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Educación

Nosotras también podemos programar

Medio centenar de mujeres se iniciaron el pasado sábado en el mundo de la programación gracias a Django Girls, una iniciativa que busca aumentar la presencia femenina en este campo

Organizadores, participantes y mentores tras concluir la jornada.

Organizadores, participantes y mentores tras concluir la jornada. Iker Cortabarria/Catherine Fernández

Nosotras podemos hacerlo.'We can do it!'. Así reza el cartel más emblemático de la lucha feminista, aquel con una trabajadora sobre un fondo amarillo confeccionado para animar a las mujeres a hacer tareas 'de hombres' para suplir su ausencia durante la II Guerra Mundial.

Así fue cómo las mujeres pudimos engancharnos (tarde y mal) a la revolución industrial. Ahora, el mundo encara su segunda gran revolución, la tecnológica, y las féminas nos hemos vuelto a quedar fuera: fuera del mundo de la programación, el desarrollo de sistemas, las aplicaciones. En estos estudios las chicas no suelen ser más del 10% (como mucho). ¿Por qué? Si nosotras podemos hacerlo.

¿Podemos? Sí. Podemos programar. ¿Aunque sea una nulidad con los aspectos técnicos de las nuevas tecnologías? ¿Aunque nunca me haya interesado en entender los rudimentos deste campo?

La que esto firma, alumna de letras puras purísimas, decidió probar si es posible en primera persona, apuntándose al taller de Django Girls, que busca aumentar las presencia de las mujeres en el sector tecnológico, en el que estamos infrarrepresentadas, y que en Palma se celebró por primera vez el pasado sábado.

Gran demanda

Entre los organizadores, una mujer, dando ejemplo: Antònia Tugores, investigadora del Instituto de Física y Sistema Complejos (IFISC) de la UIB, que dio la bienvenida explicando que sus previsiones se habían visto desbordadas por la demanda: el curso en principio ofertaba15 plazas, y finalmente habían cogido a 55 alumnas.

Pese a ello, y gracias a los veinte profesionales que se ofrecieron voluntarios, la ratio alumna-monitor era un lujo, con un mentor para cada dos o tres asistentes. Se agradeció: la programación es interesante, pero no es fácil (ningún idioma es fácil al principio, hay que pillarle la lógica).

Afortunadamente, los tutoriales y los mentores (estudiantes o trabajadores en empresas tecnológicas) supieron adaptar, con paciencia y risas, su conocimiento a nuestro inexistente nivel, recurriendo si hacía falta a los símiles más simples del mundo para hacernos entender conceptos abstractos (muy útil la imagen de la carta que viaja por el mundo de oficina postal o servidor en oficina postal o servidor hasta llegar a su destino) y a usar el lenguaje Python y a trabajar en Django (que es una plantilla para realizar webs).

Tras trabajar varias horas en la consola (hasta ahora desconocida para nosotras) y en el editor de código (y tras llevarnos varios sustos pensando que "habíamos roto internet"), el momento en el que pasamos al navegador y vimos aparecer nuestro rudimentario blog por primera vez en internet fue emocionante. Es verdad, podemos hacerlo. A un nivel extremadamente básico (de momento), pero podemos.

Durante la jornada (totalmente gratuita), los distintos patrocinadores y organizadores fueron interviniendo para explicar por qué apostaron por Django Girls. Desde HotelBeds, Marina Ocón, fue la que alertó sobre los riesgos de que las mujeres nos volvamos a quedar fuera de "la segunda ola de transformación de la sociedad". Loren Carrasco, directora de la Escola Politècnica Superior de la UIB, también recordó que las empresas tecnológicas dominan el mundo y las mujeres "¡no están!" e insistió en que las empresas le piden chicas.

Tona Pou, gerente de GSBIT (Agrupació Balear d'Empreses de Software, Internet i Noves Tecnologies) y el sábado también alumna, valoró que el sector tecnológico puede ser "de los más inclusivos" y señaló que si programar "es decir a las máquinas qué han de hacer", es importante que las mujeres "también sepamos cómo hacerlo".

Cinco mujeres entre 44

Licenciada en Física, la mentora Sonia Alhama aprendió Django a través de cursos. Ahora estudia Informática a distancia y desde hace dos años trabaja en APSL: es una de las cinco desarrolladoras de una plantilla de 44 personas. Ha hecho de tutora ya en tres ediciones de Django en otras ciudades españolas y su historia personal ya es una prueba de que sí, de que podemos hacerlo: no hizo falta que añadiera nada más.

Biel Frontera, gerente de la Fundació Bit, quiso subrayar el espíritu cooperativo del mundo tecnológico y la importancia del potencial que puede tener para Balears.

Perfil variado de las asistentes

Entre las alumnas, un perfil variado: de periodistas a estudiantes, responsables de marketing o recursos humanos, trabajadoras de ONGs que trabajan con jóvenes...

María, una de las asistentes, demostraba que además nunca es tarde para sumarse a esta ola. Profesora de Música en un colegio privado, decidió escuchar a ese gusanillo que siempre había llevado dentro y ya con los 40 años pasados ha dejado el trabajo y se ha matriculado en el ciclo de FP Desarrollo de Aplicaciones Multiplataformas. En su clase del IES Francesc de Borja Moll es la única alumna.

El sábado no era la única: éramos 55 y abandonamos el taller con la sensación de que un mundo de posibilidades se abría a nuestros pies. Esto (también) podemos hacerlo.

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