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Cerraron los bares y la gente se echó al monte

Los parajes naturales de Mallorca han registrado este año una gran afluencia, y se han duplicado los accidentes

El área recreativa de Lluc, repleta de visitantes el domingo 28 de febrero.

El área recreativa de Lluc, repleta de visitantes el domingo 28 de febrero.

El pasado 11 de enero, con una tasa de contagios de coronavirus disparada tras las celebraciones navideñas, el Govern impuso unas medidas draconianas de contención. Todos los bares y restaurantes fueron obligados a cerrar, tanto en el interior como en las terrazas. Permanecieron así durante un mes y medio, hasta el pasado 6 de marzo, en que se autorizó la reapertura de los espacios exteriores, aunque solo hasta las cinco de la tarde. Con los establecimientos de hostelería y centros comerciales cerrados, muchas familias se encontraron con una única alternativa de ocio: la montaña.

Las severas restricciones tuvieron un efecto inmediato en los espacios naturales de Mallorca, que se llenaron de gente. Las áreas recreativas de las zonas de montaña han experimentado durante los últimos meses una inusitada afluencia que las ha llevado hasta la saturación. La Guardia Civil se vio obligada a cortar varias veces el tráfico en la carretera de la Serra, donde se registraron grandes embotellamientos. Las zonas de aparcamiento se han visto desbordadas por la gran cantidad de vehículos. En los parajes más accesibles ha quedado patente la masificación. Y los accidentes de montaña se han duplicado respecto al año pasado, en la época previa a la extensión de la pandemia, lo que ha obligado a los grupos especiales de rescate de la Guardia Civil y Bombers de Mallorca a multiplicar sus esfuerzos. El récord se alcanzó el pasado 27 de diciembre, con seis servicios de auxilio en distintos puntos de las montañas de la isla en un solo día.

Y por una cuestión meramente estadística, cuanta más gente sale, más accidentes se producen. Los equipos de rescate en montaña de la Guardia Civil y los Bombers han visto cómo se han duplicado sus servicios en los tres primeros meses de este año frente al mismo periodo de 2020, los últimos previos a la declaración del estado de alarma. Las estadísticas del GREIM reflejan claramente este incremento. En el primer trimestre de 2020 se registraron catorce accidentes en zonas de montaña de Balears en los que fue necesaria su participación. Fueron los últimos meses previos al confinamiento del estado de alarma. En los primeros tres meses de este año han tenido que llevar a cabo 27 rescates, casi el doble que el año anterior.

Un bombero asiste a un escalador de 69 años que resultó herido en el Pa de Figa de Son Torrella.

«Se ha notado un gran incremento en el número de personas que acceden a las montañas», explica el sargento Alberto Sánchez, jefe del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (GREIM) de la Guardia Civil de Balears. «La afluencia de senderistas sube siempre en otoño, cuando bajan las temperaturas. Pero este año hemos detectado que la cifra de excursionistas se ha disparado. Lo hemos visto claramente desde el helicóptero, cuando acudíamos a algún servicio. Los aparcamientos estaban a rebosar y en las rutas senderistas se veía mucha más gente».

Auxilio de un escalador herido en Cala Aubarca, en Eivissa.

Preparación y material adecuados

Los rescatistas de la Guardia Civil y los Bombers ya notaron esta tendencia en los meses siguientes al confinamiento, cuando la salida al campo era una de las pocas actividades de ocio permitidas. Y comenzaron a detectar un fenómeno más preocupante, con la salida de gente menos habituada a la montaña. «Empezamos a percibir un incremento de personas que salen solas al monte», comenta el sargento Sánchez, «algo que nosotros siempre hemos desaconsejado, ya que incrementa mucho el riesgo».

Rescate nocturno de dos excursionistas en Can Boqueta, entre Valldemossa y Deià

Además de los accidentes considerados habituales, se incrementaron también el de aquellos en los que influía mucho esta falta de preparación. «La montaña puede ser un medio muy hostil, y es necesario conocerla», prosigue el jefe del GREIM. «Estas salidas tienen que tener una planificación, tienes que consultar las previsiones meteorológicas, conocer la zona o ir acompañado por alguien que la conozca. Tambien hay que llevar mapas actualizados o un GPS, y tener en cuenta que en muchas zonas de montaña nos podemos quedar sin cobertura de móvil. Y llevar siempre el calzado y el material adecuado para la actividad que queramos realizar».

