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Las mascarillas españolas, en la cuerda floja

Los vigueses Denis Pérez y Diego Rivas, en las instalaciones de su fábrica Iberomask, ubicada en Burgos.

Los vigueses Denis Pérez y Diego Rivas, en las instalaciones de su fábrica Iberomask, ubicada en Burgos.

Los productores nacionales de mascarillas y equipamiento de protección contra el COVID-19 se han unido en una asociación, a la que han llamado OESP (Asociación Española de Fabricantes de Mascarillas, Batas y EPIS), y aglutina a empresas fabricantes de estos productos sanitarios de todo el país buscando, entre otros, proteger el producto nacional y evitar futuras carencias como ocurriera en la primera ola del coronavirus en marzo de 2020.

Uno de los integrantes de esta asociación es Iberomask, fundada por los vigueses Denis Pérez y Diego Rivas. El primero destaca que la situación actual del sector es delicada. “Se hizo una llamamiento muy grande por parte del Ministerio de Industria en el que animaba a todo tipo de productores a fabricar todo tipo de material anti-COVID, pero esa llamada ha quedado en nada”, se lamenta. Pérez se muestra “muy crítico con las instituciones de nuestro país porque en un momento se nos necesitaba a los fabricantes nacionales y ahora parece que ya no se nos necesita, volviendo a una situación previa de pandemia de dependencia de material sanitario”, subraya.

Según el empresario vigués, “no se ha fomentado nada, por lo menos en España, la instauración de fábricas de material sanitario hasta el punto de que las licitaciones se las ganan todos productos chinos”. Y aunque algunas de las empresas españolas mantienen una base de clientes sólida, muchas viven una situación crítica, ya que les resulta imposible competir contra el mercado asiático y sus precios. Por eso, considera importante la creación de OESP para “defender nuestros intereses. Estamos haciendo un esfuerzo para concienciar a la sociedad de que hay que consumir lo que se fabrica aquí”.

“Es importante unirnos todos para defender este sector que corre riesgo real de desaparecer. España y Europa no deberían depender de Asia en situaciones como esta. Si no protegemos al sector volveremos a estar sin elementos de protección cuando más se necesiten”, indica Francisco Sánchez, presidente de OESP.

Dependencia

Según destacan en la propia web de la asociación, mercados como el estadounidense ya han firmado decretos para no depender tanto del mercado asiático. “El gobierno español debería hacer lo mismo. Debería de apostar por el producto sanitario nacional que ha demostrado responder cuando lo ha necesitado. Esto evitaría inconvenientes de suministros, pérdidas o estafas como los vividos en los primeros meses de la pandemia”, incide Sánchez. Además, sería una manera de apoyar el crecimiento económico y de empleo de España, tal y como respaldan los datos de la veintena de empresas ya asociadas a OESP, un sector que según Denis Pérez ha llegado a dar trabajo, de forma directa o indirecta, a más 2.000 personas desde el estallido de la crisis del coronavirus. “Cuando España entera estaba confinada el sector generó empleo y algunos de los que formamos parte de la asociación seguimos manteniendo ese empleo, pero a nosotros no nos ha ayudado nadie”, lamenta.

Ahora mismo, el vigués califica la situación actual como “un desastre”. “Las fábricas nacionales están cerrando de tres en tres y la administración no solo no está actuando, sino que mira para otro lado. ¿Eso qué consecuencias tiene? Que vamos a regresar a la misma situación del año pasado, de dependencia, y cuando vuelva a pasar algo, que Dios no lo quiera, habrá que ir de nuevo a comprar a China otra vez a cien veces el precio”, vaticina.

“En marzo del año pasado había mascarillas que se vendían a 25 euros, y que ahora valen 5 céntimos, con lo que estamos hablando de 500 veces su precio. El Gobierno de nuestro país, en las compras de los meses de marzo, abril y mayo ha tirado miles y miles de millones de euros, no cientos, miles, en la compra de mascarillas fuera de precio y ahora no hay ningún tipo de apoyo a la industria nacional. Cuando venga la próxima pandemia, ¿aquí quién fabrica? ¿Somos una industria realmente que deba ser considerada como sector estratégico o no lo somos?”, se pregunta.

Imposible competir

Resulta paradójica la situación en un momento en el que la mascarilla es obligatoria en casi todas las situaciones, lo que aumenta la demanda. “El problema es que es imposible competir. A nosotros una empaquetadora nos puede costar entre 1.800 y 2.000 euros. Y trabaja a la semana unas 35 horas. En China, una empaquetadora cobra 300 dólares, y en lugar de trabajar 35 horas cinco días, trabajan seis días una media de 10 o 12 horas al día; el doble de horas por una sexta parte del dinero, o lo que es lo mismo, la hora nos sale a nosotros entre 12 y 14 veces más cara”, calcula. “Es imposible competir”.

Igualdad de trato

Solicitan, además, “igualdad de trato” a las instituciones del Estado. “Nosotros estamos certificados por la Agencia Española del Medicamento y Producto Sanitario. “Se nos exige mucho, como es normal a una fábrica de productos sanitarios, pero estaría bien que también a los que vienen de fuera se les exija, que no se ha hecho ni se hace a día de hoy”.

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