Opinión

Bizarrap y Vargas Llosa

La «pichula» del Nobel y la loba de Shakira son el mismo fenómeno en eras diferentes

La historia de la comunicación es rica en momentos y productos culturales que captan el espíritu de los tiempos en sus múltiples capas. No hace falta que sean los primeros, ni los mejores, ni los más originales. Es más sutil que eso, de lo que se trata es de que toquen las teclas adecuadas (emocionales, por supuesto, pero también tecnológicas, artísticas, ideológicas) de la forma adecuada en el momento adecuado. Sin esforzarse demasiado surgen con facilidad ejemplos de grandes momentos comunicativos que captaron el Zeitgeist: la adaptación radiofónica de Orson Welles de La Guerra de los Mundos, la actuación de Elvis Presley en The Ed Sullivan Show, la retransmisión televisiva de la coronación de Isabel II, las 95 tesis de Lutero colgadas en la iglesia del palacio de Wittenberg, el primer discurso de Hitler transmitido en directo por radio, las portadas de la prensa sensacionalista estadounidense sobre el hundimiento del acorazado Maine, la versión musical de will.i.am del discurso del Yes, we can de Barack Obama, las lucecitas de colores de los bombardeados transmitidos en directo por la CNN en la primera guerra del Golfo, el J’accuse…! de Émile Zola en la primera página de L’Aurore. A esta larga lista se ha sumado el Bzrp Music Sessions Vol. 53 de Shakira y el productor musical argentino Bizarrap (o BZRP, según la edad de quien lo escriba).

La lista de virtudes de la canción empieza con un logro al alcance de muy pocos acontecimientos en el mundo de hoy: ha sido durante un ciclo de más de 24 horas el tema dominante en la conversación global, desde los colegios e institutos a los puestos de trabajo, desde las redes a los medios de comunicación, desde los bares y restaurantes hasta las charlas en la cena. Poca broma, durante horas fue muy difícil que un intercambio social en persona o en redes no hiciera referencia a la letra de la canción, la conocían personas de todas las edades que se informan por medios muy dispares. En el mundo de la información, es una demostración inapelable de poder.

Desde el punto de vista cultural, la canción ha sido un éxito popular, con millones de visualizaciones en YouTube. Desde el punto de vista de marketing, es un ejemplo primoroso de marketing digital, como explica el experto David López en un post en LinkedIn: por la historia que cuenta, por la estrategia de difusión, por la búsqueda de los públicos objetivos, por el resultado final obtenido, que se cifra en ingresos millonarios. Desde el punto de vista social, ha generado debates y ha propiciado que se hable sobre la capacidad sanadora del arte, igualdad, feminismo, machismo, sororidad, el despecho, el abandono, el desamor, la responsabilidad de la tercera persona en un adulterio, las relaciones con las suegras, incluso las bondades de la publicidad negativa. Todo ello en 3:33, incluso la duración de la canción forma parte del mensaje.

Hay quien atribuye el éxito de Bzrp Music Sessions Vol. 53 simplemente al poder del cotilleo, a la atracción que una ruptura sentimental entre personajes mediáticos ejerce sobre nosotros. Y, sin duda, el cotilleo, el exhibicionismo del dolor y del despecho son una parte fundamental de la pócima de Bzrp Music Sessions Vol. 53. Pero distan mucho de ser las únicas causas.

La canción se publicó días después de que otra pareja mediática, Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa, hicieran pública su ruptura. Igual que Shakira, ellos expusieron sus sentimientos en público, eso sí, acorde con su estilo, edad, formación y talante. La socialité, con una exclusiva en su revista del corazón de cabecera. El premio Nobel de Literatura, con un cuento publicado tiempo atrás en una revista literaria: «Ya me olvidé del nombre de aquella mujer por la que abandoné a Carmencita. Nunca la quise. Fue un enamoramiento violento y pasajero, una de esas locuras que revientan una vida. Por hacer lo que hice, mi vida se reventó y ya nunca más fui feliz (…). Fue un enamoramiento de la pichula, no del corazón. De esa pichula que ya no me sirve para nada, salvo para hacer pipí». Su ruptura ha tenido considerable eco mediático, pero lejos del Bzrp Music Sessions Vol. 53.

En esencia, la pichula del supuesto personaje ficticio de Vargas Llosa y la loba despechada de Shakira son muy similares: exorcizan y airean a través del arte (la literatura, la música) el dolor de una ruptura sentimental de dos personajes mediáticos y muy conocidos. Comparten la atracción que sobre las personas ejercen la celebridad, el cotilleo y los dramas desgarrados. La diferencia es que Vargas Llosa (e Isabel Preysler) son hijos del siglo XX, de los libros y las revistas, y Bizarrap y Shakira, del siglo XXI, de los vídeos, los clicks y los influencers. Además, y no es cosa menor, la loba factura. ¿Cómo sería y qué impacto tendría un Bzrp Music Sessions Vol. 54 con letra de Vargas Llosa subtitulado La Pichula?