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Antoni Parera Fons: «Una sola canción ya es todo un universo»

El compositor asegura que «no hay día que no componga algo, pero no hay día que no borre también algo»

El compositor Antoni Parera Fons. | P. ESTELRICH I MASSUTÍ

Este viernes se estrena en el Teatre Principal de Palma la ópera L’Arxiduc que, sobre textos de Carme Riera, ha compuesto Antoni Parera Fons. Paco Azorín firma la dramaturgia y dirección escénica mientras que Pablo Mielgo se pone al frente de la dirección musical.

¿Qué nos vamos a encontrar sobre el escenario del Principal?

Mucho entusiasmo pues, por lo que he podido comprobar en los ensayos, tanto por parte de la orquesta, por la de los cantantes y los directores de escena, el talento creativo es enorme y las ganas para que todo salga bien son muchas. Antes de ver los ensayos solamente podía hablar del texto, que es espléndido y la partitura, que es lo que a mí me corresponde, pero ahora ya puedo hablar de un concepto global. Por otra parte, debo decir que muchos de los que vayan a esas funciones conocerán nuevos ángulos de la vida de ese personaje, s’Arxiduc, pues Carme Riera ha elaborado un texto literariamente incuestionable y muy bien documentado.

¿Cómo se viven los momentos antes de un estreno de esta envergadura?

Con mucha emoción y con mucho agradecimiento, pues lo que el compositor ha escrito se va transformando. Una ópera es como un edificio: existen unos planos, pero luego empiezan los otros elementos que hacen crecer el proyecto que estaba sobre el papel.

¿Cómo nació la idea de escribir esta ópera?

Pues la cosa empezó cuando Carme Riera vino a Madrid a ver la ópera que sobre María Moliner había compuesto. Al terminar me propuso hacer una ópera conjuntamente y ella misma sacó el tema del Arxiduc. Aquí empezó todo: nos reunimos, hablamos, me dio información sobre una exposición que ella había comisariado, me dio a leer textos suyos sobre el personaje, me mostró esbozos de lo que podría ser el libreto, y así hasta llegar a donde estamos ahora, con el paréntesis obligado por la pandemia que retrasó todo el proyecto.

¿Es el Arxiduc el auténtico protagonista de la ópera?

Para empezar debo decir que sobre el escenario no hay uno sino dos Arxiducs, uno ya mayor (barítono) que, mientras dicta testamento a su secretario, recuerda vivencias pasadas de cuando era joven; con lo que hay otro Arxiduc, más joven (tenor) que es el que las vive. Pero además de este personaje doble hay otros que lo rodean y que inciden sobre su vida o que fueron importantes en su trayectoria vital.

¿Cómo es ese Arxiduc operístico?

Una persona llena de dudas y con una personalidad poliédrica. Tiene rincones obscuros y otros más iluminados. El hecho de crear un Arxiduc que piensa y rememora y otro que vive da mucho juego escénico y también musical, pues me ha permitido construir frases y secuencias musicales contrastantes, unas para el personaje que muere y otras para el que está lleno de vida. De todas maneras, a la hora de construir, de componer, el hecho de tener unas palabras muy bien escritas, me ha ayudado mucho. Creo mucho en la palabra escrita, en el texto. Eso facilita mucho a la hora de ponerle la música que crees que esas palabras se merecen. Y aquí es cuando se produce el cambio, cuando se crea la sinergia entre la palabra y la música.

¿Puede influir el libretista sobre el compositor y al revés?

Sí, y creo que es muy importante que se comuniquen, pero no solamente entre los autores sino también entre ellos y el director de escena. Esa colaboración hace crecer la obra en sí.

¿Qué va de María Moliner, su anterior ópera, a L’Arxiduc?

Cuando uno empieza una obra nueva intenta explorar otros lenguajes musicales, sonoros, decir cosas nuevas. Pero en el fondo acabas siendo tú mismo. Hay factores que pueden influir para que no digas lo mismo, pero tu manera de ser y de escribir es la misma.

¿Está escrita en catalán, supongo?

Sí, el grueso es en catalán, aunque en algunos personajes aparecen textos en italiano y en otros en alemán, pensemos que él nació en Italia y que su corte era la de los Habsburgo. Tengo que decir, pero, que en el futuro existe la idea de traducir la parte catalana al castellano.

¿Cómo aparece Mallorca musicalmente en ese L’Arxiduc?

Aparte de en el idioma, en la música podemos encontrar genes de cierta mallorquinidad, como por ejemplo en el personaje de Catalina Homar, que cuando se relaciona con el Arxiduc por primera vez entona una canción con aires populares y luego ella misma canta una tonada del campo, inventada, pero que sigue los modos de las tonadas típicas de la isla. También en las intervenciones del coro, que representa el pueblo que calla y también juzga, hay aires mediterráneos.

Paralelamente a esa ópera ha ido componiendo otras cosas ¿Se sitúa diferente ante una obra de esas características y otra menos compleja?

Una sola canción ya es todo un universo. De una canción a una ópera la diferencia principal es la dimensión, pueden tener los mismos valores, aunque, como es lógico, en una ópera intervienen otros muchos factores, pero cada cosa necesita una implicación casi total.

¿Qué recorrido cree que tendrá esa ópera?

Que una ópera se estrene ya es un milagro, si luego tiene un recorrido, aunque sea corto, pues otro milagro y que pueda quedar como un título de repertorio ya es un acontecimiento. Nunca se sabe qué puede pasar. Mire un ejemplo de una obra que fue un desastre el día del estreno, Carmen, y que luego ha pasado a ser título de referencia. Y al revés, hay óperas muy exitosas el primer día y que hoy ya nadie recuerda.

Componer ¿implica soledad?

Sí, sin duda. Al menos en mi caso, pues la soledad es un ingrediente básico para que pueda abrir la mente. No hay día que no componga algo, pero no hay día que no borre también algo. Es muy importante escribir, pero también lo es borrar, deshacer. Se escribe con papel y goma.

Y después del estreno ¿hacia donde se dirigirá musicalmente Antoni Parera?

Pues seguiré trabajando en otras dos óperas que tengo entre manos, una sobre Nadia Boulanger, que está en proceso de orquestación, y otra sobre Margarite Yourcenar y su Adriano, que está en una fase inicial.

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