CON CONSTANCIA Y REHABILITACIÓN YA CONSIGUE MOVER LOS BRAZOS

“Soy tetrapléjica y me dicen que no puedo ser médico sin comprobar lo que puedo hacer”

La extremeña Berta Domínguez (28 años) sufrió una lesión medular al tirarse a una piscina | Acabó medicina y este año ha aprobado el MIR pero le impiden incorporarse a las dos plazas que ha solicitado: Familia y Preventiva | “No pueden hablar de inclusión y de que faltan médicos. Yo estoy deseando ayudar y trabajar y no me dejan”

La extremeña Berta Domínguez, mientras estudiaba el MIR.

La extremeña Berta Domínguez, mientras estudiaba el MIR. / El Periódico de Extremadura

Sira Rumbo Ortega

Le habían preparado una fiesta a una compañera que se marchaba a estudiar fuera en casa de otro amigo. Berta Domínguez (Badajoz, 1994) estudiaba entonces 5º de Medicina en Salamanca. Era verano. Hacía calor y por la tarde decidió darse un chapuzón en la piscina. Se colocó en el bordillo y se tiró de cabeza, como siempre hacía. Pero esta vez las manos se le resbalaron en el fondo de la piscina y se golpeó en la cabeza. Fue leve, al menos así lo recuerda ella, pero se quedó inconsciente. Consiguieron sacarla de la piscina y una ambulancia la trasladó al hospital. El impacto provocó que se le estallara la vértebra C5 y se la fracturara la C6. Se quedó tetrapléjica. Inmóvil.

Ella, dice, no fue consciente de lo que realmente le pasaba hasta que reconoció al médico que la iba a operar, un neurocirujano con el que había hecho prácticas unos meses antes. “Fue un golpe muy pequeñito. Siempre pensé que me iba a recuperar, pero no ha sido el caso”, cuenta a este diario. Sí ha conseguido muchos logros. Se quedó postrada en una cama y ahora es capaz de asearse sola, de maquillarse, de arreglarse el pelo, puede levantar hasta 12,5 kilos con los brazos y cada vez aguanta más tiempo de pie. Hace rehabilitación a diario, vive con su pareja y tiene una persona que le ayuda un poco por las mañanas. “Día a día es un calvario. Sueño que ando y que hago de todo, pero cuando me despierto no puedo hacer nada”, dice.

No se rinde. Tampoco lo hizo entonces. Su sueño siempre había sido ser cirujana, pasión que le viene de su padre, médico de esa especialidad. Con 16 años la llevó a una operación y desde entonces siempre supo que quería ejercer en un quirófano. Por eso, tras sufrir el accidente, tomó la decisión de continuar con la carrera. Y la aprobó. No sin trabas. Presentó un certificado de discapacidad y consiguió que adaptaran los exámenes a su situación, llegó a hacerlos desde el hospital, pero hubo quien no lo entendió. Estando en el hospital de tetrapléjicos de Toledo, donde pasó nueve meses de su vida, se sometió a una prueba de la especialidad de endocrino, tenía que hacerla oral porque no podía escribir, no movía las manos. El profesor la desacreditó: “Me dijo que si no movía las manos para qué quería hacer medicina, que cómo iba a hacer el examen oral, que no estaba en las mismas condiciones que mis compañeros”, recuerda.

“Primero ponme a prueba y luego me dices que no puedo hacerlo, pero no han valorado eso. Con las ayudas pertinentes puedo ser una buena médica. Pocos médicos pueden decir que han sido pacientes durante tanto tiempo”

No le importó. Siguió con su propósito. “Me daba igual porque me han dicho muchas veces lo que no puedo hacer y al final lo he hecho. Me dolió por mis padres, estaban allí delante”, cuenta. Después hizo las prácticas en silla de ruedas en la Fundación Jiménez Díaz. Pasó por los quirófanos, por psicología, por psiquiatría, … Desarrolló el Trabajo de Fin de Grado (TFG) y consiguió el título de Medicina en 2020. Fue un proceso largo y duro: “Lo he pasado muy mal estudiando porque el estrés y los nervios repercuten mucho en mi enfermedad”, explica. Así que decidió apartar el MIR unos años, el siguiente paso a aprobar la carrera, y dedicarse a la rehabilitación.

Un primer plano de la joven médica.

