01 de julio de 2016
01.07.2016
Tribuna

El profe

01.07.2016 | 00:33
El profe

Llegaba al instituto siempre con una sonrisa y con algo de tiempo para preparar el aula que encontraba frecuentemente desordenada. Tenía cariño y aprecio por sus alumnos, a quienes intentaba enseñar no solo desde lo racional, lo intelectual, sino desde el corazón, buscando la profunda conexión entre todas las cosas, entre todas las materias porque sus alumnos son por encima de todo personas y no un expediente académico ni un número.

Intentaba llegar al corazón de ellos, hablando de actitudes, comportamientos, reflexionando, usando la meditación también como un instrumento y narrando sus propias experiencias que compartía además del material propiamente académico. Siempre estaba por ellos, intentando que mejoraran sus resultados, llamando la atención cuando tocaba pero dando siempre una oportunidad para rectificar. En ocasiones se enfadaba si los alumnos no respetaban las normas de convivencia y lo pasaba peor él que los sancionados, si alguna vez se sentía obligado a poner un aviso, un parte, incluso un negativo.

Se implicaba con ellos, tanto en clase como fuera de clase, organizando actividades, campamentos, viajes, intentando ofrecer a sus alumnos una oferta formativa y educativa que fuera más allá de las paredes de un aula y todo ello sin esperar un euro a cambio. Hacía de cocinero, de monitor, de consejero, de padre y madre, de lo que fuera. Siempre en actitud de escucha.

Desde que es profesor ha intentado educar desde el amor a las personas, al mundo, a la naturaleza, al universo, ha intentado entrar en la interioridad y espiritualidad de la realidad abriendo al alumno a un mundo que va más allá de nuestros sentidos pero que sin embargo es más real que lo que en apariencia se muestra como realidad profundizando en el amor, la solidaridad, la compasión, la justicia, la esperanza, la belleza, la libertad... en definitiva en esos grandes valores patrimonio de la cultura universal y compartidos por las grandes religiones del mundo.

En ocasiones se ha encontrado sin apoyo entre sus compañeros, incluso con situaciones que podríamos catalogar como de acoso laboral. Ha sido también criticado a sus espaldas, hay quién incluso habla mal de la materia que imparte y quienes hacen caso omiso a la normativa poniendo todo tipo de trabas a su labor y a que los alumnos elijan su asignatura.

En prácticamente todos los centros está solo. Es el único en su especie, una especie que algunos intentan que se extinga y eso que tan solo tiene una hora semanal por curso, habiendo sido reducida la materia que imparte a la mínima expresión.

Pero si los alumnos le quieren, si muchos padres optan por su materia y si además todo lo que enseña es valioso para la educación, ¿cuál es problema? ¿Es que acaso tiene alguna deficiencia física o psíquica? No, y aunque así fuera, somos tolerantes y plurales. No deberíamos considerar algo así como una negatividad. ¿Es que acaso es homosexual? Para nada, pero ¿qué hay de malo en ello? La inmensa mayoría aceptamos la homosexualidad como algo natural. Superemos los prejuicios. Entonces ¿qué tiene de malo para muchos? Es profesor de religión.

No importa lo bien que lo hagas, cómo enseñes tu materia, si te quieren o no alumnos y padres, si haces una aportación valiosa a la educación, si enseñas con espíritu crítico, abierto, tolerante, dialogante. Nada de eso importa. Ni aunque fueras el mejor profesor. Eres profesor de religión y eso es lo que importa. Por eso eres juzgado y con eso basta.

Somos juzgados por prejuicios ideológicos y políticos y no educativos. Todavía no he escuchado una crítica fundada desde un punto de vista didáctico y educativo.

Si bien podríamos abrir el debate de cómo integrar la materia de religión en la escuela sea pública o privada, no por ello debemos suprimir una materia valiosa, transversal, interdisciplinar, que da sin duda equilibrio y herramientas de ayuda a un mundo que necesita vivir con sentido y con profundidad. Pongamos fin a la discriminación de la asignatura de religión y su profesorado.

* Licenciado en estudios eclesiásticos, profesor de religión e idiomas

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