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El difícil día a día de una mujer celíaca en Mallorca: "En la cocina de casa hemos creado una zona en la que no entra nada con gluten»

Francesca Pericás Torrens (sa Pobla, 1974) es profesora, celíaca y madre de cuatro hijos. En esta entrevista explica cómo descubrió su celiaquía, el cambio que supuso en el día a día en familia, y da algunos ejemplos de cómo se fueron adaptando a esta situación en la que el gluten no es bienvenido. 

Francesca Pericás Torrens, es profesora, celíaca y madre de cuatro hijos.

Francesca Pericás Torrens, es profesora, celíaca y madre de cuatro hijos. / T. Crespí

¿Cuándo supo por primera vez que era celíaca?

En principio yo no sospechaba nada. Todo fue porque a uno de mis hijos le hacían un seguimiento porque consideraban que crecía lentamente. Íbamos a la endocrina y haciendo varias pruebas, descartando una cosa y otra, detectaron que era celíaco. Cuando se detecta un celíaco en la familia es conveniente que los familiares directos se hagan una analítica y yo di positivo.

¿Qué edad tenía?

35 años.

¿Y nadie de su familia era celíaco?

Sabía que mi sobrino lo era, el hijo de mi hermano, pero nadie más. Hacía dos años que sabía que él lo era y y por eso estábamos algo sensibilizados.

¿Cómo le afectó en ese momento en su día a día?

En ese momento pensé que ya sabía un poco de qué iba la cosa porque sé cómo funciona en casa de mi hermano. Luego aplicarlo en casa, la verdad, al principio era un poco de psicosis porque somos seis.

«Todos los alimentos sin gluten tienen un sobrecoste y eso supone que la cesta de la compra suba bastante con celíacos en la familia»

¿Qué significa ser celíaco?

Significa que no puedes comer gluten, no puedes comer nada que tenga harina de trigo, espelta, una serie de harinas. El pan, las galletas, los cereales, la pasta, la pizza, las comidas del día a día, vaya, queda en principio descartado. Además no es solo no comer nada que no tenga harina sino que los utensilios con los que cocinas no pueden haber tocado nada que tenga gluten. Por tanto, si he terminado de hacer un ‘pa amb oli’ con pan de toda la vida y luego quiero hacer un ‘pa amb oli’ para mí, tengo que hacer toda la superficie limpia, cubiertos limpios y empezar a hacer mi plato. Eso lo hacíamos así al principio. Por tanto era como una psicosis porque veía gluten por todo. Al principio fue muy exagerado. Limpiarte mucho las manos. Un poco angustioso porque también si alguien tocaba el pan y luego abría el paquete de jamón y lo cogía con las manos con las que antes había cogido pan con gluten, entonces esto ya provoca una contaminación cruzada y un celíaco ya no lo puede comer.

¿Y cómo fue gestionando esta situación?

Llega un día en que te adaptas y decides: hay ciertos alimentos con gluten que en una parte de la cocina no pueden pasar. Creas una zona cero gluten. No podemos hacer un ‘pa amb oli’ normal en zona cero gluten. Se tiene que hacer en otro sitio. Si has frito algo con gluten luego tienes que tirar el aceite, no puedes freír una cosa sin gluten. Por ejemplo.

¿Qué otros productos tienen gluten?

A grandes rasgos, por ejemplo, hay especias culinarias que también tienen gluten y los productos procesados también pueden tener almidones de trigo con gluten. Sin ir más lejos, comer un butifarrón puede tener gluten. Todo depende de los aditivos, con gluten o sin gluten.

Entonces, tiene que leer todas las etiquetas antes de comprar un producto.

Sí, al principio es leer muchas etiquetas y cuando ya te has acostumbrado a saber qué marcas te van bien entras en una rutina y vas comprando lo que conoces.

Se trata de toda una experiencia, siendo madre de cuatro hijos.

Mientras los niños eran pequeños y yo hacía la merienda a todos no había problema porque yo estaba tranquila, pero a partir del momento en el que enseñas a los niños a prepararse las meriendas, que cojan una barra de pan y se preparen un bocadillo, aquí ya tiene que haber una vigilancia constante y una concienciación, porque los niños no celíacos de la familia si sin querer han cogido el pan con gluten y luego cogen el jamón ya lo han contaminado.

«Todos los alimentos sin gluten tienen un sobrecoste y eso supone que la cesta de la compra suba bastante con celíacos en la familia»

¿Entonces, cómo lo hicieron?

Tenemos al lado de la nevera pegatinas de colores, de los que se emplean en la escuela, y si el paquete de jamón se contamina le ponemos una pegatina. Si nos ponemos mantequilla y con el cuchillo que hemos untando el pan con gluten volvemos a meter el cuchillo dentro de la mantequilla, ponemos una pegatina a la mantequilla. Así con todo. Al principio pasaba mucho, porque es muy difícil no hacerlo y a base de ir acostumbrándonos ya saben cómo lo tienen que hacer.

¿Cómo lo hace su familia, por ejemplo, para comer mermelada?

La vaciamos dentro de un platito pequeño con una cucharita y luego la untamos al pan y así esa cucharita que puede haber tocado pan con gluten no va al bote común de mermelada. Es incómodo pero es así.

¿Ha tenido que hacer cambios significativos con su dieta o menú?

Sobre todo con las meriendas de las mañanas porque estaba acostumbrada a comer galletas marías, los cereales o salir de casa con un café y después en el trabajo me pedía un bocadillo. Ahora no puedo ir a merendar al bar del instituto porque no hay bocadillos sin gluten. He tenido que cambiar el chip. Me hago el pan o lo compro sin gluten, pero este pan si no es recién hecho o recién calentado no suele ser demasiado bueno, entonces lo que hago por las mañanas es comer en casa un ‘pa amb oli’ y a media mañana si tengo hambre como una pieza de fruta. Es que sé que, si no meriendo en casa, no habrá ningún momento en el trabajo, que por mucho que yo tenga tiempo o quiera me pueda comprar un bocadillo sin gluten.

El ayuntamiento de sa Pobla aprobó por unanimidad una moción para pedir ayudas para los celíacos al gobierno autonómico y al central. ¿Cómo lo ve?

Todos los alimentos sin gluten tienen un sobrecoste y eso supone que la cesta de la compra suba bastante con celíacos en una familia. Por ejemplo: una barra de pan congelada de 100 gramos normal que cueste unos 60 céntimos, sin gluten puede subir a 1,50 o 2 euros. La harina sin gluten está entre unos 4 ó 5 euros el kilo. Tenemos que pensar que nuestra medicina es la comida sin gluten.