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Literatura

Biel Mesquida: "Soy un soldado de la cultura de la paz"

El escritor publica 'Encarnacions', cien relatos escritos entre 2017 y 2021, con portada de Miquel Barceló

Biel Mesquida: "Soy un soldado de la cultura de la paz"

Biel Mesquida: "Soy un soldado de la cultura de la paz" G. Bosch

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Biel Mesquida: "Soy un soldado de la cultura de la paz" Gabi Rodas

Presente sus Encarnacions, un libro bien armado: cien relatos que escribió en los últimos cinco años, de 2017 a 2021.

Encarnacions es una máquina de hacer compañía al lector. Son cien contarelles escritas a mano y a conciencia en las que el gran espectáculo es el lenguaje. Una obra muy coral, con más de 300 voces, en ese pequeño microcosmos que es mi Mallorca de siempre, con lenguajes de abuelos, camioneros, banqueros, políticos, amas de casa, enamorados, fracasados…

¿Cómo y quién debería leerlo?

Es un libro para todo tipo de lectores y se puede entrar en él por cualquier página. Las contarelles están divididas en un tríptico, Camí de passatemps, L’alè vital y La rialla de l’univers, construcción que responde a una de mis inspiraciones: los pintores holandeses del siglo XVI, como ‘El Bosco’ y su Jardín de las delicias, o La torre de babel y El triunfo de la Muerte de Brueghel el Viejo. Cuadros en los que los pintores colocaban muchas cosas, pequeñitas y ordenadas con un desorden concreto. Eso sería Encarnacions, donde está todo: la tierra, las plantas, los animales y los humanos, vistos desde todos los puntos de vista, antitópicos y antiestereotipos, y con un lenguaje muy musical.

¿Por qué un lenguaje musical?

Porque en la música hay muchos sentidos escondidos y yo no quiero que mi escritura sea lineal, sino polifónica, sinfónica, un espacio sonoro en el que las cosas vibren, resuenen, creen ecos, tiemblen… Que puedas leer una contarella un día, después la dejes y al volver a ella, un mes después, descubras sentimientos o personajes que estaban escondidos tras una frase. Es un libro para leer lentamente, y también para ser escuchado, a través de un QR.

¿Qué une a Nicolau Dols y Sebastià Perelló, autores del prólogo y posfacio, respectivamente?

Ambos son extraordinarios. Nicolau Dols ha ejercido de arreglista lingüístico, ayudándome a resolver problemas de tipo verbal o de repeticiones. Yo soy un funambulista de la lengua, voy sobre ella como los que van sobre un hilo encima del abismo. Nunca estoy seguro del todo, voy haciendo equilibrios, y con mucho cuidado a caerme. En este sentido, Dols me ha sido de gran ayuda. Sebastià Perelló, por su parte, me indicó momentos flojos, fallos, lapsus… Además, los tres editores de LaBreu también me dieron otra visión.

¿Cuándo sabe que no hace falta escribir más ni “adobar las palabras”?

Encarnacions reúne textos publicados en Diario de Mallorca, VilaWeb y otros medios, otros laboratorios. Los publiqué entre 2017 y 2019, año en que decidió ponerme con este libro. Decidí leerlo todo, que eran unas 750 páginas, y decidí pasarlo todo por el cedazo, eliminando las historias más flojas (hasta llegar a las 451 páginas finales) y volviendo a reescribir. Mi escritura es siempre reescritura, desde el principio. Necesito dejar reposar lo que escribo y volver a ello más tarde, y también leer en voz alta lo que he escrito, siguiendo los consejos de Flaubert. A esa fase me dediqué en 2020 y 2021. El trabajo de depuración es fundamental en literatura. En las escuelas los alumnos tendrían que acceder a los originales de los grandes autores para ver sus ejercicios de depuración y corrección. Flaubert podía estar cinco horas con dos frases. Yo nunca he escrito a chorro, torrencialmente.

¿Qué rasgos presentan sus personajes?

Son gente muy normal y corriente, personajes que hablan la lengua de las abuelas, los abandonados, los pájaros, los vencidos, los enfermos, los gusanos y las azucenas, la lengua de los que no tienen lengua… Cada personaje dice su verdad, aquello que aman, sufren, gozan o les hace daño. La literatura es una mentira que dice la verdad.

