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Opinión

Algo habremos hecho mal | Por Matías Vallés

Terrazas en la calle Fàbrica, en Palma

Terrazas en la calle Fàbrica, en Palma B. Ramon

Afalta de vacunarlos, las autoridades locales muestran a la mínima ocasión una hostilidad notable hacia los administrados. El estado de alarma caducó hace dos semanas. Trece de las 17 comunidades se desentendieron del toque de queda, la imposición más vejatoria en cuanto veta la movilidad. En el cuarteto obstinado en limitar destacaban Balears y Valencia, curiosamente las dos regiones con mejores resultados de contagios.

De las cuatro autonomías empecinadas en la eternidad del toque de queda, dos vieron tumbada su pretensión por Tribunales Superiores seguramente liberticidas. Solo Balears y Valencia obtuvieron el beneplácito, ni siquiera por unanimidad, de magistrados emigrados del poder judicial al ejecutivo. Incluso aquí hay un dato en contra de los mallorquines, porque la prisión domiciliaria valenciana comienza a las doce de la noche.

Balears es la única comunidad de España que hoy, mañana y pasado debe recogerse a las once, pero el poder magnánimo buscará el apoyo de los jueces gobernadores para afianzar una hora de regalo. Algo habremos hecho mal, para compatibilizar unos contagios bonancibles con el peor castigo estatal.

Es innecesario precisar que hay excepciones. Los cuatro mil espectadores del Mallorca-Alcorcón violaron al alimón su contrato epidemiológico, al levantarse de sus asientos en los goles patrióticos. El fútbol tiene más poder que el pueblo.

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