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Javier Cuervo

El potito de Risi Sunak

A Rishi Sunak, el nuevo primer ministro de Reino Unido, lo han elegido 200 tíos de su partido que no se han sentido insultados en la inteligencia por el vídeo de presentación con el que compitió con Liz Truss el pasado verano. Son viejos parlamentarios conservadores que están en el secreto de que los imbéciles son los que han hecho viral un vídeo suficientemente corto para que lo vea hasta el final el disperso Homer Simpson, con Sunak hablando a cámara y bajo imágenes interpoladas dinámicas y afectuosas de lo bien que saluda a distancia, con codo covídico o con la diestra siguiendo el ritmo de un piano repetitivo, uniformemente acelerado y de volumen creciente. Esta es la historia: mujer vuela de India a Gran Bretaña por amor a su familia y con la esperanza de un mundo mejor, trabaja duro, ahorra un año y trae a marido e hijos, entre los que está una adolescente que estudió mucho, se tituló en Farmacia, se casó con un médico de cabecera y de la suma de todo ese esfuerzo esperanzado (y un coito que no se cita, pero también es esfuerzo esperanzado) salió un candidato a primer ministro.

«La familia es todo para mí», concluye. Esta frase debería estar prohibida a un político. En el caso de un multimillonario ganancial como Sunak es un error o una advertencia. Luego habla de la patria de las oportunidades para todos y de un futuro mejor en un momento de grandes retos. No hay hueco para una promesa de presente mejor —siendo el suyo bastante bueno— por responsabilidad y honestidad «¿o nos contamos cuentos de hadas reconfortantes?» dice el narrador del más reconfortante de los cuentos de hadas del capitalismo, resumido en el párrafo anterior.

Sus valores «no negociables» tampoco son fáciles de evaluar: «patriotismo, equidad, trabajo duro». El viejo Reino Unido habría rechazado la dieta de este potito liberal muy azucarado hace años, pero con tanta deseducación por todos los medios puede que funcione incluso en unos de los países donde la prosperidad no ha ablandado la dureza social en la proporción habitual.

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