Biel Mesquida, en el Moll Vell de Palma GUILLEM BOSCH

¿Cuáles son sus aspiraciones?

Querría que este libro fuera inmortal (risas). Como escritor soy muy ambicioso, tengo vocación de clásico. Creo que habrá lectores a finales de este siglo y en el XXII. No soy un escritor apocalíptico.

La portada lleva la firma de Miquel Barceló ¿Por qué se lo propuso?

Soy amigo de Barceló desde los efervescentes 70. Unos años en los que había encuentros, confluencias y conexiones muy grandes entre pintores y escritores. Desde el primer momento conecté mucho con Barceló y también con Esteve Terrades. Yo soy anticurriculums pero me enorgullece haber sido el puente entre todas las instituciones y la Catedral en su intervención en la Capella del Santíssim. Nos tuvimos que unir para luchar frente a esas muchas fuerzas que no querían su intervención en la Seu. Fui la persona que catalizó esa obra suya. Pero si pensé en Barceló para la portada de Encarnacions fue por azar. En el chat que tenía con las editoras surgieron varios nombres. Y así, salió el de Miquel. No me gusta comprometer a mis amistades pero enseguida me dijo sí, sí, sí, envíame el libro. No se hizo de rogar y entregó la portada en la fecha prevista. No solo una imagen, sino hasta siete. Todas me gustaban y pude elegir. Opté por la que, quizá, es la más enigmática, original, limpia… con una figura que es una mezcla de humano y animal, híbrida, como el libro. Mi literatura es híbrida, en ella puedes encontrar música, cine, ciencia, psicología, religión, humor…

¿Qué le ha llevado hasta LaBreu Edicions?

Siempre me han gustado las editoriales pequeñas e independientes que cuidan a los autores y dan mucha libertad, como Empúries, la editorial de Xavier Folch. Cuando murió (en junio de 2021) me dije: y ahora qué hago. Como me gusta lo que publica, defiende la poesía, es independiente y no depende de ningún gran grupo, me decidí por LaBreu.

Si la literatura le sirve a quien la cultiva para conocerse mejor, a sus 75 años recién cumplidos, ¿ya sabe de usted todo lo que debería saber?

Yo no me conozco pero sí, la escritura es uno de los caminos que me ayuda a conocerme, como la fotografía y la lectura, otras de las actividades ‘creactivas’ que hago. La que más me gusta es leer, leer y leer. Intento no amuermarme, porque también tengo tentaciones en esa dirección. Que nadie me imagine como una máquina de creatividad continua. Tengo periodos de pereza y vaguería. Escribir cuesta.

¿Cada vez más?

A mí no me pesan los años. Yo creo que soy vago, perezoso. En una isla desierta, yo solo, me dedicaría a buscar alimentos, dormir mucho, satisfacer ciertas necesidades sexuales, nadar, mirar el paisaje y leer, si tuviera un libro. Pero no creo que escribiera. Yo puedo vivir sin escribir. Lo que no puedo estar es sin sentir, sin amar, sin proyectar cosas normales y corrientes, como una comida o una conversación contigo.

Lleva toda la vida gritando en público ¡no a la guerra! ¿Cansado de que sus ruegos caigan en saco roto?

No. Hay que seguir en la trinchera, en todas las trincheras de lucha, por la civilización, por aquello más humano, que es el lenguaje. Considero que mi lucha pasa no solo por manifiestos, manifestaciones y declaraciones como paz en el mundo, no a la guerra y no pasarán, también por escribir. El hecho mismo de escribir me convierte en un soldado de la cultura de la paz.

Si el mundo está en fase terminal, ¿qué o quién nos puede salvar?

Primero, cada individuo tiene que procurarse su salvación. Dostoyevski, en Los hermanos Karamazov, escribe: “Procurad en esta vida tener unos recuerdos buenos y conservarlos”.

Biel Mesquida, con un ejemplar de 'Encarnacions', con portada de Miquel Barceló GUILLEM BOSCH

¿Gestiona bien tus recuerdos y serás más feliz?