Un primer plano de la joven médica. / El Periódico de Extremadura

Acaba de aprobar el MIR

Hasta que en 2022 su hermana, también licenciada en Medicina y dos años menor que ella, decidió presentarse. Pensó que sería una oportunidad prepararse juntas. Aprobaron las dos. “No tenía adaptación, estudiaba con las piernas en alto por la hipotensión y con cojines porque por los espasmos se me cruzaban las piernas”, recuerda. Y tuvo que ‘reaprender’ a escribir“Tuve que coger destreza para tomar apuntes, pero cogí mis mañas y aprobé”, dice orgullosa. Su hermana fue su principal apoyo. “Estamos muy unidas, todos los resúmenes que hacía me los pasaba para que pudiera estudiar mejor, hicimos simulaciones juntas, … No creo que pudiera haberlo hecho sin ella”, reconoce.

Al final su hermana consiguió una plaza de Medicina Familiar y Comunitaria en Badajoz. Ella quería haber cogido Psiquiatría pero no le dio la nota, así que optó también por esa especialidad pero en el 12 de Octubre de Madrid (no quiere moverse de la capital española porque es allí donde lleva a cabo su rehabilitación). Siempre quiso ser cirujana pero fue consciente de que, dadas sus circunstancias, en estos momentos era imposible. No lo descartaba para más adelante porque las nuevas tecnologías pueden ayudarla a ejercer. Pero ya ni eso lo cree una opción pues justo el día antes de incorporarse a su plaza le comunicaron que no podía trabajar y que su contrato quedaba roto“En todo el proceso todos fueron conscientes de mi discapacidad, es algo que se ve. Fui a firmar el contrato a la unidad docente y tuve que agarrar el boli con las dos manos. Nunca nadie me dijo que no podía ejercer”, se lamenta.

“Día a día es un calvario. Sueño que ando y que hago de todo, pero cuando me despierto no puedo hacer nada”

Tras esa rúbrica se sometió al examen de salud laboral, pero el resultado fue “no apto” porque “no podía hacer lo básico, como es explorar”. Se lo comunicaron a través de un correo electrónico. “Se me vino el mundo encima, todo mi esfuerzo no ha servido para nada. Todo el mundo estaba para que no ejerciera en lugar de para ayudarme”, se resigna. Está convencida de que puede ser una buena médica. “Primero ponme a prueba y luego me dices que no puedo hacerlo, pero no han valorado eso. Con las ayudas pertinentes puedo ser una buena médica. Pocos médicos pueden decir que han sido pacientes durante tanto tiempo”, comenta.

Pidió otra plaza que ahora está también en suspense

Tuvo que solicitar una prórroga para no perder su plaza y al poco tiempo le informaron de que podía optar a un cambio de especialidad. Pidió Psiquiatría, Radiodiagnóstico, Nefrología, Alergología y Medicina Nuclear, las que ella creía que podía ejercer y le gustaban. Pero también se las denegaron porque estaban todas las plazas cubiertas (hay cupos para discapacidad pero solo se ofrecen las plazas que quedan libres una vez que todo el mundo escoge).

La única especialidad a la que podía acceder era Medicina Preventiva. No le gustaba, pero no le dejaron otra opción. “Decidí cogerla porque no puedo estar más tiempo sin ingresos. Por mi lesión tengo muchos gastos en medicinas, rehabilitación,… y no puedo estar siempre dependiendo de mis padres”, explica. Pero el camino se ha vuelto a truncar. A última hora de ayer recibió un correo del Ministerio de Sanidad para comunicarle que su petición quedaba en suspense y tenía que ser avalada aún por la comisión nacional de medicina preventiva. No pueden asegurarle “en qué año ni en qué condiciones” va a incorporarse.

Se siente “frustrada” y “engañada”. “Estoy desgastada y agotada de pelear por algo que ya he conseguido”, se resigna. “No sé cómo puede estar tan deshumanizado todo, en todo este proceso no he visto cara a cara a nadie. No pueden hablar de inclusión y de que faltan médicos y yo estoy deseando ayudar y trabajar y no me dejan”, se queja. “Tengo mucha perseverancia, pero después de esto último tengo la sensación de que están jugando un partido y yo soy la pelota, pero voy a seguir luchando para ser lo que quiero”.