Tribuna

Antonio Fluxá Rosselló, el viaje de una pasión

06.11.2015 | 02:16
Antonio Fluxá Rosselló, el viaje de una pasión
ubo un tiempo en el que el pueblo mallorquín de Inca, donde nació Lottusse, se regía por un horario diferente al manejado por el resto del planeta. Los relojes de bolsillo, los de pulsera, los que marcaban las horas con el movimiento del sol „tan frecuentes en esta tierra„, e incluso los sobrios relojes de pared o las propias campanas de las iglesias, habían perdido cualquier atisbo de crédito. Ya no eran útiles. Aquí, en Inca, hubo un tiempo en el que el ritmo de sus habitantes lo marcaba el sonido de las sirenas de las fábricas de calzado, las mismas que en cada oportunidad sonora, animaban a pensar en una ansiada prosperidad. Cada una de ellas distinta; cada una de ellas perfectamente reconocible por sus respectivos trabajadores". Así comenzaba el libro Lottusse. El viaje de una pasión, que con motivo de su 135 aniversario, la firma de calzado me encargó escribir para contar su historia. Este fue el punto de partida de la relación que me unió con la familia Fluxá y, en especial, con Antonio Fluxá Rosselló (1936-2015), Don Antonio, su presidente, que tristemente nos dejó el pasado viernes. Antonio Fluxá Rosselló fue una persona afable, entrañable, con un tratamiento cercano hacia los que le rodeaban que sin lugar a dudas formaba parte de su ADN, de la herencia que le dejó su padre, Lorenzo Fluxá Figuerola, al que admiraba y recordaba diariamente, y el padre de éste, su abuelo y fundador de Lottusse, Antonio Fluxá Figuerola. Fue creador de equipos construidos con personas que sentían la empresa como suya. Porque no se puede entender de otra forma cuando se lleva inoculada en la sangre a Lottusse y ésta, forma parte de cada bocanada de aire que se inspira y expira. Su enamoramiento hacia el calzado era indescriptible y gratamente contagioso. Por ello, contaba orgulloso, con los ojos vidriados por la emoción, que él era, por encima de todo, zapatero. La década de los sesenta comenzó en Lottusse con él, la tercera generación, incorporado en la empresa. La gestión de Antonio Fluxá Rosselló aportó un espíritu vanguardista, innovador, pero perfectamente equilibrado con la tradición de la marca. Con él surgieron las primeras campañas de publicidad de Lottusse; unos anuncios novedosos en un sector rancio en comunicación. Para ello, contrató a MMLB, la agencia de publicidad que transformaría la comunicación comercial española con sus nuevos planteamientos. Fueron anuncios modernos, con un lenguaje rupturista que, narrando en muchas ocasiones y de forma detallada distintos momentos del proceso de fabricación, perseguían mitificar el producto provocando la expectación. Mantuvo la actividad nacional e internacional de Lottusse a un ritmo ascendente y no solo en cuanto al volumen de ventas. Un ejemplo estaba en la continua asistencia a ferias internacionales, que se convertían en verdaderos puntos estratégicos para la búsqueda de nuevos mercados, ideas y la identificación de proveedores de materiales y maquinaria. Por otro lado, la formación académica en Química, le permitió incorporar a la fabricación del calzado todo un abanico de materiales, de pieles, nunca antes utilizados, suponiendo una verdadera revolución para la marca y por lo tanto, para el mercado. Entendió que toda la experiencia acumulada en el trabajo con piel en Lottusse, podría extenderse a otro tipo de productos que pudieran complementarse con el calzado, comenzando así a fabricar los complementos Lottusse (cinturones, bolsos, chaquetas..). Y también vio nacer las tiendas Lottusse en numerosas ciudades españolas y cómo la marca llegaba a países jamás soñados en los comienzos de toda esta historia centenaria. El final de la década de los noventa, del siglo XX y del milenio, como si tales coincidencias hubiesen estado esperando para ello toda la vida, coincidió también con el comienzo de un nuevo ciclo, en este caso, de una nueva generación. La pasión de Lottusse, incombustible desde sus inicios, empezó a asumir un nuevo relevo que le permitía en las décadas siguientes apostar por nuevos retos, horizontes donde ella, la pasión, protagonizara los acontecimientos más excitantes que deparara el futuro. Y este relevo se sucedió así, de forma natural, cuando Antonio Fluxá Rosselló miraba hacia atrás y se veía correteando entre las máquinas de la United, en la primera fábrica -la que construyó su abuelo- bajo la mirada atenta de su padre. O cuando con otro guiño a la memoria, se adelantaba a 1962 y comenzaba a participar en el futuro de Lottusse. La historia fue marcando su curso y llegó una nueva etapa, cuando él observó a su hijo Juan Antonio sabiendo que el rumbo de Lottusse debería marcarlo éste en los próximos años. Ley de vida. Empezó así a dejarle el timón del navío, quien ha disfrutado del sosiego de tener como compañero de travesía en los últimos años a una persona que, además de amar mucho la brisa marinera „Don Antonio fue un apasionado del mar„, contaba con más de medio siglo de experiencia en el alta mar que le había brindado Lottusse. "Calma, tacto y paciencia", decía. Quedémonos con esto; esencia de Don Antonio, savia de Lottusse y patrimonio de Mallorca. * Responsable de www.lahistoriadelapublicidad.com

