Con mascarillas, pegatinas en las aulas y en los pasillos para marcar la distancia de seguridad, mamparas en las recepciones, y gel desinfectante en la entrada de la cafetería, unos 3.000 alumnos empezaron ayer presencialmente el curso más difícil para la Universitat de les Illes Balears (UIB). Con la resignación de que tarde o temprano acabará entrando en el campus, la universidad empezó con tres bajas en el profesorado y una veintena en el alumnado a causa del coronavirus. “Es algo con lo que habrá que ir conviviendo”, admitieron desde la UIB.

La universidad, que este año ha sufrido un aumento de las matriculaciones tanto de primero como del resto de niveles, ha empezado un curso que estará marcado por la pandemia. Las clases serán presenciales para los alumnos de primero que acaban de entrar en el campus y para algunos grupos pequeños de los cursos superiores. Para estos se han reducido los aforos de las aulas “clase por clase” para mantener la distancia de seguridad, marcando con pegatinas los asientos en los que no pueden sentarse, y ventanas abiertas para la ventilación.

El código QR se activará esta semana

De momento, el sistema de códigos QR planeado para que los alumnos se identifiquen y controlar los grupos ante la posibilidad de un positivo no está operativo, pero, aseguran desde la universidad, se irá activando esta semana. Este sistema es clave para el rastreo de casos en la universidad, ya que a diferencia de en colegios e institutos, a una clase de una asignatura pueden acudir alumnos de diferentes cursos. “Nosotros no podemos hacer grupos burbuja”, sintetizaron el escenario.

Lo que sí ya funciona es el canal telemático habilitado para que los alumnos puedan comunicar si dan positivo por coronavirus o si deben hacer cuarentena y se les pueda adaptar si es necesario la docencia, en el caso de los alumnos con presencialidad. Precisamente, través de este sistema se notificaron ayer ya 22 bajas entre el alumnado, que ya no acudieron al campus. La universidad informó también de tres docentes que no han podido empezar a causa del coronavirus.

Cada edificio ha habilitado una aula covid para aislar a un estudiante en caso de síntomas y en los edificios Gaspar Melchor de Jovellanos, Guillem Cifre de Colònia y Anselm Turmeda se han preparado sus respectivos salones de actos para dar clases a los grupos más grandes, en cualquier caso ahora reducidos por la covid.

Para los alumnos que no tengan presencialidad, el curso será online y con clases telemáticas. Con esta medida, la universidad confía en que, salvo «alguna punta que pueda haber», la afluencia en el campus no supere un tercio del alumnado habitual de otros cursos. De hecho, la estampa ayer en el campus era de mayor tranquilidad y menor movimiento del que suele presentar el campus. Los pasillos de los diferentes edificios, cuyos bancos tienen una pegatina en dos de cada tres sitios que impide poder sentarse, estaban ayer vacíos. Los alumnos, todos protegidos con mascarillas, apenas permanecían en el interior de los edificios del campus una vez finalizadas las clases.

Según informó ayer la universidad, con los datos de matriculados provisionales, de momento el alumnado ha aumentado en un tres por ciento, especialmente aquellos de primer curso, donde las matrículas han crecido un 6,4 por ciento respecto al curso anterior. En total son cerca de 350 alumnos más, al pasar desde el pasado curso de 11.016 a 11.359.

Horas extra en caso de bajas

Por lo que respecta al profesorado, en el caso de aquellos docentes que sean baja por el coronavirus y no puedan impartir la clase telemáticamente, serán otros profesores del mismo departamento quienes realizarán las sustituciones con horas extra, ante la complejidad de contratar de manera externa con la rapidez necesario y por un periodo tan breve siendo además perfiles muy especializados y acreditados como docentes, y con el objetivo de no dejar a los estudiantes desatendidos. Para pagar esas horas extra la universidad utilizará 900.000 euros del fondo covid transferidos por el Govern.