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En contra
Max (Francesc Capdevila) Historietista, cartografía las pompas culturales en ‘saboteando a Shakespeare’

«Desnudo y aligero, porque ya no tengo toda la vida por delante»

Max (Barcelona, 1956) es el historietista y Premio Nacional de Cómic que reviste a Francesc Capdevila, llegado a Mallorca en 1984, residente en Sineu y dibujante en ‘Saboteando a Shakespeare’ de uno de los ensayos filosóficos, por su sentido del humor, más importantes del año

«Desnudo y aligero, porque ya no tengo toda la vida por delante»

«Desnudo y aligero, porque ya no tengo toda la vida por delante» Manu Mielniezuk

 Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿El punk ha muerto?»

Sí, sí, sin duda. Su espíritu pervive en el «hágalo usted mismo», la autogestión. En cambio, me cuesta encontrar la parte más gamberra de ese nihilismo, que era muy aprovechable.

Para combatir a las redes sociales, hay que estar en las redes sociales.

Me mantengo al margen de ellas por mi salud mental. Una persona creó una página de Facebook con mi nombre completo. Me pareció tal barrabasada, que la acepté cuando se cansó y me la ofreció, para que no la tenga otro.

¿Puede defenderse con papel y lápiz?

Son mis únicas armas. Junto al intelecto, porque la mano no dibuja sola. No me siento indefenso, ya dicen que la pluma es más fuerte que la espada aunque suene a wishful thinking.

¿La corrección política acabará con el humor?

Me temo que sí, y con el arte en general. Lo noto, porque hace unos años dibujaba barbaridades y nadie se enteraba. No he tenido tropiezos pero toco madera, porque lo más fácil sería que ocurriera.

¿Cómo sortea a la nueva censura?

Buscando lo sutil, que suena muy oriental, en lugar de la chispa efímera del humor a saco. La opción más inteligente en estos tiempos es la sutileza, funciona a largo plazo y queda más.

 Le leo desdeñoso con la novela gráfica.

Nos ha beneficiado, ha sacado al cómic del ghetto, per o escuece cuando se convierte en una imposición. Un libro de cien páginas cuesta un año y te lo lees en veinte minutos.

 Tal vez le asusta el trabajo de documentación.

Me di cuenta de eso, y de ahí que escogiera el camino del minimalismo y la depuración. Ahora desnudo y aligero, porque ya no tengo toda la vida por delante.

 En ‘Saboteando a Shakespeare’ ha depurado su dibujo al máximo.

 Al máximo todavía no, me queda trecho. 

 ¿Se puede ser de Crumb y Tintín a la vez?

 Yo mismo, sin ir más lejos. Me desdoblo, soy el Doctor Jekyll y Mister Hyde. Me gustan las cosas opuestas, aunque preferiría ser amigo de Crumb que de Hergé. 

 ¿Si Crumb es Dylan, Hergé es Los Pecos?

 Hergé se parecería a Kraftwerk, por esa limpieza tan germánica. Tintín funciona como un cronómetro, con la perfección que asociamos a los productos alemanes.

Ataca a los creadores pomposos.

Cómo no, y todos tenemos nuestro punto pomposo, en un mundillo artístico tan arrastrado y del que es tan difícil vivir. Así que has de creerte lo más grande y difundir tus méritos, o no lo hará nadie.

¿Usted se toma en serio?

Procuro que solo lo justo pero, como te decía, o te lo montas en grande o estás perdido. Claro que con el tiempo aprendes que todo fluye y que nada permanece. 

 Criticar a las vanguardias lo convierte en sospechoso de conservadurismo.

 Formo parte de la actitud vanguardista por afinidad y como consumidor cultural, pero eso no la exime de crítica. Aquí se cuestiona todo, empezando por mí y hasta donde haga falta.

Por si se molesta, hay tiras de su ‘Shakespeare’ que me han recordado a Quino.

No me molesta para nada. Cuando empecé a hacer tiras para Babelia, el suplemento cultural de El País, iba de aprendiz sobre la marcha. Me lancé absolutamente acojonado, así que recurrí de memoria a las que había leído, Mafalda o Carlitos. Con el tiempo he ido descubriendo otras maneras de hacer las cosas.

Resumen del libro: Lean a Beckett, pero no se lo tomen en serio.

Por ejemplo: Lean a Beckett, y si lo disfrutan, no se lo tomen del todo en serio.

¿Mallorca es siempre una isla extranjera?

Es una isla llena de extranjeros, pero no me siento extraño en Mallorca. Me he habituado a las costumbres locales sin dificultad, siempre convencido de que uno es de donde está.  

 El dibujo sigue concediendo una patente de corso.

Puede que haya algo de eso, pero lo dudo. Les ha tocado cargar con lo peor a los raperos, pero cuando veas las barbas del vecino afeitar... No estoy seguro de que el dibujo sirva de camuflaje.

En cuanto acabemos, voy a mirar el libro de El Roto.

Bien que haces, deberías haberlo mirado antes que el mío.

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