Situada a menos de una hora de las diferentes ciudades españolas y a unas dos horas de las principales urbes europeas, Menorca constituye un destino turístico de primer nivel a una distancia más que accesible. 

A lo largo de la historia, la isla ha sido un lugar de paso de diferentes culturas. Su situación estratégica en el centro del Mediterráneo occidental la ha convertido en un codiciado puerto de escala y refugio. Árabes, romanos, ingleses y franceses son solo un pequeño ejemplo de la pluralidad de pueblos que han transitado por ella. Este rico legado histórico hace del territorio más oriental de las Balears una tierra con un relevante patrimonio cultural. 

Junto a sus activos patrimoniales y culturales, la isla ofrece también una gran variedad de parajes naturales. Declarada por la Unesco como reserva de la biosfera en 1993, Menorca ha logrado proteger su flora y fauna, manteniendo su belleza natural. 

Todos estos aspectos hacen que la isla se convierta en un destino turístico que ofrece a sus visitantes una gran variedad de rutas entre las que destacan la que recorre sus yacimientos talayóticos; la ruta británica que permite visitar el legado de la ocupación de la corona inglesa, o la ruta etnológica que ayuda a descubrir la huella que han dejado los diferentes oficios presentes en el campo menorquín. 

Ruta Talayótica 

Uno de los mayores emblemas de Menorca son sus yacimientos arqueológicos, vestigios históricos que cuentan con una reciente candidatura a ser nombrados Patrimonio de la Humanidad. Estos monumentos talayóticos cuentan con un gran valor patrimonial gracias al buen estado de conservación en el que se encuentran. El elevado número de yacimientos encontrados en los casi 700 km2 de isla ha hecho que historiadores y arqueólogos consideren Menorca como un auténtico museo al aire libre. 

Dentro de esta ruta talayótica, la Naveta dels Tudons es el monumento funerario más conocido y se trata de un tipo de tumba que solo se encuentra en esta isla. Consiste en una edificación que destaca por el uso de una técnica de construcción en seco, sin la ayuda de mortero. Este edificio debe su nombre a su forma, la cual recuerda a una nave o barca invertida. 

Junto con la naveta, los visitantes también pueden disfrutar de enclaves como la Torre d’en Galmés, el poblado más grande de toda la isla situado en una colina que permite una inmejorable vista de la costa sur y en el que se pueden contemplar otro de los elementos más destacados de la cultura talayótica como son las taulas, otra construcción exclusiva de la isla que puede encontrarse en la mayoría de poblados del territorio. 

Otro monumento destacable se encuentra en la necrópolis de Cala Morell, un pequeño puerto natural en la costa norte de Ciutadella. En esta necrópolis se puede encontrar un conjunto de catorce cuevas excavadas artificialmente en la roca de un pequeño barranco que forman uno de los mayores y más espectaculares cementerios prehistóricos de la isla. 

Ruta Británica 

La incorporación de Menorca a la corona inglesa, anexión que duró cerca de cien años, tuvo como consecuencia una marcada influencia británica que puede encontrarse no solo en el lenguaje y la gastronomía del lugar sino también en los estilos arquitectónicos. El legado monumental británico se encuentra sobre todo en las construcciones defensivas repartidas por todo el litoral de la isla. 

Una de las construcciones más conocidas es el Fuerte Marlborough, el cual vigilaba la llegada de los barcos a Maó. Se trata de una fortificación de planta heptagonal que fue erigida para proteger la entrada del puerto junto con la torre de Stuart o d’en Penjat. La exposición que se puede visitar en el interior del fuerte permite al visitante conocer más sobre la historia tanto de Menorca como de Europa a lo largo del convulso siglo XVIII. 

En la misma bocana del puerto de Maó se encuentra otro famoso vestigio del paso británico, el Castell de Sant Felip. Pese a que aún se conservan algunos de los vistosos restos en sus construcciones exteriores, una de las partes más llamativas del edificio se encuentra bajo tierra, donde se conservan varios niveles de galerías subterráneas realizadas por españoles e ingleses en sus distintas ocupaciones. 

Otro de los emblemas del paso británico se encuentra en la Illa del Rei, situada en el centro del puerto, entre Maó y es Castell, conocida también como The Bloody Island. En la isla destacan dos conjuntos de interés arquitectónico: los restos de la basílica paleocristiana, que entre sus detalles contaba con un mosaico actualmente conservado en el Museu de Menorca, y el antiguo hospital militar. 

Ruta Etnológica 

La isla de Menorca también ofrece a sus visitantes la oportunidad de descubrir la huella que han dejado los diferentes oficios presentes en el campo menorquín. Uno de los lugares más conocidos en este sentido son las canteras de s’Hostal en Ciutadella, unas profundas excavaciones donde la mano del hombre esculpió la roca para la extracción del marès con que tradicionalmente se han edificado las casas menorquinas. 

Las visitas a las canteras de s’Hostal permiten realizar un paseo laberíntico por un espacio escultórico tallado en la roca, memoria en el paisaje del oficio de cantero, y rodeado actualmente por la vegetación. Las visitas incluyen el paseo por los jardines del Laberint dels Vergers, donde se encuentran, entre otros proyectos, el Circuito Botánico y de la Biodiversidad. 

La ruta etnológica que recorre la isla también permite visitar otros curiosos lugares como las barracas para animales situadas en Punta Nati, en el norte de la isla. Dichas construcciones destacan por su arquitectura en forma piramidal escalonada y configuran un paisaje diferente. A su vez, los visitantes pueden visitar en esta ruta el Molí de Dalt, en el pueblecito de Sant Lluís, el cual acoge hoy un museo etnológico y un punto de información turística