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20º aniversario del 11S u las implicaciones del atentado

El hilo entre el 11S, Aznar y Biden

El historiador mallorquín Antoni Marimon analiza las dos grandes consecuencias del atentado: una guerra «más o menos justificada» en Afganistán y otra «ilegítima» en Irak, con unos resultados que siguen ocupando portadas veinte años después

Los talibanes a su llegada a la ciudad afgana de Mazar-e Sharif, representando su retorno al poder veinte años después. EP

Veinte años después, las consecuencias del atentado terrorista contra las Torres Gemelas y el Pentágono han ocupado estos días decenas de horas de televisión e innumerables páginas de periódicos. Los talibanes se han hecho con el poder de Afganistán en menos de un mes, dejando multitud de imágenes impactantes, y volviendo al punto de partida existente antes de la invasión del país iniciada en las semanas posteriores al golpe asestado a occidente ese once de septiembre.

«El atentado es un antes y un después. Ha habido hitos importantes como la caída del muro de Berlín o la derrota del bloque soviético, pero luego viene el 11S, que desencadenó unas guerras en Irak y Afganistán que aún están presentes en el panorama internacional», resalta el profesor de Historia contemporánea de América en la Universitat de les Illes Balears (UIB), Antoni Marimon, quien es coautor del manual Història contemporànea d’Amèrica, el único escrito en catalán.

El autor intelectual del atentado, Osama Bin Laden, asesinado hace diez años, se convirtió en ese momento en el enemigo público número uno de Estados Unidos, un país que alimentó durante años a su propia bestia. «Hasta 1989 Afganistán estaba bajo un régimen de corte comunista con la presencia de tropas soviéticas», recuerda Marimon. «La fiebre anticomunista de Ronald Reagan y George Bush padre los llevó a ayudar enormemente a grupos insurgentes para que lucharan contra ese régimen, entre los cuales estaba el de Bin Laden», prosigue.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden. REUTERS

Afganistán e Irak

A pesar de que casi la totalidad de los terroristas del 11S eran de Arabia Saudita, Estados Unidos puso el foco en invadir Afganistán y posteriormente Irak. «En el caso del primero se tenía el apoyo de la ONU, Alemania y Francia, y era una guerra más o menos justificada», explica el historiador. «Sin embargo, lo de Irak fue una guerra por la cara, una gran mentira que no recabó esos apoyos, ya que se basaba en la falsedad de las armas de destrucción masiva, pero se repitió y se repitió y la gente se lo acabó creyendo», añade.

El líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden.

El líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden. STR

«Debemos plantar batalla al enemigo. El ejército debería estar preparado para poder enfrentarse en todo momento en cualquier rincón del mundo», declaró el presidente Bush el 1 de junio de 2002 en la Academia Militar West Point. Con la invasión de Irak, iniciada en 2003, EE UU dejó claro que «unilateralmente atacaría a quien fuera, así que toda la solidaridad recibida por el 11S se convirtió en una oleada de críticas: la autodenominada como la mayor democracia del mundo violaba los derechos humanos y tenía campos de tortura en Guantánamo (Cuba), lo que condujo a una mayor expansión del islamismo radical», destaca Marimon.

Paradójicamente, esa guerra «justificada» en Afganistán ha terminado «con un ridículo espantoso de Estados Unidos y Joe Biden, ya que hoy no ha cambiado nada comparado con hace veinte años, con los talibanes en el poder», y sin embargo en Irak se ha conseguido un régimen «más o menos aceptable, aunque a costa de un precio en dinero, vidas y otros aspectos enormemente alto», resume el profesor de la UIB.

Blair, Bush y Aznar en las Azores.

Blair, Bush y Aznar en las Azores. S. LYON

‘Trío de las Azores’

La guerra de Irak provocó una de las fotografías más icónicas de la historia española de este siglo: Tony Blair, George Bush y José María Aznar, líderes políticos de Gran Bretaña, Estados Unidos y España, respectivamente, formalizando su alianza en las islas Azores para la invasión del país asiático.

«Nos tenemos que situar en la mentalidad de Aznar, un ultrapatriota que pensaba que España debía tener un papel importante en el panorama internacional, y esa era una gran oportunidad, ya que Francia y Alemania no apoyaban la causa», subraya el historiador mallorquín. «Era el momento perfecto, pero yendo así a una guerra ilegítima, con malestar popular y con el hecho de arriesgar vidas humanas», finaliza.

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