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Limón & vinagre | Lucas Burgueño: Solo respetó a Óscar Puente

Lucas Burgueño, a la salida de los juzgados, en Valladolid, el pasado octubre.

Lucas Burgueño, a la salida de los juzgados, en Valladolid, el pasado octubre. / E.P.

Albert Boadella considera que una persona viene definida por la calidad de sus enemigos. Así que Lucas Burgueño se encaminó hacia el principal rival de Núñez Feijóo en la investidura, a la caza de la publicidad que le garantizaría el encontronazo. El psicólogo, bombero y formador, tres rasgos profesionales que quizás deberían ser matizados por los psicólogos, bomberos y formadores, abordó o embistió en el AVE al diputado socialista Óscar Puente. La trifulca ferroviaria lo catapultó a la fama.

Durante unas horas, la derecha se relamió por haber hallado al antídoto para neutralizar a Puente, al día siguiente de su inmisericorde demolición de Feijóo. Valga por todas la valoración del enfrentamiento a cargo de Ana Rosa Quintana. «Fatal el señor que le increpó y, desde luego, Óscar Puente no supo reaccionar como un caballero. No supo hacerlo como una persona razonable, que es hablar de otra manera. Pero si tú te pones en el mismo tono, pues ya tenemos el lío montado». La equidistancia perfecta entre el exalcalde de Valladolid y un Burgueño catapultado al estrellato.

Queda claro que al psicólogo, bombero y formador no le asistía el mínimo derecho a invadir el espacio del congresista para obligarle a una respuesta sobre el inevitable Puigdemont. También es notorio que Puente no le hurta el cuerpo a ninguna pelea, y que un ser humano dialogante se hubiera desembarazado del intruso con mayor habilidad. Tal vez la querella hubiera resultado anodina, si el político socialista se hubiera matriculado en algunos de los cursos impartidos por el propio Burgueño sobre «Gestión del estrés laboral y prevención de burnout».

Pronto se desvaneció el paladín anhelado por los conservadores para restaurar la imagen dañada de su líder Feijóo. Una primera búsqueda demostró que sobre Burgueño pesaba una petición de cárcel de la fiscalía, por coacciones a su expareja en agosto. Y solo dos semanas antes del mano a mano con Puente, volvía a ser detenido por la presunta agresión a dos policías locales vallisoletanos, en una escena que incluyó la frase sicaria «te voy a enseñar lo que es una corbata colombiana».

Burgueño quedaba desactivado como símbolo. Por si su trayectoria desvelada a raíz de haber increpado a Puente inclina a atribuirle una peligrosa inclinación a la inconsciencia, conviene reparar en detalles que transparentan una cuidadosa elaboración racional. Verbigracia, en uno de los currículos más detallados de LinkedIn, el psicólogo y formador desmenuza cada una de sus actividades pero elude su condición de bombero.

La escena de Extraños en un tren no aminoró la beligerancia de Burgueño. Medirse a corta distancia a Óscar Puente sería el mayor sedante imaginable para quienes contemplaron los puñetazos oratorios que el socialista dispensó a Feijóo. Sin embargo, queda acreditado que Burgueño no se rige por los comportamientos convencionales, y su inserción en la crónica de sucesos se ha intensificado desde la investidura fallida.

Tras la detención por su vidriosa actuación contra los policías y la interpelación a Puente, en la primera quincena de octubre se detuvo a Burgueño por acceder al dormitorio de la compañera de piso de su pareja. Si este presunto delito parece rocambolesco, después vendría la denuncia de un restaurante vallisoletano donde dejó sin abonar una factura de 400 euros. Nueva detención.

El último escándalo de Burgueño viene fechado esta semana, y es demasiado escabroso incluso para una sección agria y avinagrada. El psicólogo, bombero y formador habría reclamado 80.000 euros con violencia a sus padres. Tras provocar desperfectos en el domicilio familiar, amenazó con divulgar un vídeo de su propia madre desnuda. Nueva detención, y la convicción de hallarse ante un ser humano que opera con reglas difíciles de encajar con la convivencia burguesa.

Al examinar el historial de Burgueño en la segunda mitad de 2023, queda claro que solo respetó a Óscar Puente, que se convierte en la persona mejor tratada entre sus sucesivos interlocutores. El exalcalde de Valladolid salió mejor parado que los familiares en primer grado de su acosador, y la transcripción de la conversación que mantuvieron psicólogo y político no desentonaría en el diario de sesiones del Congreso.

Tal vez la bomba mediática del encuentro con Puente desencadenó las tempestades que habitan el cerebro de Burgueño. Y es cuando menos curioso que la misma derecha que pretendió utilizar al psicólogo critique ahora al Gobierno por difundir con puntualidad el historial de detenciones de un juguete roto antes incluso de alcanzar la popularidad.