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Isabel Flórez Directora del Instituto balear de salud mental para la infancia y la adolescencia

«Hemos visto cincuenta intentos de suicidio en menores desde agosto»

«Los ingresos hospitalarios por tentativas autolíticas y por trastornos de la conducta alimentaria han crecido hasta septiembre un 70%» - «Lo más frecuente es la ingesta de pastillas y en la mayoría de los casos son niñas»

Isabel Flórez: "Hemos visto cincuenta intentos de suicidio en menores en agosto" B. Ramon

Con motivo de la semana mundial de la Salud Mental que concluye hoy, domingo, con el día mundial para prevenir estos trastornos, este diario entrevista a Isabel Flórez (Madrid, 1964), psiquiatra que dirige desde principios de diciembre de 2016 el Instituto Balear de Salud Mental de la Infancia y la Adolescencia (IBSMIA) en el hospital de referencia.

En el hospital de Son Espases se ha creado una consulta específica para abordar los intentos de suicidio entre niños y adolescentes. ¿Por qué?

Sí, se ha creado una unidad de atención específica para la prevención del suicidio entre niños y adolescentes que comenzó su actividad asistencial a primeros de agosto, que fue cuando se dotó de un psiquiatra y un psicólogo.

¿Previamente a este había algún otro recurso para tratar esta problemática?

Sí, existía una consulta que atendía yo, pero como creación específica y contratación, a partir de esa fecha.

Pero, ¿qué ha motivado la creación de esta unidad específica?

Esta atención está enmarcada dentro del plan estratégico de prevención del suicidio. Se han creado estos dispositivos también para adultos y en todas las áreas. Y lo hemos implementado en el área infantil porque es verdad que en el último año se ha detectado una mayor prevalencia de conductas de riesgo autolítico, de tentativas de suicidio, de ideación del suicidio o de autolesiones, que nos han llevado a concluir que es necesaria una mayor actuación.

¿Puede cifrar el aumento de estas conductas?

En el último año no solo ha habido un aumento de conductas suicidas sino también de otras patologías y hemos objetivado un aumento en el número de ingresos hospitalarios por trastornos de la conducta alimentaria y por tentativas de suicidio. Hasta el pasado mes de septiembre los ingresos han aumentado un 70% frente a las hospitalizaciones del mismo periodo (enero/septiembre) de 2020. Se ha pasado de 125 ingresos a 213.

¿Cuándo empezaron a detectar más casos de trastornos mentales entre los niños y adolescentes?

A partir de otoño del año pasado empezamos a ver muchísimos más casos de trastornos de la conducta alimentaria y de tentativas de suicidio que requirieron de ingreso hospitalario.

¿A qué atribuye ese repunte de casos en ese momento concreto?

Lo relaciono con la pandemia y con todos sus efectos posteriores. Porque es verdad que durante la primera fase de la misma ya hubo síntomas, los niños estaban más nerviosos, más irritables, pero todavía no se habían convertido en trastornos mentales graves. El tema de la alimentación se agravó con el paso del tiempo ya que, una vez transcurridos los primeros meses de la pandemia, los menores nos llegaban con unos pesos muy bajos, tan bajos que casi en las primeras visitas había que ingresarlos porque estaban muy mal.

¿De qué pesos está hablando?

De unos treinta y tantos kilos, de niñas que físicamente ya tenían mucha afectación. Nos han llegado niños con trastornos que empiezan antes y de mayor gravedad.

¿Y con respecto a las tentativas de suicidio?

También objetivamos que nos llegaban muchísimas tentativas de suicidio, casi todas de niñas...

¿Niñas?

Hablo de niñas porque es verdad que hay un sesgo femenino, la mayor parte de los casos eran de niñas...

Si le parece bien luego hablaremos del perfil del paciente suicida pero antes explíqueme cómo intentan llevar a cabo la tentativa.

Lo más frecuente es la ingesta de pastillas aunque también hemos tenido algún caso de precipitación. También cortes, pero con finalidad autolítica porque no todos los cortes se realizan con intención suicida.

¿Por qué cree que empezaron a aflorar los trastornos a partir de otoño de 2020?

Porque a partir de ese momento se empezaron a detectar más casos de depresión, tristeza, aburrimiento o desmotivación. Aparte de la angustia por la pandemia luego llegaron los cambios de hábitos, la escolarización a tiempo parcial, los cambios en los patrones del sueño, más dependencia de las redes sociales, aislamiento frente a las amistades... ¡Todas estas variables se han juntado y han construido una bomba!

¿No cree que han aumentado los casos de suicidios y de trastornos alimentarios entre los más jóvenes porque les hemos confinado junto a sus mayores enemigos, los abusadores y maltratadores y la comida?

Eso puede haber ocurrido, pero no siempre. Pero también es cierto que durante este periodo todos los factores protectores que tienen los niños, los compañeros, el colegio, las redes sociales, dejaron de actuar y se metieron en un ambiente familiar que podía ser de maltrato o abuso y que les dejó completamente desprotegidos. También contribuyó el teletrabajo de los padres que disminuyó el tiempo que podían dedicar a sus hijos, los problemas económicos... Fueron un cúmulo de muchas variables, no se puede reducir el problema a un padre maltratador o abusador, que tan solo es un factor más.

