10 de marzo de 2019
10.03.2019

"El medicamento del futuro será personalizado, muy pronto cuando uno nazca dispondrá de su genoma"

"El modelo farmacéutico español es el mejor del mundo", dice Carlos Covés, presidente de HEFAME

10.03.2019 | 08:18
El presidente de HEFAME, en el almacén donde guardan medicamentos por valor de cien millones de euros. Foto: Álex Domínguez

La planta de HEFAME en Murcia, en la que se ubica la sede central, es un imponente complejo en el que cada día reciben y distribuyen miles de medicamentos y productos de parafarmacia. Su actividad, sin embargo, no se limita a ejercer una eficaz y necesaria labor logística, va mucho más lejos. Carlos Covés, presidente de esta cooperativa, la tercera de España, abre ante nuestros ojos un amplio abanico de servicios. El prototipo de oficina de farmacia instalado tras las puertas del edificio principal es el mejor escaparate de la que, aunque parezca la botica del futuro, es ya una realidad y en ella, el profesional farmacéutico que es Covés se mueve como pez en el agua. Nos describe la distribución funcional del establecimiento y las opciones que pone a disposición del cliente: de la mera dispensación de la fórmula que le ha recetado el médico a la nueva gama de cuidado facial marca de la casa o a la oferta de una atención sanitaria integral. Apoyado por nuevas aplicaciones tecnológicas, el farmacéutico puede hacer un seguimiento integral de su paciente, adaptar su tratamiento o prevenir el desarrollo de enfermedades de origen genético.

–¿Qué aporta la farmacia de hoy frente a la tradicional?
–En los últimos años hemos trabajado en tres proyectos. Uno ha sido la venta online, de la que estamos muy orgullosos. El gran activo que tiene la farmacia es que cualquier cliente tiene una a un máximo de 150 metros de su domicilio y puedes elegir recogerlo en casa o allí. Todos trabajamos fuera y te viene mejor pasar en cualquier momento. Como nuestros socios son farmacéuticos y dueños de la cooperativa, lo va a facturar la farmacia.

–¿La competencia es internet, Amazon?
–Es la pregunta que me hacen siempre. Cuando me lo plantearon por primera vez contesté que creía que Amazon era una idea estupenda. Ahí tienes los resultados. Hay que copiar lo bien que hace alguien las cosas y adaptarlas a tu realidad. Amazon tiene una cosa buena, la variedad. Nosotros hemos montado una venta online adaptándola a nuestro sector. El valor añadido que le damos es que, cuando uno viene a recogerlo a la farmacia, siempre encuentra un profesional sanitario que le va a apoyar si quiere.

"Lo importante es el paciente, está en el centro de nuestra estrategia; digitalizamos todo lo que hacemos para que pueda incluirlo en su ficha electrónica"

–¿Se corre el riesgo de convertir la farmacia en un supermercado más?
–Jamás. La exclusividad se ha perdido, la gente compra donde quiere, donde le dan mejor servicio o mejor precio. Preferiría que todo fuese venta exclusiva en farmacias, pero los mismos laboratorios han decidido dónde poner sus productos. El gran valor del farmacéutico es que no sólo vende.

–¿Y el segundo proyecto?
–Es nuestro plan estratégico. Lo verdaderamente importante de nuestra misión es el paciente, le hemos puesto en el centro de toda nuestra estrategia. Han cambiado el mundo y la sociedad y se están creando nuevos servicios y necesidades. La gente vive cada vez más años y necesita cuidados en su domicilio y un control de su polimedicación. Digitalizamos lo que hacemos todos los días en la farmacia: cuando tú quieras tomarte la tensión en casa o el nivel de azúcar o el peso, te damos la oportunidad de, en vez de apuntártelo en un papelito, hacerlo en tu ficha electrónica, con lo cual se va a quedar grabado en tu historial. A través de una aplicación que regalamos, el dato va a venir directamente a mi ordenador, de tal forma que puedes seguir tus propios parámetros, pero a su vez el farmacéutico controla tu medicación, tus constantes. Y hay un sistema de semáforos donde yo te voy a decir: te ha salido la tensión un poquito alta, reduce la sal, tómate la medicación o te mando directamente al médico porque es urgente. Tú sabes que estás controlado en todo momento, no solamente por tu médico, sino también por tu farmacéutico. Y, ahora que los pacientes crónicos van una vez al año al especialista, pasarás por la farmacia y te daré un informe con tus constantes que especifique qué ha pasado contigo en ese tiempo. Será de mucha utilidad para el profesional sanitario tener un control tuyo también.

