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Diario de Mallorca

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Refugiados

Un viaje humanitario de más de 5.400 kilómetros

Un mecánico de Valencia cruza Europa para llevar alimentos a los refugiados y regresa con nueve ucranianas que huían de la invasión rusa

Vicente, junto a uno de los refugiados.

Vicente Ferrer es un mecánico de coches que reside en Sellent. También tiene un gran corazón. Ha cruzado media Europa con su vehículo para recoger a varios refugiados ucranianos. Acompañado por el diputado granadino José Antonio Rodríguez, ha consiguido traer a nueve refugiados ucranianos hasta España. Los dos cargaron sus coches el 17 de marzopara poner rumbo a Polonia. El Club Tesla y la ONG catalana 'Es Per Tu' les apoyaron para convertir en realidad su sueño.

Su primera parada fue Aranda del Duero, donde recogieron una tonelada de material humanitario para llevarlo a un albergue de refugiados ucranianos en Cracovia. Miles de kilómetros les separaban de su segundo destino, pero Ferrer y Rodríguez no querían perder tiempo ni hacer esperar a los refugiados que necesitaban los productos de primera necesidad. Por esta razón dormían los minutos que tardaba el coche en cargarse, es decir, entre 45 minutos y una hora.

La llegada a Cracovia fue de madrugada y un cura les esperaba en la puerta de su iglesia. "No se podía creer que estuviéramos haciendo este viaje de manera voluntaria y nos ofreció descansar un poco allí", comenta Ferrer. Pero nada más dejar el material, emprendieron rumbo a la siguiente ubicación que les marcaba el mapa. La ONG les había transmitido la posibilidad de recoger a unos refugiados y traerlos a España. No lo dudaron.

Ferrer tuvo que traer consigo a dos hermanas de 12 y 18 años, que habían perdido a su familia en la guerra y a una madre y su bebé de apenas año y medio. Uno de los mayores problemas fue el idioma, que finalmente consiguieron solventar gracias a los traductores que llevaban todos en los móviles. Con ese sistema, las refugiadas que transportaba Ferrer le contaban qué ocurrían en tiempo real en sus pueblos o sus propias historias de vida. "Cada 100 km las chicas me escribían un texto de agradecimiento y lo reproducían con el traductor del móvil", señala Ferrer emocionado. "Gracias por lo que estáis haciendo por el pueblo ucraniano, no dudéis que vamos a rezar vosotros y vuestras familias", era el mensaje más repetido por las chicas.

El viaje de vuelta les trajo muchas anécdotas, pero sobre todo, una hermandad muy fuerte. Las paradas para llenar el depósito del coche y comer se fueron convirtiendo en momentos desenfadados y alegres para evadirse de una realidad que para los refugiados es desgarradora. Según Ferrer, "los familiares que se quedaron en Ucrania estaban muy preocupados por el estado en el que se encontraban todos, por eso José Antonio y yo decidimos enviarles fotos y vídeos enseñándoles como estaban y la ubicación en tiempo real para que conocieran en todo momento su trayectoria".

El viaje terminó varios días después en diferentes puntos del territorio español. Los refugiados fueron recibidos por parientes o familias de acogida, entre abrazos, gritos de alegría y bastantes lágrimas de emoción. "Todos los integrantes del viaje seguimos hablando todos los días y nos preguntamos mutuamente como estamos", afirma Ferrer.

El mecánico de Sellent no descarta preparar otro viaje para llevar material humanitario y recoger a más refugiados. "Nunca podré agradecer lo suficiente al club Tesla por apoyarnos en esta aventura", concede Ferrer, que tampoco olvidará nunca a su nuevo gran amigo, José Antonio Rodríguez.

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