Opinión

Sn tensión y sin ambición

Muriqi , junto a Ely, este sábado en el Almería-Mallorca.

Muriqi , junto a Ely, este sábado en el Almería-Mallorca. / Carlos Barba

Antoni Ruiz

Atar la permanencia a cuatro jornadas para el final es un éxito para un equipo como el Mallorca. El logro se engrandece cuando hay equipos con plantillas superiores sobre el papel, como Valencia, Espanyol Getafe o Celta, que no tienen los deberes hechos a estas alturas. El paso siguiente lo marca la ambición que pueda tener el equipo. En el caso del Mallorca era luchar por una hipotética clasificación europea que se encontraba a cuatro puntos a falta de doce por jugar

El primer envite para lograr un premio mayor pasaba por lograr un buen resultado en Almería. Las circunstancias, en forma de bajas relevantes de jugadores como Galarreta, Raíllo, Morlanes o Costa fueron el primer contratiempo. Tocó improvisar un once, pero ese once no superó las escasas expectativas que se tenían. Maffeo en banda izquierda, no es el Maffeo incisivo de siempre, Baba no puede hacer de Galarreta y Dani estuvo por debajo incluso de Morlanes. Solo quedaba la calidad de Kang in Lee, que falló en momentos decisivos y la lucha de Muriqi .

El Mallorca aguantó hasta que un rebote le dio un balón de gol a Lázaro que no desaprovechó. Y ahí se acabó la ambición del equipo de Aguirre, que al final intentó agitar el árbol dando entrada a cuanto suplente tenía en el banquillo. Fueron lo que en baloncesto llaman los minutos de la basura.

Quedan tres jornadas para resolver dudas sobre los retoques que esta plantilla precisa para tener ese toques de mayor calidad que demanda Aguirre, pero sería bueno ver competir al Mallorca como hace ahora el Elche, y no como un equipo que se arrastra.