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Diario de Mallorca

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Olga Merino

Olga Merino

Periodista y escritora

Limón & vinagre | Ione Belarra

Limón & vinagre | Ione Belarra Edu Botella

Le agradan el viento frío en la cara y los horizontes amplios, hacia los que empezó a cabalgar con la brida sujeta en corto. Detrás de una mirada azul que denota curiosidad, cálculo y determinación, a Ione Iglesias, perdón, Ione Belarra no le ha temblado el pulso en el último golpe de mano en la estructura del Gobierno al cesar al líder del PCE, Enrique Santiago, y sustituirlo por Lilith Verstrynge al frente de la secretaría de Estado de la Agenda 2030, una cartera dispersa (aunque trascendental) por lo muchísimo que abarca. Da igual. La explicación ante las cámaras justifica el trueque en el refuerzo del «enfoque feminista y ecologista» del programa y bla bla bla, pero la verdad apunta más bien a que se avecinan curvas electorales y genera menos ruido ajustar las cañerías ahora, con el país de vacaciones y literalmente en llamas, que hacerlo en la vuelta al cole, cuando se reanude el curso político. Fontanería fina. Tocan a rebato.

A Pablo Iglesias no puede negársele, desde luego, su apuesta por las mujeres. Cuando hizo mutis por el foro el 4 de mayo de 2021, tras la debacle electoral en su intento de presidir la Comunidad de Madrid, dejó al frente de Podemos a Belarra, secretaria general, y a Irene Montero, ministra de Igualdad y madre de sus tres hijos; y en la vicepresidencia, a Yolanda Díaz. Ahí empezó el lío, en cuanto la gallega echó a rodar su proyecto político. De entre las múltiples confluencias que gestaron la formación morada, ahora parece que cada mochuelo regresa a su olivo, a los dos olivos con más sombra. O sea, por un lado, la rama fundadora de Podemos, en torno a los profesores de Ciencias Políticas del campus de Somosaguas, y, por el otro, la vieja militancia del PCE e Izquierda Unida, a la que Alfonso Guerra, con su mala uva característica, llamaba «Izquierda Hundida».

Desde el fiasco en las elecciones andaluzas por las discrepancias entre el PCE y Podemos para presentar una candidatura conjunta, han sobrevenido enroques y destituciones a la izquierda del PSOE, cambios de entre los cuales destaca este último por la envergadura de los protagonistas: el traidor Santiago, secretario general de los comunistas y hombre muy próximo a Díaz, y Verstrynge, con idéntico cargo en el partido surgido tras el 15-M y mano derecha de Iglesias (algunos dicen que algo más, aunque ellos prefieren guardar silencio). Belarra, pues, marca territorio mandando un recadito: Podemos no quiere un papel secundario ni está dispuesto a diluirse como un azucarillo en un proyecto que -oh, paradoja- se llama Sumar. Dicen que Belarra y Díaz no tienen demasiado feeling.

El hiperlíder Iglesias puede estar tranquilo. Su lugarteniente y brazo ejecutor, navarra de Pamplona, se ha acostumbrado a la brega en poco tiempo, desde que en el verano de 2018 le tocó saltar al ruedo para convertirse en la voz del partido morado en el Congreso debido al parto prematuro de Montero, tres meses antes de lo previsto. Un ascenso fulgurante desde entonces, desde el práctico anonimato como diputada del montón hasta el ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, un viaje raudo, como si calzara patines en línea (en su temprana juventud fue velocista). No se le ha dado mal la misión de mostrar los colmillos a los socialistas de vez en cuando, sin miedo a subrayar las discrepancias. Estuvo presente en las duras negociaciones del acuerdo presupuestario.

Procedente del activismo en los derechos sociales, en organizaciones como Cruz Roja y SOS Racismo, Belarra pertenece al núcleo duro de Iglesias y es íntima amiga de Montero, desde que ambas se conocieron en las aulas de la facultad de Psicología. En mayo, en cuanto hizo público su segundo embarazo a través de su cuenta en Instagram -tendrá el bebé a finales de año-, una de las primeras personas en reaccionar fue precisamente la titular de Igualdad: «Aquí tienes una tía orgullosa y dos manos para lo que haga falta, amiga. Juntas».

Cuentan las crónicas que a la secretaria general de Podemos le encanta bailar electro-latino, un estilo musical que mezcla bachata, reguetón, merengue y electrónica, un ritmo que requiere mucha cintura, como la que se precisará en adelante, de cara a las citas con las urnas que depara 2023. Bolcheviques, mencheviques, trotskistas… La misma pugna caníbal desde tiempos de Lenin, aquí, en Italia o en la Conchinchina. A veces, parece escucharse una voz de ultratumba, la del Nobel José Saramago diciendo en un susurro: «La izquierda no tiene ni puta idea del mundo en que vive». Veremos.

La secretaria general de Podemos y ministra de Derechos Sociales participa en unas jornadas de formación en abril de este año.

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