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Entrevista

Josep Oriol Bonnín: "Me hubiera gustado seguir un poco más para poder aportar mi experiencia personal"

Operó a su último paciente en la sanidad pública el pasado viernes. Ha llovido desde que este profesional que se distinguió por ser el primero que...

El cirujano Oriol Bonnín se despide de la sanidad pública balear tras más de trece años de trabajo.

El cirujano Oriol Bonnín se despide de la sanidad pública balear tras más de trece años de trabajo. G. Bosch

-El pasado martes cumplió...

-Sesenta y nueve años, que quizá sea un número bonito para otras cosas pero no para cumplir años.

-Y se jubila de la sanidad pública. ¿Ha ofrecido al Servei de Salut la posibilidad de seguir?

-Sí, pedí otra prórroga, pero me dijeron que este año sería difícil. Me explicaron que no iban a permitir continuar a nadie que fuera personal estatutario y que hubiera cumplido los 65 años. Que no se lo iban a autorizar a nadie, así que no quise ser una excepción. Ya lo tenía medio asumido.

-¿Le ha molestado que no le permitan seguir?

-Me ha sabido mal por una cosa: por los pacientes que ya se habían dirigido a mi pidiéndome que fuera yo el que les operara, porque en este servicio respetamos mucho la voluntad del paciente. No obstante, la gente ya sabe que el equipo de cirujanos del servicio, en su conjunto, es muy bueno. No en vano hemos recibido seis premios sanitarios Top 20 en los últimos años. En 2014 tuvimos un cero por ciento de mortalidad en cirugía coronaria aislada.

-¿A cuántos pacientes operaron?

-A 170. Y sin ningún fallecimiento.

-¿Cuántos cirujanos operan en su servicio?

-Éramos siete y ahora quedarán seis. Con nosotros también trabaja una cardióloga que supone un apoyo fantástico porque para este servicio es fundamental el control postoperatorio del enfermo. Como también lo es el apoyo de otros servicios como el propio de cardiología, la unidad de cuidados intensivos y el hecho de tener buenos anestesiólogos.

-¿A cuántos pacientes operan cada año?

-De cirugía mayor, a corazón abierto, operamos a una media de unos quinientos pacientes al año.

-¿Quién considera que debería ser su sucesor?

-Creo que el jefe de servicio saliente no tiene que decir cuál debe ser su sucesor porque he vivido esta circunstancia en otros servicios y siempre ha terminado generando problemas. Creo que tan solo debe dar su opinión si se la piden.

-¿Y a quién sugeriría?

-Una persona muy cualificada es mi jefe de sección José Ignacio Sáez de Ibarra. Me encantaría que fuera él, pero esta decisión la debe tomar la gerencia.

-Se jubila de la pública pero seguirá operando en Quirón Palmaplanas, ¿se encuentra en condiciones para seguir?

-Como cirujano, me siento igual ahora que hace diez o quince años. Puedo operar durante seis u ocho horas seguidas sin ningún problema. A mi operar no me cansa, me cansan más otras cosas. Es una cosa que he hecho siempre. Lo que sí admito es que ya no puedo hacer lo que hacía antes, que después de tres intervenciones me iba a cenar. Ahora me voy a descansar. Cuando la adrenalina interna baja, necesito descansar.

-¿No será que no se cansa porque le apasiona su trabajo?

-Es cierto que la cirugía cardiaca tiene algo diferente. Tienes que mantener la tensión durante toda la intervención porque en cada punto te juegas la vida del paciente. Creo que es esto lo que mantiene muy activo tu sistema nervioso. Es muy diferente de cualquier otra labor burocrática. El cirujano tiene que tener sobre todo fuerza mental para controlar su sistema nervioso desde el cerebro hasta las manos.

-¿Qué límite se pone para seguir operando?

-Hasta cuando pueda hacerlo. En primer lugar por el respeto que siento hacia mis pacientes y en segundo por el respeto hacia uno mismo.

-¿Le ha dolido que no le permitan seguir operando en la pública?

-Me habría gustado seguir un poco más. Ya no como jefe sino como adjunto para poder aportar mi experiencia personal en algunos casos concretos. Lo que me molesta es la actitud de este país en general. En países que han hecho avanzar mucho la medicina como Estados Unidos o Gran Bretaña se respeta más los conocimientos y la capacidad formativa de sus profesionales, la sensatez que puede dar a una persona el paso de los años. En nuestro país parece que todo lo marcan los números. Esto es lo frustrante. ¿Cuántos premios Nobel de Medicina hemos tenido? Solo uno, Ramón y Cajal. Y porque en su época no se necesitaban los apoyos que se necesitan hoy en día.

