"Si hay que bajar, que sea luchando. Si bajamos a Segunda B tú nos tienes que subir otra vez a Segunda. No te vayas a otro equipo", le rogaba un mallorquinista a Brandon Thomas minutos después de acabar el partido en una situación insólita de una jornada que también lo fue. El delantero, después de atender a los periodistas y oyendo los gritos, y hasta insultos, de las varias decenas de aficionados que se agolpaban en la puerta del aparcamiento de Son Moix, optó por acercarse a ellos. Escoltado por la policía y miembros de la seguridad privada del club, la conversación del jugador, que no llegó a tres minutos, se centró en las recriminaciones de los hinchas, que apelaban al orgullo de vestir el escudo de los bermellones para elevar el rendimiento. "Puedo estar más o menos acertado, pero siempre le echo cojones", se defendió el de Cala d'Or, que escuchó cánticos como el de "jugadores mercenarios", "hasta los huevos" y "nos vamos a Segunda B. Estamos en Segunda B".

Los aficionados increparon a todos los futbolistas que se marchaban con sus respectivos coches e incluso la policía identificó a tres hinchas tras lanzar una moneda al vehículo del capitán Héctor Yuste. Eso sí, el más abucheado fue, con diferencia, el consejero delegado Maheta Molango. "Recio vete ya", también escuchó el director deportivo a su salida. Antes, el presidente Monti Galmés soportó la ira de centenares de aficionados en el palco e incluso se llegó a disculpar con gestos ya que era el único representante de la entidad.

Molango solo apareció en la planta noble cuando ya no quedaba nadie, y eso que era el más buscado por una afición desesperada por la situación.

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Pitos para Galmés tras el empate ante el Nàstic