ubo un tiempo en el que el pueblo mallorquín de Inca, donde nació Lottusse, se regía por un horario diferente al manejado por el resto del planeta. Los relojes de bolsillo, los de pulsera, los que marcaban las horas con el movimiento del sol „tan frecuentes en esta tierra„, e incluso los sobrios relojes de pared o las propias campanas de las iglesias, habían perdido cualquier atisbo de crédito. Ya no eran útiles. Aquí, en Inca, hubo un tiempo en el que el ritmo de sus habitantes lo marcaba el sonido de las sirenas de las fábricas de calzado, las mismas que en cada oportunidad sonora, animaban a pensar en una ansiada prosperidad. Cada una de ellas distinta; cada una de ellas perfectamente reconocible por sus respectivos trabajadores".
Así comenzaba el libro Lottusse. El viaje de una pasión, que con motivo de su 135 aniversario, la firma de calzado me encargó escribir para contar su historia. Este fue el punto de partida de la relación que me unió con la familia Fluxá y, en especial, con Antonio Fluxá Rosselló (1936-2015), Don Antonio, su presidente, que tristemente nos dejó el pasado viernes.
Antonio Fluxá Rosselló fue una persona afable, entrañable, con un tratamiento cercano hacia los que le rodeaban que sin lugar a dudas formaba parte de su ADN, de la herencia que le dejó su padre, Lorenzo Fluxá Figuerola, al que admiraba y recordaba diariamente, y el padre de éste, su abuelo y fundador de Lottusse, Antonio Fluxá Figuerola.
Fue creador de equipos construidos con personas que sentían la empresa como suya. Porque no se puede entender de otra forma cuando se lleva inoculada en la sangre a Lottusse y ésta, forma parte de cada bocanada de aire que se inspira y expira. Su enamoramiento hacia el calzado era indescriptible y gratamente contagioso. Por ello, contaba orgulloso, con los ojos vidriados por la emoción, que él era, por encima de todo, zapatero.
La década de los sesenta comenzó en Lottusse con él, la tercera generación, incorporado en la empresa. La gestión de Antonio Fluxá Rosselló aportó un espíritu vanguardista, innovador, pero perfectamente equilibrado con la tradición de la marca. Con él surgieron las primeras campañas de publicidad de Lottusse; unos anuncios novedosos en un sector rancio en comunicación. Para ello, contrató a MMLB, la agencia de publicidad que transformaría la comunicación comercial española con sus nuevos planteamientos. Fueron anuncios modernos, con un lenguaje rupturista que, narrando en muchas ocasiones y de forma detallada distintos momentos del proceso de fabricación, perseguían mitificar el producto provocando la expectación.
Mantuvo la actividad nacional e internacional de Lottusse a un ritmo ascendente y no solo en cuanto al volumen de ventas. Un ejemplo estaba en la continua asistencia a ferias internacionales, que se convertían en verdaderos puntos estratégicos para la búsqueda de nuevos mercados, ideas y la identificación de proveedores de materiales y maquinaria. Por otro lado, la formación académica en Química, le permitió incorporar a la fabricación del calzado todo un abanico de materiales, de pieles, nunca antes utilizados, suponiendo una verdadera revolución para la marca y por lo tanto, para el mercado.
Entendió que toda la experiencia acumulada en el trabajo con piel en Lottusse, podría extenderse a otro tipo de productos que pudieran complementarse con el calzado, comenzando así a fabricar los complementos Lottusse (cinturones, bolsos, chaquetas..). Y también vio nacer las tiendas Lottusse en numerosas ciudades españolas y cómo la marca llegaba a países jamás soñados en los comienzos de toda esta historia centenaria.

El final de la década de los noventa, del siglo XX y del milenio, como si tales coincidencias hubiesen estado esperando para ello toda la vida, coincidió también con el comienzo de un nuevo ciclo, en este caso, de una nueva generación. La pasión de Lottusse, incombustible desde sus inicios, empezó a asumir un nuevo relevo que le permitía en las décadas siguientes apostar por nuevos retos, horizontes donde ella, la pasión, protagonizara los acontecimientos más excitantes que deparara el futuro.
Y este relevo se sucedió así, de forma natural, cuando Antonio Fluxá Rosselló miraba hacia atrás y se veía correteando entre las máquinas de la United, en la primera fábrica -la que construyó su abuelo- bajo la mirada atenta de su padre. O cuando con otro guiño a la memoria, se adelantaba a 1962 y comenzaba a participar en el futuro de Lottusse. La historia fue marcando su curso y llegó una nueva etapa, cuando él observó a su hijo Juan Antonio sabiendo que el rumbo de Lottusse debería marcarlo éste en los próximos años. Ley de vida. Empezó así a dejarle el timón del navío, quien ha disfrutado del sosiego de tener como compañero de travesía en los últimos años a una persona que, además de amar mucho la brisa marinera „Don Antonio fue un apasionado del mar„, contaba con más de medio siglo de experiencia en el alta mar que le había brindado Lottusse.
"Calma, tacto y paciencia", decía. Quedémonos con esto; esencia de Don Antonio, savia de Lottusse y patrimonio de Mallorca.

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