-¿Se ve dando clases en la futura facultad de Medicina?

-Cando trabajaba en el San Pablo ya di clases en la facultad, asignaturas médicas, de patologías. Pero creo que no daré clases aquí. Y a los responsables de montar estos estudios les diría que tienen que espabilarse y crearlos de una vez porque será un paso muy importante para desarrollar la investigación médica en Balears. Son Espases nunca estará a la altura de otros hospitales de referencia si no está vinculado a la Universidad, porque en veinte años la medicina será muy diferente y será fundamental la investigación.

-¿Considera entonces vital la facultad para mantener el nivel de Son Espases?

-Sí. Porque sé que los turistas alemanes e ingleses tienen una absoluta confianza en nosotros y esto no se consigue en un día. Y además nosotros hemos conseguido mantenerla. No podemos echar a perder este trabajo y debemos seguir siendo punteros. Por eso este hospital debe ser universitario no solo de nombre, sino también de hecho. De todas maneras, creo que Son Espases tiene más alma de hospital de cooperación que la que tenía Son Dureta.

-¿Qué le parecería un Son Llàtzer también universitario?

-No me opongo a que otros hospitales como Son Llàtzer también sean universitarios. Lo importante es que el estudiante tenga contacto con la patología, con el enfermo.

-Creó el servicio en Son Dureta en 2002, ¿se acuerda de su primera intervención?

-Sí, fue en septiembre de ese año y el paciente se nos murió. En Son Espases la primera operación duró casi diez horas porque se trataba de una intervención muy compleja de la aorta y, pese a que tenía muy mal pronóstico, sobrevivió. Por norma general me acuerdo más de los casos en los que ha ido mal que en los que ha ido bien.

-¿Se va con la sensación de que deja algo sin hacer?

-Me voy con la frustración de no haber montado un servicio de cirugía cardiaca infantil y de no poder realizar trasplantes de corazón en esta comunidad.

-¿Por qué no se opera a los pacientes en edad pediátrica?

-Cuando llegué a la Miramar (1992) había una demanda de unos 40 ó 50 pacientes infantiles al año. En la Policlínica operé a no menos de cien. Pero con los años la demanda ha ido bajando hasta la docena y media actual que no permite montar este servicio aquí y aconseja derivarlos a hospitales más especializados de Madrid y Barcelona.

-¿Por qué ha bajado?

-Por el diagnóstico prenatal y el aborto terapéutico, opción que considero justa porque evitas traer al mundo a gente que no va a sobrevivir.

-¿Y no resulta especialmente frustrante para usted no haber podido hacer aquí trasplantes de corazón? (En 1984, junto a Josep María Caralps, consiguió que un paciente trasplantado en sobreviviese 9 meses)

-Sí, porque es más fácil que un paciente agudo sobreviva si es trasplantado aquí que estabilizándole y derivándole a un centro de la península donde le pondrán en lista de espera hasta que llegue un corazón. Aquí teníamos una demanda anual de diez o doce pacientes que la ONT (Organización Nacional de Trasplantes) consideró insuficiente. Y algunos de estos pacientes son intrasladables, no tienen ni la oportunidad de que les hagan un trasplante.

-¿Cuál es el futuro de la cirugía cardiaca?

-Desde luego, no el corazón artificial, que no es el sustituto idóneo para el nuestro. (Muestra un recorte de una entrevista que le realizaron en 1985 en el que ya aseguraba esto). Yo apostaría por las células madre como regeneradoras del corazón y para reconstituir una zona infartada, por ejemplo. Quizá nosotros nos quedemos sin trabajo, pero la gente vivirá más (risas).

-Operó a Cruyff en 1990, ¿qué tal paciente era?

-Era muy buen paciente, equilibrado, inteligente y listo. En una entrevista conjunta que nos hicieron en la radio años después le preguntaron cómo llevaba el estrés en el banquillo y contestó que para estrés el mío, que me jugaba la vida del paciente en cada intervención que realizaba.

-Resulta obligado preguntarle por su tormentosa salida de la Policlínica Miramar...

-Soy poco rencoroso y de los que piensan que no tienes que amargarte la vida pensando en un momento desafortunado que no fue el más agradable de tu existencia. Para mí es un tema que está más que olvidado.

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