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'Influencers' de la salud mental

La tendencia de que artistas, famosos o deportistas hablen abiertamente de este tema puede ser positivo a la hora de luchar contra el estigma todavía tienen asociado estas enfermedades

Alejandro Sanz.

Alejandro Sanz. / Ricardo Grobas

Montse González

Cada vez son más los famosos o artistas, como los cantantes Alejandro Sanz o Juanes, o como el jugador de baloncesto Ricky Rubio, que se deciden a hablar abiertamente sobre sus problemas de salud mental. Según los expertos, la visibilización de este tipo de enfermedades, que siempre conllevan un importante estigma social, es positiva a la hora de que otras personas se sientan identificadas y se animen a dar el paso de pedir ayuda.

El psicólogo pontevedrés y profesor de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) Roberto Antón Santiago apunta que “visibilizar este tipo de situaciones ayuda a normalizarlas, a entender que pueden sufrirlas personas diversas, con un estatus social o un nivel de vida diferente al nuestro, y nos hace más conscientes de la complejidad y de la dificultad que conllevan”.

“Que personajes públicos y admirados hablen abiertamente sobre sus dificultades y las hagan públicas facilitan su comprensión y ayudan a personas que sufren procesos similares sean conscientes de lo que les sucede. Hasta hace poco tiempo no se entendían este tipo de problemas, pero, por fortuna, y en gran parte por la visibilidad que están adquiriendo, cada vez este tipo de situaciones son más conocidas”, añade.

Beatriz González, psicóloga sanitaria y directora del gabinete “La mariposa azul”, coincide: “Ayuda a visibilizar un poco más el tema de los problemas relacionados con la salud mental, sobre todo en la gente joven”. De hecho, ella misma ha recibido en su consulta a pacientes que a través de las redes han llegado a una identificación de sus propios síntomas. “Les ayudó a comprender lo que les estaba pasando”, expone: “Obviamente, no les da la solución a lo que les ocurre, pero les puede animar a buscar ayuda”.

Roberto Antón Santiago subraya que “se han producido dos cambios notables” a la hora de afrontar estas enfermedades. “Por una parte, hay una normalización total entre la gente joven en general y entre los adolescentes en particular”, apunta: “Antes era habitual que acudiesen a la consulta progenitores preocupados por la situación de sus hijos, pero los adolescentes no parecían tener demasiado interés en acudir y lo hacían, mayoritariamente, obligados. En la actualidad, son mayoría los adolescentes y jóvenes que acuden con total normalidad solicitando ayuda y hablando abiertamente de sus dificultades con el fin de darle solución”.

Beatriz González también constata que “entre los jóvenes cada vez hay menos reticencias a acudir a terapia e incluso, a raíz del COVID –donde se ha visto incrementada la demanda de los servicios de psicología–, muchas veces son ellos mismos los que solicitan ayuda”.

“Resulta esperanzador escuchar la soltura que tienen los jóvenes para hablar abiertamente de sus emociones, de sus sentimientos y de las dificultades y fortalezas asociadas a ambas esferas del individuo. Son muy conscientes de la importancia de su estado emocional en su vida, y en la de las personas que viven a su alrededor”, dice el psicólogo, que además preside la Asociación de Terapia Familiar e Mediación de Galicia.

Otro de los cambios importantes en relación a las demandas de ayuda ha sido, según Roberto Antón, el de la incorporación del hombre a este tipo de procesos psicoterapéuticos: “Abordar este tipo de situaciones parecía un contexto casi exclusivo del género femenino, pero en los últimos años los hombres se han incorporado a hablar de sus dificultades psicológicas y a tratar de resolverlas”.

Por otra parte, los expertos no encuentran puntos negativos en esa exposición mediática, ni consideran que pueda derivar en una banalización de las enfermedades mentales. “Hay momentos vitales importantes en la vida de las personas que siguen siendo un tabú y que no forman parte de las conversaciones ni de las modas, ni abren telediarios. Y muchos de esos momentos vitales tienen una importante carga psicológica que quizá requiera algún tipo de apoyo. Me refiero, por ejemplo, a algo tan frecuente y poco abordado como un aborto, una enfermedad crónica, una pérdida...”, enumera Antón. “En el caso de que pueda ser un efecto llamada, lo peor que puede pasar es que un profesional le transmita a la persona que acude, quizás un poco perdida, un mensaje como el de ‘no te preocupes, lo que te sucede es algo natural’”.

