24 de junio de 2019
24.06.2019
El Mallorca vuelve a Primera

Baño de grandeza

Un Mallorca ejemplar recupera 2.214 días después la Primera División, donde debe estar

24.06.2019 | 02:06
Baño de grandeza

El Mallorca es de Primera División. 2.214 días después de aquel fatídico 1 de junio de 2013, la entidad rojilla ha logrado el ascenso a la máxima categoría, donde debe estar, donde nunca debió dejar de estar. Al igual que hay que recordar el equipo de ayer, el que ha jugado prácticamente las dos eliminatorias de ascenso, también hay que hacerlo con el que descendió a Segunda: Aouate; Hutton, Geromel, Bigas, Luna; Martí (Pina, m.88), Tissone, Javi Márquez, Gio (Nsue, m.75), Alfaro (Pereira, m.83) y Víctor.

Este equipo se merece el mayor de los elogios porque ha peleado por lo máximo hasta el último segundo del último partido. En el fútbol, en el deporte, solo gana uno. Esta vez, afortunadamente, le ha tocado sonreir a un Mallorca ejemplar y llorar a un Deportivo que no fue tan superior en la ida como reflejó el marcador.

El equipo de Vicente Moreno, el gran artífice del ascenso, el hombre del milagro, porque lo es ascender de Segunda B a Primera con prácticamente los mismos jugadores, se merece el premio gordo porque ha sido regular toda la temporada, con fútbol de muchos quilates, como ayer, el mejor partido en muchos años.

Y, ascenso aparte, el centenario club ha recuperado a una buena parte de la afición perdida y que huyó desencantada por tanta penuria. Es, sin duda, una gran noticia para trabajar desde hoy para que la Primera División no sea flor de un día.

Han sido seis años de penurias, de líos institucionales que dieron la vuelta a España día sí y otro también, de cambios de propiedad e incluso de un descenso a Segunda B que supuso la salida del fútbol profesional. Una ruina. Pero, en silencio y desde el trabajo bien hecho, el consejero delegado Maheta Molango se puso manos a la obra y comenzó a confeccionar un equipo candidato a recuperar la categoría de plata. Apoyado en el director deportivo Javier Recio, la primera medida fue la contratación de un entrenador. Y ahí se acertó de pleno. Vicente Moreno ha sido el principio y el final de todo, un técnico diferente a la mayoría, un líder que ha sabido conducir al éxito a sus jugadores.


Desde la presión, la concentración y la determinación, el técnico valenciano ha construido un equipo agresivo y veloz, atrevido, poderoso en las dos áreas, intenso e intimidatorio. Un equipo valiente. La cultura del sacrifico la lleva en la sangre, en la sangre de su entrenador.

El de ayer era un partido decisivo que reclamaba una prueba irrefutable de madurez. La ha exhibido con creces toda la temporada, pero ante el Depor era la prueba del algodón. Ha sido un grupo con un gran equilibrio en todas sus líneas y un espíritu gladiador en todo el colectivo. Ayer fue el mejor ejemplo, desde el minuto 1 al 94. Ha sido un grupo reconocible siempre por su forma de replegarse y desplegarse, por el ritmo que le da a los partidos y por su manera de atacar la pelota, sobre todo en Son Moix. Un equipo con personalidad.

Y sobre el terreno de juego ha contado con futbolistas de primer nivel. Empezando por un Salva Sevilla que, a sus 35 años, ha vivido una segunda juventud. Ha estado instalado en la excelencia toda la temporada. Ha jugado de etiqueta todo el curso. Con él en el campo, el equipo gana sensatez. No hay un futbolista que tenga mejor sentido del juego colectivo en el plantel mallorquinista que el almeriense. Salva Sevilla toca, abre, rompe, profundiza, remata y, sobre todo, le da cuerpo al equipo. Hombre orquesta por excelencia, tira el hilo y sus compañeros lo recogen. Un pelotero de armas tomar. Lo volvió a demostrar ayer con un golazo de bandera, el segundo, el que daba el ascenso al equipo.

El escudero de Salva Sevilla ha sido Marc Pedraza, un estupendo futbolista con magníficas prestaciones condenado a ejercer de bombero. Jugador escrupuloso, con y sin balón, difícilmente comete un error. No lo fue el que le costó la expulsión en Riazor, en una acción fortuita en la que Bergantiños se llevó la peor parte. Su cara, el rostro del pánico, al ser testigo de excepción de las consecuencias del choque, habla de su grandeza como futbolista y como persona. Se olvidó del partido y entró en shock, consolado por un Martí conocedor de la nobleza del hijo de Ángel Pedraza. Y si no juega él, lo hace Baba, extraordinario cada vez que ha jugado. A sus 22 años dio todo un recital, un saber estar que le convierte en imprescindible para la próxima temporada Manolo Reina ha sido otro de los puntales del equipo, pese a que ha quedado señalado en los goles de falta encajados en Albacete y en A Coruña. Sin embargo, sería injusto no reconocer que ha sostenido al equipo en más de un partido, en el Carlos Belmonte, sin ir más lejos, con paradas extraordinarias. O ayer, cuando en el minuto 77 puso una mano magistral que evitó el gol de Quique.

Dani Rodríguez ha sido una de las sensaciones de la temporada, ofreciendo en cada partido un manual de poderío descomunal. Su impresionante despliegue físico ha ido acompañado de una viveza inhabitual. Juega en todas las zonas del campo, y en todas es decisivo. Además, se mueve con un optimismo contagioso. Se ha sentido importante y a sus 30 años y después de una larga carrera en equipos de segunda fila, ha obtenido el premio de jugar en Primera. Se lo ha ganado a pulso.

El gol en el Mallorca ha tenido un nombre: Lago Junior. Corre, empuja, regatea -más que regates son latigazos- y, sobre todo, centra y marca. Once goles le han convertido en el máximo artillero del equipo. Aunque ha estado lejos de su mejor versión en las eliminatorias de ascenso, Lago merece figurar con todos los honores entre los hombres clave de una temporada, magnífica. Y no sería justo olvidarse de Abdón, que ha pasado de la suplencia a marcar un gol que no olvidará en su vida él y todo el mallorquinismo.

Y, al mando de todos ellos, Vicente Moreno. El secreto del gran rendimiento ofrecido por el equipo, que en poco tiempo ha pasado de luchar por la permanencia a hacerlo por el ascenso. Metódico, discreto, alejado siempre de la polémica, educado como pocos, el entrenador valenciano se ha ganado el respeto de todos desde el día de su llegada. Han sido dos años frenéticos, con dos ascensos. Concienzudo, prepara cada partido como si fuera el último. Tiene un año más de contrato y su presencia será el mejor punto de partida para afrontar con éxito la próxima temporada. El Mallorca vuelve a Primera, la categoría en la que se merece estar.

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