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Entrevista
Mariluz Esún Profesora del IES Madina Mayurqa

«El inspector me dijo que no vio acoso, solo un compañero cariñoso"

«También me contestó, sobre un regalo del acosador, que los Reyes Magos habían pasado por su casa»

La profesora Mariluz Esún ayer frente a su instituto. | GUILLEM BOSCH

Al sufrir acoso por parte de otro docente de su instituto, inició un periplo por los organismos que tenían que protegerla, pero la ningunearon. Una contundente sentencia le da la razón

¿Por quién se ha sentido más desamparada?

Sin duda, por la conselleria de Educación y las instituciones que defienden las políticas de igualdad, el IB-Dona y el Centre d’Informació de la Dona del Consell.

¿Espera algo de la conselleria de Educación tras la sentencia?

Que asuma responsabilidades, nos pida disculpas al colectivo docente, a mi familia y a mí y nos repare los daños morales que ha causado y que ahora me resulta imposible cuantificar. Entre ellos están mi derecho a la privacidad, a la que he renunciado al verme obligada a recurrir a la prensa para exigir responsabilidades, ya que no me quedó otra salida; y al honor, al quedar desautorizada por el conseller, Martí March, cuando dijo que dieron todos los pasos correctos, pese a ser falso. También está el daño a mi salud mental... La lista es larga.

Hubiera preferido no haber tenido que acudir a la Justicia. ¿Cuándo dijo «no puedo más»?

Cuando el 5 de noviembre de 2020 volví a recibir otro correo de este excompañero, informé al inspector y siguió sin hacer nada. Tuve un ataque de ansiedad y vi claramente que, pasara lo que pasara, la administración no iba a poner ningún protocolo en marcha y que no podía seguir así. Ese día tuve que preguntar al claustro por whatsapp cuántos escucharon mis gritos en junio pidiéndole que me dejara en paz de una vez por todas, debido a que iba a la Policía Nacional al día siguiente. Algunos compañeros fueron conocedores de la situación por primera vez y me sentí expuesta y humillada, pese a que su reacción fue inmejorable. Yo pretendía llevar el caso con la máxima discreción, que Educación hiciera su trabajo en materia de protección del trabajador, lograr que ese señor dejara de acosarme y que quedara como un episodio desagradable de mi vida.

En la carta a los claustros de profesores llama «perversos» e «hipócritas» al IB-Dona y el Centre d’Informació de la Dona del Consell. ¿Qué hicieron o qué no hicieron con su caso?

El IB-Dona, pese a tener toda la información de primera mano, nunca me dio una respuesta de por qué una conselleria podía vulnerar nuestros derechos al no tener protocolos, como obliga la ley. Tampoco dio la cara cuando les comuniqué que la versión del conseller era falsa y podía demostrarlo. Pasaron de puntillas por el tema diciendo solo en los medios «faltó perspectiva de género en la actuación de la Conselleria», pese a la gravedad de los hechos, y entiendo que lo hicieron así porque los responsables últimos eran cargos políticos.

"Sin duda por quien más me he sentido desamparada es por la conselleria de Educación y el IB-Dona"

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¿Y el Consell de Mallorca?

Cuando pedí asesoramiento jurídico al IB-Dona, me pasaron con el Centre d’Informació de la Dona, que tiene este servicio. La conversación telefónica duró cuatro minutos y fue kafkiana. Efectivamente, tienen asesoría jurídica, pero como yo pretendía denunciar a la Conselleria y ellos dependen de una administración pública, me informaron de que no podrían asesorarme. Y se lo comuniqué al IB-Dona. Silencio por respuesta.

También arremete contra el inspector. ¿Por qué cree que no activó el protocolo y nunca se entrevistó con usted?

Desconozco por qué decidió actuar por libre, más allá de lo que dicen las leyes de Igualdad. Sí he podido comprobar en mis propias carnes que Inspección Educativa entiende que no tiene que dar explicación alguna de sus actuaciones. Ni siquiera conseguí que el entonces jefe se pusiera al teléfono. Cuando en octubre de 2020 mi excompañero volvió a molestarme y comencé a pedir explicaciones de las actuaciones de este departamento, me llevé la peor sorpresa y tuve que sufrir el doble desprecio de ser acosada por un compañero y humillada por un inspector. Literalmente me dijo que no había tratado el caso como acoso porque él solo observó que yo tenía un compañero cariñoso. Después de que mi cerebro lograse procesar esa frase, le dije que había aportado mensajes pidiéndole no recibir correos que no fueran estrictamente laborales y, a pesar de ello, me dejó un regalo en el casillero. El inspector, quitándole hierro al tema, me contestó que los Reyes Magos habían pasado por la casa de mi compañero y que habían dejado un regalo para mí. Lo puse en conocimiento del IB-Dona el 17 de diciembre de 2020. Una vez más, silencio por respuesta.

Por la repercusión de su caso, ¿cree que fue un fallo aislado de las instituciones o es un hecho generalizado?

No tengo los suficientes datos para contestar si es generalizado. Yo misma me lo pregunté y así lo hice saber a más de un sindicato, pero me respondieron que no lo podían saber porque no existe un registro donde se contabilicen las peticiones de intervención en caso de acoso o, por lo menos, no estaba a su disposición.

¿Anima a denunciar a otras posibles víctimas tras el periplo y ninguneo que ha sufrido?

Por supuesto. No creo que sea una opción, es una necesidad. A mí me gustaría poder preguntar a todos los que he recurrido para pedir ayuda y asesoramiento: ¿Volvería a actuar de la misma manera si se le volviera a presentar un caso así? Y sobre todo: ¿Cree que está legitimado para estar en el puesto que ocupa?

"En el juzgado me preguntaron si la gente que vino era una organización feminista. Eran mis compañeros, no las feministas"

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La jueza cree «irrisoria» la cantidad de 600 euros que pidió de indemnización. ¿Por qué no reclamó más?

En un primer momento, para mí la necesidad urgente era que este señor dejara de acosarme, por lo que no me planteé el tema económico. Simplemente acepté la petición del fiscal, que marcó esa cantidad. Sigo creyendo que la responsabilidad y el resarcimiento económico ha de recaer en la conselleria de Educación, puesto que todo esto ha ocurrido porque esta institución pública lo ha permitido. Y efectivamente, el daño causado no vale 600 euros.

A las puertas de los tribunales le temblaban las piernas, como cuenta en la carta, y ver allí a sus compañeros le dio fuerza. ¿Los docentes no la han fallado?

No, mis compañeros no me han fallado. Sí me han fallado mis superiores, la administración y los organismos en defensa de la igualdad de derechos. Alguien me preguntó en la puerta de los juzgados si toda esa gente eran de alguna organización feminista. No lo eran, esas organizaciones no vinieron.

¿Se pondrá el lazo el 25-N?

Posiblemente sí. Simboliza la lucha de muchas mujeres para conseguir derechos elementales. Aunque solo sea por el respeto a todas ellas y para recordar que los derechos que tengo hoy en día no han caído del cielo, considero que debo llevarlo. Lo perverso es que instituciones y personas que han demostrado haber perdido toda legitimidad y credibilidad como defensoras de nuestros derechos hagan un uso electoralista del lazo morado.

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