“Si vas al psicólogo solo por moda no vas a durar”, afirma Beatriz González. “Ir a terapia es duro. Hay que trabajar, ahondar, hablar de cosas que no te gustan y estar dispuesto a escuchar cosas que no quieres. Solo por moda no vas a ir, puedes ir una o dos sesiones a modo de curiosidad, pero seguir en la terapia lo vas a hacer solo si ves que eso te ayuda o te sirve para algo”.

“Si acudes a terapia tienes que hacerlo con actitud de cambio”

Beatriz González

— Psicóloga

Para evitar la patologización de problemas que no son realmente graves, Roberto Antón indica que “una persona debería pensar que puede ser útil acudir a un psicólogo cuando tiene algún tipo de dificultad que ha intentado resolver con sus medios pero considera que no logra avance o que no puede hacerlo por sí sola o con la ayuda de las personas que la rodean”. De este modo, no considera “que todo el mundo tenga que ir al psicólogo, o que tenga que ir regularmente para ver cómo va y llevar a cabo ajustes en su vida”: “Desde mi punto de vista es más simple: si no estás siendo capaz de resolver algo con tus medios, pide ayuda”.

“El duelo, por ejemplo, es un proceso natural que la mayoría de las personas pueden resolver de forma adecuada, pero hay ciertos casos en los que puede ser útil una ayuda externa. Pero no porque te separes o se te muera un familiar tienes que ir al psicólogo”, dice González. “Si vas, tienes que ir con la actitud de cambio. Muchas veces, en el simple hecho de llamar y pedir cita ya empieza el cambio, pero en otras ocasiones la gente viene porque le manda su mujer, su madre, un hijo... En estos casos, en un porcentaje muy elevado, la terapia acaba en fracaso”, advierte.

“Visibilizar este tipo de situaciones ayuda a normalizarlas”

Roberto Antón Santiago

— Psicólogo

“Cuando hablamos de un problema de la vida (un duelo, una situación de estrés, un conflicto en el trabajo...), hay gente que sí tiene los recursos para salir de esa situación. Acudir al psicólogo es un recurso y si lo ves necesario y estás dispuesto a utilizarlo, adelante. Sobre todo cuando uno ve que tiene un problema de la vida que no le deja vivir”, dice la directora de “La mariposa azul”.

La ansiedad es uno de los mayores problemas con los que las personas acuden a consulta. “Uno de los grandes males de nuestro tiempo tiene que ver con la ansiedad, especialmente con la preocupación excesiva por el futuro y el sufrimiento por eventos futuros que no van a suceder”, dice Roberto Antón. “Vivimos en tiempo de miedos. Miedo a la guerra, al alza de los precios, a los desastres naturales, a perder el empleo, la pareja... Preocuparnos es algo positivo, el problema es cuando esa preocupación se vuelve incontrolable y las personas viven más en el futuro catastrófico que en el presente. Su estado es de alerta constante y tratan de controlar todo lo que le rodea, algo que, por definición, es imposible”, afirma. “Hay personas acuden a nuestras consultas manifestando que llevan tiempo sufriendo síntomas como presión en el pecho, dificultad para respirar o taquicardias, pero habían pensado que podrían superarlo o que la ansiedad era algo que no tenía que ver con ellos; en ocasiones, compartirlo con sus amigos o conocer a otras personas por redes sociales que viven situaciones similares las ha animado a pedir ayuda y a tratar de resolver el problema”.

Ante la creciente demanda de sus servicios, Beatriz González apunta que los mayores retos a los que se enfrentan hoy en día los psicólogos son los de “gestionar la agenda” y el “autocuidado”: “Esa parte de cuidado del profesional para mantenerse saludable”.

Roberto Antón apunta también como reto “la actualización constante”. “Los tiempos cambian vertiginosamente y las demandas, también. Lo que hace poco veíamos como problemas lejanos cuando expertos internacionales nos hablaban de ello, ahora están presentes en nuestro contexto. Recuerdo hace no muchos años cómo algún profesional de renombre norteamericano nos hablaba de las autolesiones en adolescentes; en aquel momento lo sentía como algo lejano ligado a la idiosincrasia yanqui. Hoy en día, no me equivocaría demasiado si digo que en cada clase de la ESO del lugar donde vives hay dos o más adolescentes que se autolesionan”, afirma. “Esto implica formación, cuestionarse constantemente nuestras ideas y tratar de encontrar la mejor manera de ayudar a las personas con las que trabajamos”.