Día del Periodista 50% DTO. Diario de Mallorca

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Pedro Coll

La excelencia

Dos garañones peleando por el liderazgo. ‘A Rapa das Bestas’, Sabucedo, Pontevedra. Leica M6. ©PedroColl

Esta imagen, que de subliminal no tiene nada, ¿no os resulta muy actual? La agresividad está desatada. Esos accesibles altavoces que son las redes permiten a cualquiera despreciar, vejar, mentir y, con veneno, llegar a ¡crear opinión! El caldo de cultivo es infinito. Vemos cómo se discute a un premio Nobel mientras se da pábulo a cualquier parida no contrastada y multi-reenviada. No soy pesimista, lo vemos todos, hemos entrado en una era destructiva de futuro muy incierto. Nunca antes la humanidad se había encontrado ante una situación como esta.

Y cómo se iba a salvar de la quema un mito como es Leica. Hace más de cien años, Oskar Barnak, en el taller Leitz, en Wetzlar, Alemania, creó la primera cámara de 35mm que revolucionó la forma de fotografiar y transformó el fotoperiodismo. Robert Capa, Gerda Taro, Cartier Bresson, David Seymur darían muy pronto fe de ello. Más de un siglo después, su exclusividad sigue afianzada en lo más alto… mientras es banalizada constantemente por obsesivos y fútiles comentarios aparecidos en foros especializados. La mayor parte de sus detractores hablan de oídas, nunca la han sostenido en sus manos, no han tenido la oportunidad de acariciarla. Con referencia a otras cámaras, esos voceros empecinados esgrimen en su contra aquel trillado y fácil argumento comercial del equilibrio ‘calidad/precio’. No han captado que Leica está en otra división. Lo reduciré a algo más gráfico y fácil de entender: a nivel de equivalencia, Leica no es Ronaldo, Leica es Messi. Otras magníficas cámaras, por ejemplo, Nikon, Canon, Sony, sí podrían ser Ronaldo. No me estoy refiriendo al hoy por hoy, claro, sino al largo período en que ambos vivieron aquel caliente enfrentamiento representando a dos de los clubs ‘más top’ del mundo mundial.

No quisiera molestar a nadie trayendo a este nivel tan terrenal el conocido conflicto, de finales del XVIII, entre Mozart y Salieri, más cosa de egos y de obcecados partidarios que de razón y conocimiento. El tiempo acabó sentando a cada uno en su silla. Me sirve eso para poner el foco en dos conflictos ‘en la cima’, evidentemente más frívolos, pero que serán históricamente registrados: Leica vs ‘las demás cámaras’, y Messi vs ‘los demás jugadores’.

Leica te seduce de entrada por su solidez, por su pequeño tamaño. Sus lentes compactas facilitan la movilidad y la discreción. El sonido de su obturador, la suavidad y precisión de su enfoque, la respuesta al tacto… Hay algo de sensual e íntimo en su manejo. Salir con ella es una experiencia, sabes que te va a exigir más que cualquier otra, que para pilotarla se necesita ser piloto, que ningunea a los inexpertos y a los fantasmas. Y te acabará convirtiendo en adicto cuando descubras que, por sus características, te ha impedido disparar por disparar, al contrario, te ha conducido por el camino de la búsqueda consciente y pensada de la imagen. Rodeados de incontrolada ‘belicidad’, utilizaremos terminología bélica, Leica no es una ametralladora de asalto, es un fusil de precisión. Te induce al paso a paso. Y algo de todo eso hubo -quizá aún hay- en Messi. Sus detractores decían que se pasaba el partido caminando. Pero así, serenamente y sin estridencias, después de años ha acabado ganando más títulos y trofeos que nadie, sin alharacas. En el fútbol, Messi ha sido la intuición y la creatividad elevadas a la enésima potencia, ciencia infusa se llama. Sus coetáneos contarán a sus nietos que tuvieron la fortuna de disfrutarlo.

Llevo muchos años viviendo la fotografía (de y por). Durante mi vida profesional he utilizado diferentes tipos de cámaras, diferentes formatos. Me he pasado treinta años plenamente analógicos y ahora vivo y disfruto mis años digitales. Solo he cambiado el proceso, del grano de la película a los pixels, las ideas y los contenidos son los mismos. Estoy hablando de Fotografía. Y pienso que todo este run-run crítico hacia Leica es reflejo del desconocimiento y de la envidia. Una envidia transformada en un odio casi ideológico, y quizá por ahí podría llegar a entenderlo. ¿Cuál es su delito? Muy fácil, su exclusividad, digo más, su aroma a exclusividad y, en consecuencia, su precio. Perdón, me he liado, ¿estoy hablando de Leica o de Messi?

Aportaré mi grano de arena. Trabajo mis cosas personales utilizando una Leica MP, digital… ¡en la que uso ópticas Leica de hace 25 años! Las mismas con las que armaba aquella M6, analógica, que conservo en perfectas condiciones. ¿Quién da más? Con un simple ajuste, aquellas lentes jamás obsoletas se interaccionan con la tecnología digital más reciente y ofrecen esa calidad técnica irrebatible. Ojo, calidad técnica, no nos confundamos, porque la calidad conceptual y creativa de los resultados que se vayan a obtener con ella es otra historia. En eso, Leica es igual a todas las demás cámaras del mercado. No pasa de ser una bella y costosa herramienta. Podría llegar a ser superada por un simple cajón oscuro con un agujero como objetivo. Porque el ‘valor añadido’ siempre será responsabilidad del usuario. Es muy fácil de entender, el Mercedes Formula 1 de Lewis Hamilton, en mis manos, de conseguir arrancarlo, no sobreviviría a la primera curva.

En la historia de la fotografía, Leica es la excelencia, igual que Messi si hablamos de fútbol, que Mozart si hablamos de música… Lo inalcanzable alcanzado, la excelencia.

Compartir el artículo

stats