–¿El tercer proyecto es el estudio del genoma?
–Se tiende a la medicina personalizada. El paciente puede ir a la farmacia, comprar un test genético por 250 euros, que hemos desarrollado con la Universidad de Valencia, y, con sólo una torunda de algodón en la saliva, en quince días se le proporciona su genoma entero. Va a estar en un banco mundial de mapas genéticos para toda la vida. Esto tiene muchas aplicaciones: me va a decir si tengo posibilidades de desarrollar una enfermedad, me va a dar permiso a la farmacia o al médico para que acceda a ese genoma en cualquier momento... Hay medicamentos que voy a poder decidir si son o no buenos para ti o si por tu genética no puedes tomarlos. Eso me va a permitir ser muy efectivo en el tratamiento. Además, voy a poder predecir enfermedades. Hay algunas en las que no se puede hacer nada, pero hay otras que se desarrollan o no en función de tu tipo de vida y alimentación, o factores medioambientales. Así que voy a poder reconducirlas y evitarlas. En un futuro muy próximo, cuando uno nazca, tendrá su genoma.

El farmacéutico Carlos Covés, en las oficinas de la cooperativa en Murcia. Foto: Álex Domínguez

–El riesgo es la custodia de la información.
–Lo tenemos perfectamente organizado, el paciente permite o no acceder a esos datos. Y también hay que tener cuidado porque a la gente le va a dar miedo conocer o le va a causar ansiedad si le dices "tienes una probabilidad de desarrollar un cáncer o un alzhéimer". Seremos muy cuidadosos.

–¿El medicamento del futuro será personalizado?
–Totalmente. Será un producto influenciado por la genética y, digamos, biológico y directamente diseñado para ese tipo de paciente. Toda la investigación que se está desarrollando va por dos caminos: alzhéimer y cáncer y alguna enfermedad, como ELA. Se habla mucho de, en vez de medicación agresiva, medicación de estimulación de nuestras propias defensas, pero el gran avance será cuando encontremos algo para la demencia y para el cáncer. Aparecerán otras enfermedades, porque con la edad se van deteriorando los órganos, también las neuronas. Más que alargar la vida, debemos de tener calidad de vida. Esto es un ciclo que inicias, vives, te reproduces y mueres. Y hay que tener una muerte digna, en la que podamos decidir nosotros mismos cuando queramos que se acabe la vida. No estoy de acuerdo con mantener a toda costa la vida. Si tienes el cerebro bien, puedes estar perfectamente integrado en tu entorno y en tu familia, pero, si no tienes el cerebro bien, ¿qué haces aquí? Dar que hacer. Eso lo tenemos que decidir ahora que estamos bien: "oye yo ya no quiero vivir si no conozco a mi gente o si no voy a tener una mínima relación".

–¿La parafarmacia depende del ciclo económico?
–La parafarmacia ha aumentado por el poder adquisitivo y el de autocuidado e información. Las personas de hoy en día estamos más preocupados por nuestra salud que las de antes y tenemos posibilidades de comprar productos de dermofarmacia o parafarmacia. Eso ha aumentado a pesar de la crisis. Otra cosa es que con la crisis nos vimos afectados fundamentalmente los farmacéuticos porque la Administración, que es nuestro principal cliente en medicamentos, no tenía dinero para pagarnos. Sufrimos mucho. Al fin y al cabo, la distribución y la farmacia es lo mismo, nosotros somos los dueños de la distribuidora. Cuando al farmacéutico no le paga la Administración, el farmacéutico no le paga a la distribución. Lo hemos pasado muy mal.

"La sanidad debería volver a manos del Estado y ofrecer iguales servicios en todas las regiones"

–También se han apretado los márgenes de los medicamentos
–Aproximadamente, cada tres meses hay una orden de precios de referencia donde los medicamentos bajan, fundamentalmente los genéricos. Con el agravante de que la Administración te da veinte días para vender a precio nuevo. Si un medicamento vale diez euros y lo tienes en la estantería y lo bajan a ocho, dispones de veinte días para facturarlo a diez. Si no, al mes siguiente has perdido esos dos euros. Multiplica por el número de medicamentos que tenemos en la estantería. Y eso crea un perjuicio enorme tanto para la farmacia como para la distribución. Nosotros tenemos aquí más de cien millones de euros de "stock".

