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ECOLOGÍA

Tontorrones climáticos al volante y soluciones a pedales

La violencia en la conducción es un problema grave asociado al tráfico

Máquinas perfectas. Marc Masmiquel

Me desplazo en bici cada mañana, apenas 5 km, pero soy consciente de que no tardo más de 10 minutos en llegar a mi trabajo. Esta mañana, en un tramo sin carril bici me ha adelantado un Range Rover a unos 70 km/h. Su motor rugía, y se notaba que llegaba tarde. Al llegar a la congestión (de tráfico) le he adelantado. 400 metros más adelante, me ha adelantado probablemente a más velocidad, y sin el prescriptivo metro y poco de distancia. Le he vuelto a adelantar al llegar a mi destino. Todo en Palma, en el casco urbano.

La violencia en la conducción es un problema grave asociado al tráfico. Esta violencia (porque es un tipo de violencia) puede tomar muchas formas, desde la agresión verbal y física a otros conductores hasta el uso excesivo de la velocidad y la conducción temeraria. La violencia en la conducción es un problema de seguridad vial, ya que puede conducir a accidentes de tráfico graves que pueden causar lesiones y muertes. Además, la violencia en la conducción también puede tener un impacto negativo en la calidad de vida de las personas, causa estrés, miedo y ansiedad. Para abordar la violencia en la conducción, es importante que se promuevan campañas de concienciación y se lleven a cabo programas de educación vial que enfatizan la importancia de la seguridad y el respeto al volante. No es sencillo. Siendo prescriptivos: donde quizá haya que poner el acento en que se deben aplicar sanciones y medidas disciplinarias a aquellos conductores que infrinjan las leyes y normas de tráfico, ya que esto puede ayudar a disuadir a otros conductores de comportarse de manera violenta al volante. Como la experiencia reiterada de esta mañana.

El libro que reseño es un extenso estudio de la regulación de la movilidad urban: Ciudad y movilidad: La regulación de la movilidad urbana sostenible es un ensayo de Andrés Boix y Reyes Marzal. Ciertamente es un tema que no caduca, pues los avances en ese sentido son muy lentos. En suma, se analiza cómo alcanzar la cacareada movilidad versus la violencia en la conducción. La movilidad sostenible se refiere a la forma en que las personas se desplazan de un lugar a otro de manera que sea económica, social y ambientalmente sostenible. Una de las formas en que se puede fomentar la movilidad sostenible es a través del uso de medios de transporte más eficientes desde el punto de vista energético, como el transporte público, el uso de vehículos eléctricos y las bicicletas. Para muchos la bicicleta es la reina, el mejor sistema, tanto por ligereza, como ventajas asociadas. El corazón de su conductor es su motor. El ensayo -centrémonos- concluye que esta movilidad sostenible también puede promoverse a través de la planificación urbana y las infraestructuras para el transporte público y la bicicleta, aspectos que ayudan a reducir el tráfico, la congestión y la contaminación. Un ejemplo son las redes (bien planificadas) de carriles bici segregados, se analiza el caso de Valencia, que sea dicho es más complejo que el de Palma. Merece una atención especial el caso de los afamados países nórdicos, donde el clima es fiero y nadie deja de circular si llueve, nieva o hace frío.

En conclusión, la violencia en la conducción y la movilidad sostenible son dos problemas interrelacionados que afectan a la seguridad vial y la calidad de vida de las personas. Para abordar estos problemas, es necesario promover campañas de concienciación y programas de educación vial, aplicar sanciones y medidas disciplinarias a aquellos conductores que infrinjan las leyes y normas de tráfico, y fomentar la movilidad sostenible ambientalmente.

Tontorrones climáticos al volante y soluciones a pedales

Obviar esta realidad es ignorar que vivimos en crisis climática, y que es hora de optar por soluciones, y no es con coches eléctricos que se resolverá esta casuística, es con un cambio de modelo y máquinas a pedales. La revolución de la movilidad vendrá de la bici. Ese es el paroxismo de nuestra sociedad, tenemos soluciones y no las abrazamos por un mal comprendido confort, que tiene como base un egoísmo basado en la ignorancia por el futuro ambiental que nos deparan los niveles históricos de dióxido de carbono. Cuando me adelanta un mastodonte de 3 toneladas, y el energúmeno al volante normaliza esa violencia al volante pasan dos cosas: se autodefine como tontorrón climático y emite a nuestra común atmósfera el producto de la ignición de un combustible fósil no renovable. ¿Para qué? ¿Por qué? La ignorancia no requiere argumentarios extensos, del mismo modo que el negacionismo climático es a pesar de la evidencia científica abrumadora de que el cambio climático es real y está siendo causado principalmente por las actividades humanas. Cuando además se normaliza el transporte privado e ineficiente y este sólo se busca solucionar desde la electrificación de la movilidad, caemos en el sesgo del confort. El confort no es un axioma, es una sensación de bienestar, que se experimenta cuando las condiciones ambientales son agradables y se adaptan a nuestras necesidades y preferencias. Es construido, es cultural. No es incómodo ir en bicicleta, es diferente, requiere unas condiciones diferentes, obviar estos detalles es ser un canalla ambiental. El ensayo no demoniza el transporte térmico privado, analiza cómo superar las externalidades y problemas que genera en el ámbito urbano.

Este interesante análisis conceptual y propositivo simplifica los puntos elementales que obviamos: el problema planetario surge de la suma de enésimas acciones individuales en el núcleo económico del planeta, desincentivando la inversión en tecnologías limpias y sostenibles y obstaculizar el desarrollo de soluciones al cambio climático, como sistemas de renaturalización y normativización avanzada en base a las innegables conclusiones del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. El trabajo de Boix y Marzal nos muestra el camino a ser parte de la solución.

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