, pero no hubiera pasado de aquí. Ahora hay una dinámica muy organizada, desde la guerra cultural que planteó la derecha norteamericana, un neoconservadurismo muy duro y belicista que está muy bien organizado», concluye Riutort.