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Crítica de música | Con vermut pero sin cena

T odo empezó muy bien, con una recepción en la plaza frente al claustro de Sant Domingo, en la que pudimos compartir una copa con los protagonistas de la que sería la culminación del Festival Mozart que han organizado los responsables de la Orquestra de Cambra de Mallorca, con Bernat Quetglas al frente. En el programa, nada menos que Don Giovanni, el título más emblemático del compositor de Salzburgo. Expectación máxima, con un lleno absoluto y con, incluso, una considerable lista de espera.

Todo muy bien hasta que Donna Elvira y Don Ottavio descubren el pastel (es un decir), hasta que se dan cuenta que Don Giovanni, su amigo, es realmente el asesino del Commendatore. Hasta aquí todo sobre ruedas. Fue entonces cuando apareció la lluvia, primero unas gotas que, si bien no eran preocupantes, obligaron a suspender temporalmente la función ya que ponía en peligro el estado de los instrumentos musicales. Primer paro. Diez minutos. Seguimos pues, hasta que, esta vez sí, la lluvia apareció con más fuerza. Otra interrupción. Más larga que la anterior y vuelta a empezar, hasta que el agua apareció de nuevo, lo que hizo que los organizadores decidieran terminar el primer acto con la orquesta puesta en pie y situada detrás del escenario, bajo los porches del claustro. Final pues a medias, pero que dejó dos buenos sabores de boca, primero por la valentía de intentar lo imposible, cantar y tocar bien bajo la lluvia y luego por el compromiso con el público que, agradeció el gesto, puesto en pie y aplaudiendo de forma potente y sincera.

Recursos escasos para una producción que debemos saludar con respeto y agradecimiento; pues, por lo que pudimos contemplar, estaba llena de pequeños detalles escénicos y conceptuales interesantes. Ejemplos: uno, el de situar el escenario en forma de U, de tal manera que los artistas podían moverse con más libertad, otro, el hecho de convertir a Zerlina y Masetto en criados del protagonista. Y podríamos dar unos cuantos más. Enhorabuena pues a Ana Cuéllar por esas dosis de ingenio. Y enhorabuena también a los miembros de la orquesta, a los del coro del Teatre principal, a Llorenç Prats que acompañó los recitativos al piano y al director y alma del proyecto Bernat Quetglas. Todo salió muy bien, dadas las circunstancias del tiempo (el atmosférico y el otro).

Vocalmente, la función resultó muy regular y nivelada. Con, para mí, un descubrimiento, vocal y teatral: Jorge Tello como Leporello. Lleno de gracia y de buena voz. Magnífico en el aria Madamina. Todo sin desmerecer a los demás protagonistas: las sopranos Irene Mas (qué bien su dúo La ci darem la mano), Inma Hidalgo (grande en sus arias como amante despechada), Marta Bauzà (que cantó con gran dramatismo todos sus momentos como Donna Anna), Joan Miquel Muñoz (que cantó un Masetto de forma muy profesional) así como José Manuel Sánchez (muy convincente en Dalla sua pace). Interesante el Don Giovanni del griego Aris Arginis, que tiene voz y pose sobradas para el personaje. Eso sí, nos quedamos con las ganas de escucharle la serenata Deh, Vieni alla finestra, del segundo acto, y el diálogo final con el Comendatore, cantado por Francisco Santiago al que casi no tuvimos tiempo de apreciar, pues su escena grande está al final, durante la cena, a la que no pudimos asistir. Vermut sí, pero sin cena. Guardemos el ticket por si acaso.

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