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El hacker escondido en Ibiza que engañó a la Bolsa de EE UU

Extraditan a un acusado de una gran estafa en acciones que se escondió en la pitiüsa mayor

El detenido vendió sus ficticias acciones a través de la Bolsa de Estados Unidos.

El detenido vendió sus ficticias acciones a través de la Bolsa de Estados Unidos.

El FBI llevaba varios años buscándole, hasta que lo localizó escondido en la isla de Eivissa. Se trataba de un conocido experto en informática que organizó una gran estafa a través de la Bolsa de Estados Unidos. Le bastó utilizar sus conocimientos de informática, sus contactos y una serie de testaferros de nacionalidad argentina para inventarse una empresa ficticia que cotizaba en Bolsa y enriquecerse mediante la venta de acciones. Así, según las autoridades policiales norteamericanas, logró unos beneficios de 34 millones de dólares, que no han sido recuperados.

La presencia de este hacker informático en la cárcel de Eivissa, donde ha permanecido un año y medio, tiene los días contados. Pese a la oposición del detenido, que es de nacionalidad española, la Audiencia Nacional ha aceptado su extradición a Estados Unidos. Allí le espera un juicio frente al Gran Jurado, donde se le acusará de varios delitos económicos graves. Las penas que se discuten podrían alcanzar los cien años de cárcel, razón por la que el residente en Eivissa se negaba a ser extraditado. Y para evitar precisamente que lo trasladaran a Estados Unidos llegó incluso a presentar una denuncia contra él en el juzgado de Eivissa, para que se investigara esta estafa.

El individuo dirigía una empresa en Barcelona, que creó en el año 2008. Desde allí, con la ayuda de sus colaboradores, creó y dirigió varias empresas fantasmas, es decir, sociedades que estaban dadas de alta pero que no tenían actividad. Una de estas sociedades se creó en las islas Vírgenes Británicas. Después buscaron una serie de falsos accionistas. Eran personas de nacionalidad argentina, que se utilizaron para abrir cuentas bancarias, con las que movía capital en Chipre, Belice, Tanzania y en las Granadinas.

Su siguiente pasó fue asaltar la Bolsa de Estados Unidos. Para ello movilizó otra sociedad ficticia. Se trataba de una empresa de fabricación de bolsos, que después se convertiría en un laboratorio biomédico. Para conseguir un beneficio económico realizó una campaña de publicidad en Estados Unidos ofreciendo la compra de estas acciones, asegurando que se trataba de un proyecto con grandes beneficios económicos. Las acciones nunca estuvieron a su nombre, ni al de su socio, sino que eran los testaferros argentinos los que aparecían como inversores. Para conseguir la venta de estos activos se contrató a un conocido corredor de bolsa norteamericano, que actuaba desde Arizona.

Mediante este sistema de promoción lo que se consiguió, según mantienen las autoridades norteamericanas, se infló el precio de las acciones. Y muchos inversores «picaron». De pronto, acciones que costaban un dólar, su valor se multiplicaba por cuatro. Los vendedores eran los testaferros, pero que nunca llegaron a tocar el dinero, que se fue ingresando por cuentas bancarias distribuidas por varios países para dificultar su pista. En total, se consiguieron reunir 34 millones de dólares mediante la venta de acciones que salían a subasta en la Bolsa de Estados Unidos.

El FBI logró rastrear todas las operaciones y se averiguó que el «cerebro» de esta gran estafa había actuado desde España. Fue complicado identificarle, pero mucho más localizarle. El sospechoso se escondió en Eivissa. Vivió durante una larga temporada en una casa en la localidad de Santa Gertrudis. Intentó no llamar la atención, pero cometió el error de realizar otras operaciones económicas desde un ordenador que se localizó en la isla. A partir de ese momento, con la colaboración con la Policía española, el FBI tramitó su detención, que se llevó a cabo en octubre de 2019. Otros sospechosos ya habían sido detenidos antes por el FBI.

Cien años de cárcel

Las autoridades judiciales de Estados Unidos castigan con mucha dureza las estafas económicas. Los estafadores pueden pasar lustros encerrados en una cárcel si son declarados culpables. En el caso de este hacker que se había escondido en Eivissa, las penas que se proponen suman cien años de cárcel. Está acusado de varios delitos económicos y si fuera condenado pasará un largo tiempo en prisión. Este informático tiene en estos momentos 52 años de edad. Para evitar que le extraditaran apeló a su condición de ciudadano nacional e incluso propuso que se le juzgara en España, pero no lo ha conseguido. España y Estados Unidos cuentan con un convenido de extradición firmado en el año 1970, que el tribunal aplica. Lo único que se exige es que no pueda ser ni torturado, ni condenado a la silla eléctrica.

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