Sí. Los recuerdos hay que cuidarlos y tenerlos bien vivos, porque te pueden salvar. Con motivo de su bicentenario he leído mucho a Dostoyevski, uno de los grandes escritores de todos los tiempos. Ese fragmento suyo me dio una energía total. Si nos salvamos individualmente, también lo haremos colectivamente. Yo lo veo como un grito a favor de la memoria, del recuerdo. Esta sociedad, de un capitalismo agónico, en fase terminal, en un planeta herido, nos quiere robots, con amnesia, sin ningún recuerdo. Si me encontrara en la prisión de un dictador, y me torturaran y me maltrataran, al considerar que lo que escribo es un ataque, estoy seguro que una de las cosas que me ayudaría a sobrevivir sería el recuerdo, el pequeño recuerdo, de ir con mi padre a pescar.

¿Cómo resolvería usted los conflictos armados, como el de Ucrania?

Estoy en contra de las armas. Deberían estar prohibidas. Vivimos en un capitalismo armamentístico que nunca ha sido denunciado en profundidad. Las únicas armas en las que creo son las armas de la paz, el diálogo, diálogo y más diálogo. Tardamos cuatro días, desde la ocupación de Ucrania por parte de Rusia, en salir a la calle. Lo tendríamos que haber hecho el primero y mostrar desde el primer momento nuestro rechazo a la guerra, cada día, sin descanso. Los medios tienen que hablar de la guerra de Ucrania, pero también de las otras 60 que actualmente hay en el mundo. Hablar de ellas, de sus causas, de sus protagonistas. La información está manipulada y en ciertos momentos se convierte en amarillismo. No hay que cultivar el culto a lo macabro, al morbo, a los incendios y a las bombas que explotan. No pueden ponernos la misma explosión cuatro veces en el mismo telediario.

¿Habrá poetas rusos en el Festival de Poesia de la Mediterrània?

Nuestro festival siempre ha sido libertario, abierto a todas las lenguas. Podrán venir poetas rusos y ucranianos. El año pasado tuvimos una poeta de Siria y otro de Palestina. Siempre colabora en el festival el PEN Català, el Internacional y el ICORN (International Cities of Refuge Networking), red que trabaja en pro de escritores perseguidos. Para mí un traductor es un poeta, y uno de los poetas de la próxima edición del festival será Arnau Barios, traductor de Pushkin, Óssipov, Tolstói y Lérmontov, entre otros autores rusos.

¿Cuál es su patria?

Mi matria y patria es la lengua. Cada libro que escribo es una declaración pública de amor a mi matria/patria.

¿Siente que la lengua catalana está en peligro?

Sí, lo vuelve a estar en estos momentos. Las lenguas que no son la española, en este Estado, están amenazadas. Hay escritores que se ponen apocalípticos, dicen que en 50 años ya no habrá lengua catalana, una corriente que últimamente está presente. Yo me separo de esa corriente. Yo escribo como si la lengua catalana fuese a durar lo mismo que cualquiera otra poderosa, como el español, el ruso, el chino o el alemán. Hay que seguir luchando por la lengua catalana. Para que un libro mío vaya de Mallorca a Eivissa tiene que recorrer media España. En el terrreno de la distribución, Valencia y Balears parecen colonias situadas en el Pacífico. La cultura, en este Govern progresista de izquierdas, está en una situación de Cenicienta. Tendríamos que tener una conselleria solo de Cultura, no de Fons Europeus, Universitat i Cultura, porque la cultura atraviesa todas las conselleries, es algo transversal. El tsunami de la estupidez no deja de crecer.

Se nos fue Pau Riba, ¿qué le fascinaba del músico-poeta, del tótem de la contracultura?

A Pau Riba, como a Barceló, lo conocí en los años 70, que fueron eufóricos, magníficos, extraordinarios. Me entusiasmo, desde el primer momento, su capacidad creativa. Le interesaba todo: la escritura, la poesía, la música, las conferencias... Era un luchador por la libertad, tierno, cálido. Me gustaba su faceta de escritor, la menos conocida. Dioptria me sedujo y me enamoró, en ese disco descubrí a un músico de territorios poéticos, con unas letras marcadas por la ironía, el sarcasmo, el amor y la ternura. Le quería y le quiero mucho. Su muerte me ha provocado un gran vacío. Lo seguiré tocando, a través de sus libros y sus discos, pero me falta su persona.

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