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Entrevista

André Juillard: «No he salido nunca del papel, no sabría leer cómics en una pantalla»

«Los dibujantes nos dedicamos a la puesta en escena», afirma uno de los grandes del cómic francés, estrella invitada del festival CòmicNostrum

El dibujante André Juillard (París, 1948), con varias de sus obras ayer en el Casal Solleric B. Ramon

El dibujante André Juillard, uno de los grandes del cómic francés, es el protagonista de la 15 edición del festival CòmicNostrum, que se celebra hasta el domingo. Este viernes ha ofrecido una charla a profesionales y estudiantes del sector sobre su proceso creativo y este sábado conversa con sus seguidores en el patio de la Misericòrdia a las 17,40 horas. La exposición sobre su conocida serie Blake & Mortimer se puede visitar en el Casal Solleric hasta después de Navidad.

En la charla había estudiantes nacidos en esta era digital y que dibujan en tableta. ¿La esencia de la ilustración es la misma?

Yo sigo siendo muy tradicional y trabajo en papel con plumilla de acero y pincel. No tengo tableta y no sé si ha cambiado la esencia, pero está claro que la tecnología sí modifica el modo de trabajar de la gente. La dibujante Aneke, otra de las invitadas del festival, me dijo que a ella le gustaría hacerlo de forma tradicional, en papel, pero dibuja cómics para Estados Unidos y le exigen que sean por ordenador. No rechazo toda la modernidad, ya que internet es formidable y me ha cambiado la vida a la hora de documentarme. Antes, para dibujar dos imágenes, a lo mejor tenía que comprarme un libro enorme y, en general, toda la labor de documentación me llevaba mucho tiempo. Era parte de mi trabajo, pero ahora con Google es más fácil.

¿Qué recomienda a quienes sueñan con dedicarse al cómic?

Que empiecen cuanto antes, porque son necesarios muchos años. Yo comencé a dibujar con seis o siete, como todos los niños, aunque no lo dejé, sino que se convirtió en mi pasión. Si quieres dedicarte a nivel profesional, hay que hacerlo totalmente, ya que no basta con dibujar después del trabajo. Tienes que estar 12 horas cada día.

Aunque uno solo quiera ser ilustrador, ¿hay que saber narrar una historia?

Durante una gran parte de mi vida realicé ambas cosas, guiones e ilustraciones, y está bien saber hacerlo porque el trabajo de un dibujante de cómic no es plasmar viñeta por viñeta lo que ha dicho el guionista. Él escribe un texto y, como en el teatro o el cine, están quienes se dedican a la puesta en escena. Crean los personajes, los decorados y los planos. Eso es lo que hago yo. Si el guionista dice que una escena transcurre en una casa de Pollença, sin detallar más, yo me paseo por allí o busco en Google Maps una casa que me guste para dibujar y que vaya bien en la historia. La labor previa de documentación es enorme. Si hay desplazamientos en coche, hay que escoger un modelo de la época, que pegue con el estilo y que tenga interés gráfico. Para la serie Blake & Mortimer, empecé a coleccionar decenas de coches y autobuses ingleses en miniatura con el fin de ir teniéndolos como documentación. E incluso tengo que escoger la vestimenta de los personajes si no me la detallan.

El sector del libro creció en España en 2021 por el auge de la novela gráfica. ¿A qué se debe?

En Francia ocurrió lo mismo debido a esta pujanza del cómic y también de los libros infantiles. No sé el motivo, pero en mi caso necesito leer en papel. Nunca he salido de este soporte, no sabría leer cómics en una pantalla ni tengo ganas.

¿De qué manera influyó en su estilo personal dar continuidad a Blake & Mortimer, creada por Edgar P. Jacobs y publicada en los inicios en la revista Tintín?

De joven me gustaba leer esa revista, que ya desapareció. Tenía un estilo de líneas claras. En ella estaban Jacobs y Jacques Martin, con su serie Alix, y el personaje estrella de Hergé, que da nombre a la publicación. Estas eran mis referencias cuando buscaba un estilo propio, además de Moebius para la serie de Blueberry. Por eso, al proponerme dar continuidad a Blake & Mortimer, el cambio no fue muy grande porque era una de mis referencias. Sin embargo, hay personas que dicen que sí me influyó. Lo que ha cambiado es que antes dibujaba de forma muy espontánea y ahora me pienso más los dibujos, por lo que se ha enfriado la espontaneidad. Una de las características de la línea clara es que, como apenas tiene modulación, no perdona un fallo en el dibujo. Tiene que estar todo muy bien planificado, todo en su sitio. Hay que reflexionar mucho. En cambio, en los dibujos a base de rayas y sombras, puedes hacer trampas, entre comillas.

¿Le gusta el estilo del cómic americano?

Más que el estilo o el género, me gustan algunos artistas, como por ejemplo Joe Kubert, que está aquí [la exposición de la primera planta del Casal Solleric]. Otros cómics que me gustan son los de Neal Adams y los de Tarzán. Los más antiguos me parecen sobre todo atractivos por el color. Es muy simple y cutre, impreso en papel barato, aunque pegaba con este tipo de cómic. En cambio, ahora los colores son demasiado sofisticados y el papel tiene una calidad excesiva. No me gusta.

¿Y el manga?

Como soy dibujante, presto mucha atención a los dibujos. Para mí son muy importantes y, por ejemplo, soy incapaz de leer Dragon Ball y otros muchos. Los abro y me parecen repulsivos a la vista, no dan ganas de leerlos, aunque a mis nietos les encantan. Por el contrario, me gusta otro tipo de manga con dibujos más realistas, los de autores como por ejemplo Taniguchi y Otomo, con dibujos bien hechos. Estos sí dan ganas de leerlos.

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