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Lletra menuda | La tensa calma de la contradicción

Tiempo para los hechos consumados sobre la contradicción y el silencio. En esta posición pretende situarse la anarquía política de Búger con la intención oficial de rebajar la tensión. El problema está en que calma y anormalidad son incompatibles, sobre todo en política, más cuando los protagonistas huyen en silencio hacia adelante y pretenden alcanzar en una semana la fuerza de la costumbre en un ayuntamiento de conocidos, castigado sin causa, por cerrazones personales, a ser inoperante.

El lunes finalizaba el plazo dado por el PSOE a su alcalde autónomo de Búger para que retrocediera en su decisión de incorporar a una concejal del PP al equipo de gobierno. El hecho es que el BOIB ya ha publicado el nombramiento de la conservadora Coloma Capó como regidora de Servicios Sociales y tal incongruencia sigue sin tener repercusiones y lo que es peor, garantías de estabilidad y capacidad de servicio consecuente para los vecinos de Búger. Un vago «motivo de reorganización de competencias» es el esgrimido en el boletín oficial para mantener el buen nivel de accidentes políticos que encadena este consistorio desde su constitución, tras las elecciones.

De cara al próximo fin de semana sigue planeando un amago de expulsión del cobijo socialista para el alcalde Pere Torrens. Se le quiere privar de una obediencia que ya no ejerce.

Una de las múltiples repercusiones de la crisis política, actualizada y en revisión, de Búger está en el traspaso de los límites de este municipio para dejar en mala posición –no solo incómoda y de deterioro de la imagen– tanto al PP como al PSOE a nivel insular. No se respeta el juego limpio que correspondería al sano ejercicio de la política. En Búger la política está enferma y en vez de sanearla le dan campo libre para expandir sus males.

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