24 de julio de 2013
24.07.2013
Sa Torreta

Y Mister Sequah llegó a Mallorca

24.07.2013 | 06:30
El carromato de Sequah en la plaza del Mercat de Palma.
"Jaime Amengual jardinero / siete meses quince días, / tullido sufriendo estuvo / dolor, miseria, agonías. / a pesar de sus ochenta / hoy vive de su sudor / porque le ha dado esta ganga / el gran Sequah bienhechor". ¿Quién es el Sequah de los versos extraídos de uno de los Romanços mallorquines del siglo XIX recopilados por Lluís Ripoll? Con dos piezas en verso se puede reconstruir una parte de la historia. Se trata de un americano que a finales del siglo XIX apareció por la isla para vender un aceite milagroso. Un charlatán de los que hemos visto en las películas del oeste.
La web fotosantiguasdeMallorca.blogspot.com sitúa su presencia en la isla en 1892. Los romanços concretan, en los meses de abril y mayo. Se situaba en la plaza del Mercat sobre un carro adornado con escenas del lejano oeste. Una charanga atraía a los clientes y amenizaba las esperas mientras el aceite obraba los prodigios. "Recorriendo por las calles / con su música tocando / en un coche precioso / todos le estaban mirando",
Cuando los enfermos subían al carro se obraba el milagro. "A su coche acuden pobres / y con las manos benditas / les quita el dolor reumático / y les da noches bonitas". La música sonaba hasta que el curandero tomaba la palabra para vender el extraordinario producto. Un traductor hacía comprensibles los beneficios que reportaba el aceite a la audiencia. Palma y la isla entera se revolucionaron con su llegada, según cuenta en sus memorias el doctor Josep Sampol i Vidal.

En realidad, Mr. Sequah no era una sola persona. Era una marca inventada por Willian Henry Hartley que abandonó sus estudios de medicina para convertirse en charlatán. Sus Sequah estaban en Sabadell, Irlanda y Mallorca al mismo tiempo. Todo era puro espectáculo para embaucar a personas desesperadas. Los romanços que le dedicaron en la isla parecen publicidad de pago: "¡Ay del que sus específicos / los mire de mala guisa! / Pues lo pagará muy caro / sinó [sic] los compra de prisa". Más de un siglo después, los charlatanes ya no se anuncian con romanços, pero les escuchamos a diario en la radio y la televisión.

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