13 de junio de 2016
13.06.2016
Tribuna

¿Vacunas comestibles?

13.06.2016 | 02:45
¿Vacunas comestibles?

Las vacunas tradicionales, orales o inyectables, han mostrado una elevada eficacia en la prevención de las enfermedades infecciosas. Sin embargo tiene algunos inconvenientes que dificultan su aplicación masiva, especialmente en países en vías de desarrollo. De este modo estas vacunas son relativamente caras, y cada vez mas, precisan de personal e instrumental para su aplicación (jeringas), generan deshechos biológicos y presentan problemas de almacenamiento y transporte.

Para intentar solventar todos estos problemas se pensó en la posibilidad de crear vacunas comestibles (edible vaccines). Éstas utilizan el gen del microorganismo frente al que se desea vacunar que se inserta en el genoma de una planta mediante ingeniería genética, en un proceso designado como molecular pharming. Con este concepto se han elaborado plantas transgénicas que incorporan las vacunas frente al rotavirus (tomates), el cólera (patatas) y la hepatitis B (patatas, lechugas), tanto por separado como en algunos casos de forma conjunta (vacunas multicomponentes).

Las ventajas de las vacunas comestibles, uno se inmuniza con la repetida ingesta de los vegetales que la incorporan, son la reducción de personal sanitario e instrumental, la producción barata y a gran escala del producto, su fácil transporte y almacenamiento, estables a temperatura ambiente (no necesitan refrigerarse) y no degradables por la acidez gástrica. Estas vacunas son compatibles con las clásicas, de ambos tipos, y su eficacia no se modifica por la lactancia materna. Los alimentos son degradados en el intestino por los enzimas digestivos, liberándose los componentes vacunales que inducen una respuesta inmune tanto local como sistémica al ser absorbidos y pasar a la sangre como un producto alimenticio.

Sin embargo también pueden tener algunos inconvenientes como el desarrollo de inmunotolerancia por el exceso de dosis, variación en su concentración en cada lote vegetal, duración y estabilidad en el producto alimentario y la selección del mejor vegetal que puede albergarla. El mejor alimento sería el que se comiera crudo o fresco y tuviera altos niveles de proteínas solubles, de este modo se aseguraría la estabilidad del componente vacunal. Sin embargo la rigidez de la pared vegetal ha demostrado que el gen vacunal, y la proteína que codifica, permanece inalterable a pesar de someterse a las temperaturas y procedimientos de cocción cotidianos.

Las principales plantas transgénicas utilizadas en los ensayos en animales han sido las patatas, los tomates, los plátanos, las lechugas y recientemente los cereales como el trigo, la soja y el arroz. Estos últimos alimentos presentan las condiciones ideales para la obtención masiva y a gran escala de vacunas comestibles y permitiría que una gran parte de la población mundial pudiera incorporarlas de forma rutinaria y diaria a su dieta. A la hora de elegir una de ellas debe siempre considerarse que sea autóctona de una determinada zona y que forme parte de la dieta habitual de esa población. Una alternativa reciente es el empleo de algas transgénicas con capacidad inmunizadora; así se ha ensayado la incorporación del componente vacunal del papiloma en algas comestibles utilizadas en el sudeste asiático.

Una posibilidad alternativa es utilizar bacterias transgénicas que contengan el gen vacunal e introducirlas en algún producto alimentario. Con este objetivo se han elaborado yogures que contienen lactobacilus que ayudan al proceso de fermentación de la leche y aportan la posibilidad de inmunizarse. En estos casos el producto se come crudo y asegura la llegada de la bacteria al intestino y la liberación del componente vacunal. Ya existe una vacuna-yogur con capacidad para inmunizar frente al rotavirus.

Todavía quedan muchos datos por conocer de estas vacunas y la realización adecuada de ensayos clínicos controlados en humanos. Aunque en un reciente ensayo realizado en humanos, con patatas transgénicas conteniendo el gen de la vacuna del cólera, se demostró que el 90% desarrollaron una respuesta inmune protectora y el 50% ya lo obtenían en la primera ingesta. Algo que todavía se desconoce es cuál es la dosis necesaria para vacunarse, un tomate o diez tomates, o cuanto tiempo duraría la inmunidad obtenida mediante este sistema, pero es muy probable que sea la misma que las vacunas orales clásicas. Aunque este último aspecto no es relevante ya que en general el alimento vacunal sería de ingesta repetida.

Uno de los principales inconvenientes a los que se enfrentan este tipo de vacunas es la no aceptación generalizada del empleo de plantas o alimentos transgénicos para el consumo humano. Todavía mucha gente cree que este tipo de alimentos producen efectos nocivos tanto para los animales como para el ser humano. En el caso de las vacunas comestibles los procesos de modificación genética necesarios para incorporar el componente vacunal no afectan para nada las características biológicas y naturales del producto. El sabor, color y aspecto de los tomates transgénicos vacunales es indistinguible de los no utilizados para este objetivo. Desde el punto de vista ecológico no parece que la introducción de este tipo de plantas vaya a modificar el entorno biológico y genético de la naturaleza, ya que sólo se incorporan genes de origen bacteriano o vírico, pero además en su más mínima expresión genética.

Por todo ello parece que las vacunas comestibles podrían ser una buena y barata alternativa para conseguir coberturas vacunales amplias a nivel mundial. Es cierto que todavía hay muchas incógnitas e incertidumbres que hay que despejar pero el encarecimiento de las vacunas en los últimos años está dificultando su llegada a los países que verdaderamente las necesitan. En los países en vías de desarrollo las vacunas comestibles podrían ser una alternativa terapéutica y preventiva muy esperanzadora que permitiría no sólo proteger a la población sino además abaratar los costes de alimentación y nutrición de las grandes poblaciones. No se debería descartar de entrada ninguna posible alternativa vacunal y por ello es necesario analizar y revisar minuciosamente las ventajas e inconvenientes de las vacunas comestibles.

* Doctor de la Unidad de Virología del Hospital Universitario Son Espases

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