Entrevista

El arquitecto premio Pritzker 2023: “Hay que centrarse en la sostenibilidad”

David Chipperfield cree que es hora de cuestionarse el progreso tal y como se entendía y valorar el medio ambiente y la comunidad a la hora de edificar

David Alan Chipperfield, este miércoles en la Praza do Obradoiro.

David Alan Chipperfield, este miércoles en la Praza do Obradoiro. / XOÁN ÁLVAREZ

Carmen Villar

Soplan vientos de cambio en la arquitectura. El arquitecto británico David Chipperfield, premio Pritzker 2023 –considerado el Nobel de la arquitectura– cree que es hora de cuestionarse el progreso tal y como se entendía y valorar el medio ambiente y la comunidad a la hora de edificar. Su filosofía es reutilizar antes que construir edificios nuevos, como demostró con el Bar do Porto, en Corrubedo, localidad coruñesa donde posee casa y en la que pasa mucho tiempo.

–El Pritzker, y el Nobel, suele llegar como culmen de una carrera. ¿Cómo lo percibe usted?

El premio llega en un punto de madurez en mi vida en el que quizás supone una oportunidad para reflexionar qué quiero hacer después y creo que también llega en un momento en el que la profesión en sí misma se encuentra en un proceso de reflexión. Porque después de 30-40 años en el que profesión e industrias estuvieron creciendo, desarrollándose, en un proceso muy conectado con la inversión global, la mercantilización de los edificios y el aumento del valor de la construcción, tras ese período, que ha producido un montón de problemas, creo que estamos ahora en otro momento de reflexión sobre cómo la arquitectura y la planificación pueden contribuir más a la sociedad y al medio ambiente en lugar de tener que ver solo con el comercio, la inversión y los aspectos prácticos.

Eso que usted explica parece poco compatible con el concepto de arquitecto estrella, que usted ya ha cuestionado en alguna ocasión, que representarían una apuesta por una arquitectura más megalómana...

Creo que eso tiene que cambiar, ahora parece anticuado. Tendremos que centrar nuestras habilidades y capacidades profesionales en términos de sostenibilidad, protección y mejora del medio ambiente. Ahora no queda otra.

Pero, quienes pagan las facturas, como administraciones, instituciones..., ¿están en el mismo barco? ¿Comparten esa misma idea?

Cierto que, sin esa parte, es imposible, pero está llegando. La cuestión es si podemos influir sobre quienes nos hacen los encargos. Cada vez más les decimos a los clientes “no derrumben el edificio, renovémoslo” y si antes los clientes decían “no, no, no”, ahora están empezando a entender que parecerá un poco mejor si también lo consideran. No todos, pero se está moviendo. Incluso los políticos. Los políticos tienen que interesarse más por ese aspecto y lo están. A veces no lo dicen en serio, pero lo dicen. No importa: si lo dicen, está bien.

¿Qué hace reconocibles sus edificios? El jurado del Pritzker habla de “presencia cívica”, “austeridad”, al margen de “tendencias y modas”...

No lo sé. Creo que siempre intentamos abordar los proyectos tratando de entender de qué manera pueden contribuir al lugar, a la calidad para las personas que viven o trabajan allí. Trato de buscar cualidades fundamentales en lugar de cualidades superficiales. También opino que la arquitectura debe valorarse por sus cualidades vivenciales más que solo por sus cualidades visuales. El diseño no es solo algo para mirar, sino para experimentar cómo es estar en un edificio, qué se siente, incluso desde fuera, no solo qué aspecto tiene. Supongo que es una cuestión de sustancia versus imagen. Ha sido una gran presión en los últimos treinta años que la arquitectura se convierta en parte del consumismo y el consumismo necesita autopromocionarse. Eso es algo que necesitamos dejar atrás.

En una entrevista avisó contra la idea de hacer de los museos un elemento tractor de más turismo.

Sí. La cuestión no es que no deban atraer gente, sino que no debería ser el propósito. El propósito de un museo debería ser el interés en el tema del museo. No se pueden utilizar solo como promoción. Si no, no funcionan. Pero se usan así cada vez menos en Europa.

Pasa mucho tiempo en Galicia. ¿Aprendió algo de su arquitectura, incluso del llamado “feísmo”?

Aprendí que no creo que un mal edificio destruya un pueblo o una ciudad, pero sí lo hace una mala planificación.

A estas alturas de su carrera, ¿qué encargo le gustaría recibir?

Hemos recibido muchos proyectos bonitos, un montón de museos... Siempre disfruto de hacer museos. Me gustaría hacer más viviendas. Creo que la vivienda, en especial las viviendas sociales, las viviendas asequibles, han sido descuidadas en los últimos años y considero que se han convertido en una cuestión importante que las ciudades deben abordar.

Y, por el contrario, ¿qué no estaría dispuesto a hacer?

Tengo que ser prudente con lo que diga. ¿Qué no haría? No quisiera hacer nada que sea intrínsecamente negativo para el medio ambiente. Es tentador decir que no harías una prisión, por ejemplo, pero, de hecho, hacer una buena prisión sería bastante interesante, y me gustaría hacer un hospital. No hay nada que no quisiera hacer. No creo que se trate del programa, es decir, se podrían cuestionar los aeropuertos, pero los necesitamos, sino que creo que tiene más que ver con el espíritu con el que se plantease la cuestión. Si alguien me pide hacer una prisión, pero la prisión no tiene ambiciones respecto a ser buena para los prisioneros, entonces no estoy interesado, pero si viene alguien y me dice que considera que el entorno de los presos debería ser mejorado y realmente pretende hacer una buena prisión o un buen hospital, entones sería muy interesante.

Es decir, que tiene usted también en cuenta cierto aspecto ético en el encargo.

Sí, es más la expectativa.