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El campo adapta sus cultivos ante la presión de la inflación climática

Mientras los investigadores siguen cruzando variedades de cultivos en los labortarios y los campos de ensayo, muchos agricultores han decidido pasarse a la producción ecológica, como medida para adaptarse a la nueva situación climática

Una viña de la DO Cataluña.

Una viña de la DO Cataluña. / CEDIDA

María Jesús Ibáñez

Con olas de calor cada vez más frecuentes y prolongadas y con noches tropicales en lugares en los que antes no acostumbraban a darse, los agricultores llevan ya unos años demasiado a merced del cambio climático, expuestos a pérdidas millonarias y viendo cómo los costes de producción (carburantes, electricidad, fertilizantes) no dejan de subir. En los últimos tiempos, además, a las altas temperaturas se les están uniendo sequías, temporales y granizadas cada vez más violentos, que han malogrado cosechas enteras. "Todas las previsiones señalan que en 2030, la disponibilidad de agua en la cuenca mediterránea se habrá reducido un 20%, y la agricultura tendrá que seguir produciendo alimentos de la misma calidad y en la misma cantidad que ahora... Si no tomamos medidas urgentes, no llegamos", avisa Robert Savé, investigador emérito del Institut de Recerca i Tecnologia Agroalimentàries (IRTA), un organismo dependiente de la Generalitat.

Todas las previsiones señalan que en 2030, la disponibilidad de agua en la cuenca mediterránea se habrá reducido un 20%

El campo, que ha visto cómo todo eso se trasladaba a los precios que paga el consumidor final, ha tenido que reaccionar. Lo ha hecho, de entrada, ampliando la superficie dedicada a las producciones ecológicas, con el consiguiente ahorro en abonos y tratamientos químicos que esta práctica supone. Y lo ha hecho también desarrollando nuevos cultivos o recuperando antiguas variedades caídas en desuso, más adaptados a las nuevas condiciones climáticas. El ejemplo más innovador en este caso es la manzana Tutti, una fruta bicolor resistente al calor extremo, que han creado investigadores del IRTA, en colaboración con productores y empresas del sector.

"Llevábamos ya un par de décadas trabajando en nuevas variedades de manzanas y de peras, porque habíamos observado que tenían problemas con las altas temperaturas", explica Luis Asín, jefe del programa de Fruticultura del IRTA en Lleida. En vista de cómo el cambio climático está modificando el comportamiento de los cultivos, el instituto de investigación puso en marcha un programa a largo plazo para obtener variedades con mejor rendimiento. Las olas de calor tan intensas de los últimos años, relata Asín, "están provocando daños en la piel de los frutos y paradas productivas en los árboles, entre otros problemas".

Manzana Tutti, una variedad adaptada a las altas temperaturas.

Manzana Tutti, una variedad adaptada a las altas temperaturas. / EL PERIÓDICO

"Por eso, trabajamos asociados con una empresa neozelandesa llamada Plant & Food Research, que nos ha asesorado en el proceso, para tratar de producir frutas más adaptadas a la nueva climatología", prosigue el ingeniero agrónomo. A la manzana Tutti, que además "se adapta también a las tendencias de sabor y textura del consumidor", señala Asín, se dedican actualmente unas 50 hectáreas de terrenos en Lleida y en Girona, agrega Joan Bonany, director del programa que ha desarrollado la nueva variedad. "Hemos tenido ya una primera cosecha de 100.000 kilos, una cifra aún pequeña para poder competir en el mercado, pero que ya nos ha permitido comprobar que, efectivamente, la Tutti soporta bien los 40 grados durante varios días", indica Bonany.

La agricultura ecológica

Pero mientras los investigadores siguen cruzando variedades de cultivos en los labortarios y los campos de ensayo, muchos agricultores han decidido pasarse a la producción ecológica, como medida para adaptarse a la nueva situación climática. Y para, de paso, reducir costes de producción. "Un ejemplo de esta tendencia es la viña, que además de buscar explotaciones a más altura respecto al nivel del mar, hace ya unos años que ha apostado por sistemas biológicos para combatir las plagas", señala Robert Savé, excoordinador de vitivinicultura en el IRTA. Cierto es, admite Savé, que en el caso del vino y del cava, un factor clave ha sido la demanda de los consumidores, que han empujado a que los cultivos sean ecológicos.

Pero también el pistacho ecológico se ha disparado. Y aunque sigue siendo una producción minoritaria, la cifra de terrenos dedicados ahora a este fruto seco ha crecido un 1.057,6% desde 2011, hasta las 49.534 hectáreas. Otro de los productos en los que también está ganando terreno la producción 'bio' es el aceite, que lleva ya tres campañas marcadas por la sequía, lo que ha llevado a los agricultores a tratar de ahorrar costes de producción reduciendo los tratamientos. La medida, no obstante, no ha tenido de momento impacto en los precios finales del producto, que ha subido casi un 75% este año.

Durante el año 2022, la superficie dedicada a la producción orgánica en España se incrementó en un 1,5%, hasta situarse en un total de 2.675.331 de hectáreas. Ello equivale a un 11% de la superficie agraria útil del país, según datos del Ministerio de Agricultura. Con ello, España se sitúa entre los 10 principales productores por superficie, tanto de la UE como del mundo. "España es un actor clave para cumplir con la dimensión agraria del Pacto Verde Europeo y, en concreto, para alcanzar el objetivo de que el 25% de la superficie agraria se destine a la producción bio en 2030", destacó el ministro Luis Planas en unas jornadasd celebradas el pasado septiembre.