–¿La innovación va por cuenta del laboratorio?
–Va por cuenta del laboratorio. Se ha dado un fenómeno en los últimos meses, que es el desabastecimiento, había un montón de productos que no se encontraban en la farmacia española. Hay gente que nos echaba la culpa a nosotros, cuando lo que nos interesa es vender. Estamos en un mundo globalizado y, cuando bajan los medicamentos en España, encuentran otros mercados más caros.

–Nos han dicho que la causa es el Brexit.
–Puede que afecte a Inglaterra, pero no al resto de Europa. Olvídate del Brexit. El deber de la Administración es ahorrar, pero, cuando bajas demasiado los medicamentos y el fabricante tiene el producto ya vendido, si a España le corresponden, por ejemplo, cien mil unidades, va a intentar darle cincuenta mil. Las otras cincuenta mil las venderá al doble de precio en otros países como India, China o los emergentes. Intenta sacar la máxima rentabilidad.

–¿La Administración provoca, de forma indirecta, el desabastecimiento?
–No quiero acusar a nadie. La Administración lo que quiere es dar el mejor servicio al mejor precio posible y la industria quiere vender sus productos con el máximo beneficio.

"Habrá más fusiones entre cooperativas para ganar tamaño y poder invertir en nuevas tecnologías"

–Con esa política, ¿al menos se racionaliza el consumo?
–En España tenemos una sanidad pública universal y gratuita, y eso es un error. La sanidad, como todos los servicios, tiene que estar racionalizada y controlada. Cuando una cosa es gratis no se valora. De hecho, utilizamos Urgencias con un criterio... Cuando los pensionistas, que son los que más consumen medicamentos, pagaban ocho euros como máximo al mes por su medicación, era curioso. A la farmacia llamaba la gente y preguntaba: "¿por esto cuánto tengo que pagar?" Y respondías: "pues señora, 50 céntimos". Y decía "pues no me lo des, que me queda". Llegó un momento que el Gobierno dijo: el 37% de los pensionistas no saca su medicación porque no tiene dinero. Y yo decía: un pensionista cobra, el que menos, 426 euros al mes: ¿no tiene 8 euros para gastar en su salud? Difícil de entender. Compra el pan, se toma cafés, va al cine o paga la luz. Fue una cosa curiosa... El 2 de enero, cuando cambió la ley y dijeron "los pensionistas ya no pagan", vinieron todos y decían: "me he enterado de que ya no tengo que pagar". "¿Que quiere?" "Si no tengo que pagar, dámelo todo". Automáticamente, subió como un 20% el consumo. Como empresario estoy contento, pero como ciudadano esto no se lo puede permitir un país.

–¿Cuál es el modelo eficiente?
–Hay que racionalizar. Un copago en función de la renta sería más lógico. El problema es que tenemos diecisiete legislaciones que crean una distorsión a los ciudadanos. La sanidad debería prestar los mismos servicios en una comunidad y en otra. Sinceramente, tendría que estar en manos del Estado. La ordenación farmacéutica sí lo está, cambia la legislación farmacéutica de cada comunidad.

–¿Habría que liberalizar la concesión de farmacias?
–Esa pregunta me la hice cuando acabé la carrera y no tenía farmacia. Todo tiene sus ventajas e inconvenientes. Si analizamos el modelo farmacéutico de las zonas liberalizadas, como el anglosajón, donde con el título ya puedes poner una farmacia, resulta que hay una cada 20.000 habitantes y no tiene servicio de urgencia. En uno regulado, como España, hay una cada 2.000 habitantes. En un país con el modelo liberal, no encuentras una farmacia en un pueblecito ni de coña, pero en la gran avenida de la gran ciudad hay 50. En un modelo como el español, que es el mejor del mundo para el ciudadano, vivas en el centro de Madrid o en un pueblecito de 500 habitantes tienes el mismo servicio farmacéutico, ¿o no? Y a esa farmacia, cuando pides un medicamento y no tienen, te dicen: vuelva en dos horas, ¿por qué crees que pasa? ¿Existe un hada madrina?

