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Albert Soler

Limón & vinagre | Francesc de Dalmases: Diputado en el Parlament catalán y Vicepresidente de Junts

Albert Soler

Limón & vinagre | Formas de matón con lacito amarillo

El diputado de Junts, Francesc de Dalmases, durante su intervención en un pleno en el Parlament catalán. David Zorrakino - Europa Press

A Francesc de Dalmases lo describe sin saberlo John Dos Passos en su extraordinaria El número uno: tiene los mofletes redondeados, colorados y lustrosos como manzanas delicias. El número uno es el fabuloso retrato de un líder populista norteamericano y de la corte que lo acompaña, con lo que el retrato de Dalmases, siempre a la vera de su adorada y populista presidenta del Parlament catalán, Laura Borràs, es de lo más pertinente. Dalmases es uno de esos rechonchos que tienen la fortuna de gozar de abundante pelo lacio, de manera que pueden dejarse melena hasta rozar el cuello y así disimular las redondeces de su rostro. Sin su inefable melena-flequillo, Dalmases no se diferencia de un muñeco de nieve, en cambio, con cabello, se asemeja a un balón de fútbol con una fregona sobre el mismo. No es que ello suponga especial mejora estética, pero así, además de disimular con leve éxito el sobrepeso producto de tanto ágape en favor de la independencia de Cataluña, aterroriza al interlocutor. No todo el mundo está capacitado para sostenerle la mirada a un balón parlante con fregona encima.

Sabedor de esta cualidad, Dalmases la aprovecha para defender como un chucho a su dueña, Laura Borràs. Hace unos días la víctima fue la responsable de un programa de TV3 que permitió que los periodistas que debían entrevistar a Borràs le preguntaran por sus problemas judiciales. Laura Borràs está a punto de enfrentarse en el juzgado a seis años de cárcel y 21 de inhabilitación, acusada de prevaricación y falsedad documental, pero en opinión del fiel Dalmases, los periodistas debían haberle preguntado dónde compra sus modelitos y si le apetecía un masaje en los pies mientras se pensaba la respuesta. Así que Dalmases atacó. No hizo falta siquiera una orden de su dueña, está tan bien adiestrado que basta con un leve gesto de esta con los ojos, él ya entiende, ha aprendido también a no empezar a comer hasta que Borràs pronuncia «ya». Asió a la periodista de la mano, la encerró en un despacho y, entre golpes al mobiliario, la grito e intimidó por haber permitido tamaña ofensa a su ama. Borràs, toda una presidenta del Parlament, asistió a la escena sin abrir boca, solo para comprobar que el fiel Dalmases cumplía su cometido, el feminismo tiene sus límites, y si el agresor es de los nuestros, procede a hacer la vista gorda. Cuentan que los gritos se oían en el plató, donde el programa seguía su curso. La segunda autoridad de Cataluña debió de quedar satisfecha de las coacciones de todo un hombretón a una joven periodista, porque no se conoce que haya criticado estos hechos. Eso le basta a Dalmases, que no necesita premios, ni siquiera una galleta cazada al vuelo, sentir feliz a la Borràs es suficiente. Suerte tuvo la periodista si por la mañana no encontró en su cama la cabeza de un caballo. Con nosotros no se juega. ¿Capisci?

Dalmases no empezó de sicario, seguramente de niño tenía otras aspiraciones, más nobles aunque también peor pagadas. Ha sido la vida la que le ha llevado por esos derroteros. Se formó como educador social, de su deriva actual se intuye que sería partidario de «la letra con sangre entra». Tal vez porque el actual sistema educativo le parece demasiado blando, ha trabajado sobre todo de periodista. El procés le abrió las puertas de un nuevo horizonte, así que se implicó en el referéndum de la independencia y en 2017 ya salió elegido diputado en las listas de Junts per Catalunya, el partido de Puigdemont. Y a vivir. En Cataluña no son pocos los periodistas que se han aplicado al dedillo lo que ya dijo Julio Camba hace un siglo: el periodismo puede hacerle rico a uno, a condición de que abandone el periodismo.

Como sicario, tiene aún mucho que mejorar. Atreverse con una joven periodista es signo de cobardía, aunque, bien mirado, eso es una virtud para hacer carrera en un partido cuyo principal líder huyó a las primeras de cambio, emplazando antes a sus compañeros de gobierno a que acudieran a sus despachos como siempre. En un partido así, Dalmases tiene futuro. Tan orgulloso está de su cobardía que cuando -una vez ha salido a la luz el episodio- se ha visto obligado a disculparse, lo ha hecho a la manera de los acoquinados, pidiendo «disculpas a todo el que se haya podido sentir ofendido». A los cobardes, además de atreverse con mujeres, les da miedo un simple «pido disculpas» y añaden la coletilla «si alguien ha podido sentirse ofendido», que significa: la culpa no es mía, es del que se siente ofendido, que yo soy cobarde hasta para admitir errores.

La pareja Borràs y Dalmases, aunque cómica, cumple una función pedagógica, nos muestra cómo hubiera sido la republiqueta catalana con ellos al mando: corrupta y sin libertad de prensa. De la que nos hemos librado.

El diputado de Junts, Francesc de Dalmases, durante su intervención en un pleno en el Parlament catalán.

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