¿Lo llegaron a detectar?

Sí, muchos de los ingresos por intentos autolíticos fueron de menores que habían tenido antecedentes de abusos sexuales y a los que la situación pandémica les había empeorado.

¿Tiene alguna cifra de a cuántos menores han tenido que hospitalizar por intentos de suicidio?

En números, no. Pero la consulta para la prevención del suicidio, desde agosto hasta ahora, en sus dos primeros meses de actividad, ha visto cincuenta casos.

¿De intentos de suicidio?

Sí, de tentativas y de riesgo de suicidio.

¿No son muchos?

Sí, sí, es algo muy preocupante.

Y, ahora sí, ¿cuál es el perfil del menor que quiere acabar con su vida?

Lo más frecuente es que sean niñas, hay muy pocos casos de niños con intenciones autolíticas...

¿En qué proporción?

Por mi experiencia anterior te puedo decir que la proporción en cincuenta casos viene a ser de 45 niñas y 5 niños. Prácticamente todas son niñas, como también ocurre con los trastornos de la conducta alimentaria en los que los varones son muy raros.

Siga con el perfil de paciente...

Tienen una edad que oscila entre los 12 y los 17 años...

¿Han tenido pacientes más pequeños?

Alguno ha habido pero son más esporádicos. Lo habitual es que estos casos se manifiesten a partir de los doce o trece años.

¿Por qué lo intentan?

Hay mucho malestar emocional, mucho antecedente de cambios de humor, de autolesiones. La mayoría de las veces te dicen que lo hacen porque se encuentran mal, no lo relacionan directamente con una circunstancia vital en concreto como pueden ser los abusos. Lo achacan al confinamiento, al aislamiento, aseguran que han ido perdiendo las energías y que se encuentran mal por ello. También, como te he dicho antes, los niños con antecedentes de traumas como abusos o bullying tienen más riesgo de acabar con un intento de suicidio.

¿Hay otras enfermedades mentales que pueden agravar estas tendencias suicidas?

Sí, son más graves en los niños con trastornos del espectro autista. Porque cuando llegan a la adolescencia tienen más problemas de adaptación, comienzan el instituto, las relaciones... Y la suspensión de las clases por esta pandemia los ha dejado más aislados.

¿Algún otro perfil?

Sí, las segundas generaciones de inmigrantes. Niñas latinas que han nacido aquí también se han visto afectadas por el desarraigo de sus progenitores y por la situación de estas familias, con sus allegados en un país muy lejano, sin saber cómo están o si ha habido duelos en su país de origen a los que no han podido asistir. El hecho de que los padres estén mal muchas veces repercute en sus hijos. La situación de distancia y soledad también tiene efecto en los jóvenes.

¿Han contribuido las redes sociales a promover estados proclives al suicidio?

Sí, se ha asociado estas situaciones al hecho de que los jóvenes pueden ver en Instagram lo bien que se lo pasan y están otros jóvenes de su edad y compararlo con lo mal que se encuentran ellos.

En términos generales, ¿ha agravado la pandemia la salud mental de la infancia y adolescencia de Balears?

Sí, rotundamente sí. Nos ha aumentado el número de urgencias, el número de ingresos, las demandas de consultas...

¿Qué franja de edad cree que se ha visto afectada más?

Los adolescentes. Los pequeños han sobrellevado mejor el proceso arropado por sus familias, pero los adolescentes han tendido más a replegarse, a encerrarse más en sí mismos. A nivel nacional se estima que a un 20% de los adolescentes les ha afectado mentalmente esta crisis.

¿Algún otro trastorno mental que hayan detectado entre los más jóvenes?

También hemos visto muchos casos de desregulación emocional que se caracteriza por mucha inestabilidad emocional, muchas dificultades para desarrollar su propia identidad y en ocasiones consumen tóxicos o se autolesionan. Pero son autolesiones que sirven para el manejo de la ansiedad no para acabar con su vida.

¿Con qué recursos cuenta el IBSMIA en Son Espases?

Tenemos un hospital de día con dieciséis plazas y horario de ocho de la mañana hasta las tres de la tarde al que vienen niños a los que hay que hacerles un seguimiento más estrecho o para seguir alguna terapia. Y luego está la unidad de hospitalización, de ingresos, con 11 camas que en estos momentos están llenas y eso que a algún niño con problemas de alimentación lo tenemos ingresado en Pediatría a la espera de que quede alguna cama libre. Hasta octubre o noviembre del año pasado, que empezó a llenarse, que yo recuerde la unidad de hospitalización nunca había estado llena con anterioridad.

¿Cuántas consultas realiza anualmente el Instituto que dirige?

En el año 2019, solo en Mallorca, atendimos 27.800 consultas para todo tipo de trastornos mentales en la infancia y juventud. El año pasado, en el que la asistencia fue diferente, con muchas consultas telefónicas por la pandemia, realizamos 29.900 consultas y hemos tenido una mayor demanda de atención ambulatoria, fundamentalmente de niños con trastornos alimentarios.

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