–Ahí está la cooperativa.
–El modelo farmacéutico español, que es el mejor del mundo con diferencia, está sustentado porque la distribución es una cooperativa de todos los farmacéuticos. Y la diferencia entre una empresa cuyo único objetivo es dar beneficios y una cooperativa farmacéutica es que nosotros nos movemos por criterios sanitarios, no solamente económicos. En el 50% de los envíos que hacemos a las farmacias perdemos dinero. ¿Cuánto vale mandar una bolsita 2 o 3 veces al día a una aldea que está a 50 kilómetros? ¿Una empresa que se mueve sólo por dinero va a llevar eso gratis para un único ciudadano? ¿Esa cajita que vale, a lo mejor, sólo céntimos? El modelo está sustentado por la cooperativa y por los farmacéuticos. Y todo nuestro esfuerzo es para que el paciente tenga sus medicamentos cuándo y dónde los necesite, totalmente gratis.

–¿Qué hace usted, farmacéutico vocacional, metido a presidente de cooperativa?
–Donde yo me lo paso bien es en mi farmacia. Afortunadamente, puedo estar aquí porque tengo dos hijas farmacéuticas, pero, según salgo, estoy enamorado de mi profesión y no quiero perder el contacto. Si pierdes el contacto con tu profesión, pierdes la realidad. Mi función en HEFAME es marcar, dirigir la estrategia y controlar que todo funcione de la mejor manera posible. Esto es un equipo en el que todo el mundo tiene que funcionar como una pieza de relojería. Cuando a mí me preguntan quiénes son los más importantes de la empresa siempre digo: los ruteros, aquellos que van tres veces al día a llevar los medicamentos. Porque si ese rutero no hace bien su labor, el cliente o paciente no tendrá su medicamento, el farmacéutico se cabreará, no le comprará a la cooperativa e iremos mal. Afortunadamente, estamos sobresaturados en todos los almacenes, muchas veces no podemos crecer más en la empresa porque nos falta espacio.

–¿Crecer en qué?
–En servicios y ámbito geográfico. Estamos dando un buen servicio. También las otras cooperativas competidoras. Los buenos resultados no son cosa de magia, sino de trabajo bien hecho. Lo importante de las cooperativas, que a veces nos perdemos con internet y la parafarmacia, es llevar a cada lugar los medicamentos a la hora prevista, que no haya faltas, que el farmacéutico y el cliente puedan tener todos los medicamentos que necesitan a su hora y a un precio razonable. Las diferencias de precios entre unas distribuidoras y otras son muy pequeñas. El gran salto de HEFAME ahora mismo es el digital. Estamos a la cabeza tecnológica tanto internamente como de cara a las farmacias. Hemos puesto las farmacias en un punto capaz de responder a los nuevos retos que se están presentando en la sociedad. Es de lo que más orgullosos estamos.

–¿Habrá más fusiones entre cooperativas?
–Sí que habrá cada vez más concentración. Hace muy poquitos años había unas 262 distribuidoras. Hoy, 32 y decreciendo.

–¿Por aprovechar la ventaja de las economías de escala?
–Sí. Y porque las grandes multinacionales de laboratorio no están ya por la labor de servir a pequeñas distribuidoras. Ellos tienen el mercado ya vendido. Si comercializan 100.000 aspirinas en España, al laboratorio le da igual vendérselas a 30 distribuidores que a 300, por lo tanto, quiere distribuirlas si es posible a tres, porque reduce su coste, su facturación, su riesgo de cobrar, etc. Las pequeñas cooperativas, si no tienen tamaño y músculo financiero, difícilmente van a poder invertir en la nueva tecnología que se necesita hoy en día. Ha habido muchas fusiones hace un par de años. Vidafarma, que eran ocho o diez cooperativas pequeñitas de Andalucía, se han unido en un proyecto excelente y creado la segunda cooperativa de España. Nosotros somos la tercera. Las cosas tienen su momento. Lo que deseo es seguir aglutinando la distribución en España, pero siempre que la gente se sienta cómoda. Voy a tratar de hacer acuerdos con el que quiera. Al final quedaremos tres, cuatro o cinco distribuidoras grandes.


Los datos de Hefame

  • Facturación: 1.345 millones de euros
  • Empleados: 1.000
  • Servicios: 6.000 farmacias
  • Pedidos: 47.000 diarios
  • Referencias codificadas: 80.000

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