Los rescatistas empezaron a detectar cada vez más casos de gente que había salido al monte sin ninguna planificación y con material inadecuado. «Al final, los accidentes que se pueden considerar inevitables son una minoría», prosigue Sánchez. «La mayor parte de las intervenciones que realizaron se deben a casos de extravío, de personas que se pierden y a las que se les echa la noche encima, o de enriscamiento, cuando se salen del sendero y llegan a un lugar escarpado en el que son incapaces de proseguir, ni hacia arriba ni hacia abajo».

Los rescatistas de la Guardia Civil y los Bombers de Mallorca actúan de forma coordinada en la mayoría de las asistencias. A lo largo de los últimos años han desarrollado una forma de actuar que les permite aprovechar al máximo sus características propias. Cuando se recibe una llamada de auxilio, los bomberos parten de sus bases en Sóller o Inca, más cercanos a la Serra. Los rescatistas del GREIM cuentan con la ventaja que les proporciona el helicóptero, con lo que pueden llegar con gran rapidez a cualquier punto de las montañas de Balears y trasladar al herido al hospital de Son Espases en cuestión de minutos. Los bomberos se dirigen al lugar por tierra y, en el caso de que la persona herida no pueda ser izada directamente hasta la aeronave, la portean hasta el punto accesible más cercano.

Porteo en camilla y evacuación en helicóptero de una mujer herida en la misma zona.

Entre los rescates de este año destacan el de un joven que a principios de enero sufrió un accidente mientras practicaba escalada cerca de Cala Aubarca, en Eivissa. Sufrió graves lesiones en la espalda y la cabeza, y estaba en una zona escarpada, que obligó a soltar unos cincuenta metros de cable para izarlo, en una operación muy complicada por el viento. Finalmente fue evacuado al hospital de Can Misses.

A mediados de febrero, una mujer que realizaba una excursión entre Valldemossa y Deià sufrió una caída en la zona de Can Boqueta. Se fracturó la tibia y el peroné. El rescate directamente en helicóptero era imposible por la proximidad de una pared vertical y el fuerte viento, por lo que bomberos y guardias tuvieron que portearla a pie en camilla hasta un lugar accesible. En el mismo paso hubo que rescatar a una pareja que se extravió y a los que les cayó la noche en un punto muy agreste. Los rescatistas tuvieron que sacarles de allí asegurados con cuerdas, en medio de la oscuridad.

A principios de febrero hubo que asistir a un hombre, al que se le rompió una de sus botas en el Camí del Arxiduc, en Valldemossa. Iba acompañado por su hija, que fue hasta el coche a por un par de zapatillas, pero al regresar no le encontró y dio la alarma muy asustada ya que se hacía de noche. El hombre se encontraba solo, sin luz y con un solo zapato en medio de la montaña. Los rescatistas le encontraron gracias a que encendió la linterna del móvil.

A principios de marzo, un hombre de 69 años sufrió una caída mientras practicaba escalada en el Pa de Figa de Son Torrella, una afilada aguja junto al Puig Major. El escalador tenía un fuerte golpe en la cabeza, y los rescatistas tuvieron que descenderle en camilla a lo largo de 150 metros, en una operación muy complicada que se prolongó durante horas.

También han tenido que intervenir en uno de los puntos más conflictivos de la Serra, les Cincles de Son Rullan, en Deià, donde muchos excursionistas se extravían y quedan enriscados.

Jornada récord con seis rescates

Fue el pasado 27 de diciembre. Los rescatistas de la Guardia Civil y los Bombers tuvieron una jornada de infarto, que empezó a primera hora con una mujer herida al caer de una litera en la hospedería del Castillo de Alaró. A partir de ahí los accidentes se sucedieron en el Coll de sa Gramola, el Coll Baix y la Serra d’Alfàbia obligando a los rescatistas a coordinarse para asistir a todos.

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