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Diario de Mallorca

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Alex Volney

Amor no consumado de la izquierda

«El amor es más fuerte que la muerte» proclamaban los románticos y Francesc Pujols aseguraba que precisamente por eso los franceses llaman petite mort al orgasmo. Al Pujols adolescente le obsesionaba tanto este aspecto del amor físico que leía toda la literatura que encontraba al respecto. Casi comparable a la literatura que nutre a los ideólogos de la llamada izquierda actual frente a los triunfos de la derecha más corrupta de Europa. Algunos incluso llegan a creer que de Francia soplan nuevos vientos. (Emoticono partiéndose). El líder de la Francia Insumisa, Jean Luc Mélenchon lleva años sumándose a las campañas antijudías y parece muy difícil que vaya a ser la punta de lanza de nada en la putrefacta izquierda europea. Las reflexiones postelectorales de los partidos llamados de la izquierda dan para mucho. El nuevo ascenso del voto conservador debe el mérito absoluto a la desorientación crónica de unos políticos alejados de la realidad más inmediata. El misterio de la trinidad en el Estado Español es de libro y la izquierda queda con la mirada perdida observando la zanahoria que cuelga del palo en fabuloso movimiento pendular, de PP a Vox y de Vox a PP.

Pujols se inspiró en un amor casi platónico hacia una joven de Tortosa, hija de notario y muy católica. Ella iba imaginando una vida divertida con el inventor de la religión catalana, a la vez el más cómico y brillante de los escritores. «De vegades, em dona de parer que, si m´hi hagués casat, l’hauria mantinguda tan pura com va néixer». Años más tarde optaría por otra pareja, volvería a la Torre de les Hores, en Martorell, tendría un hijo y viviría diversas desgracias hasta marchar al exilio para volver mucho más tarde y acabar sus días solo en el jardín. Solamente Salvador Dalí lo visitaría y tendría contacto con el intelectual irrepetible. La pureza de la izquierda nos devuelve a Pujols que en sus libros definiría aquel primer amor como problema sin solución erótica ni matrimonial que es la definición perfecta para definir el desencuentro entre la izquierda y sus gentes. No hay consumación.

Antiguamente se decía que el ‘circo’ local simplemente es más pequeño, pero es que no hay animales y los payasos son muy malos. Hoy se potencia el ‘circo’ local con las pocas herramientas políticas de ayer. El circo estatal y global sigue siendo aparentemente mucho más vistoso. Aquí todo consiste en eliminar a los cisnes de S’Hort del Rei como gran comienzo para el órdago. «Arrancada de cavall, arribada de somera».

Servidor vio empezar el 11-M con mucha curiosidad, de cerca. Escuchar in situ a sus gentes debía ser interesante pero a parte de gente genuina y de buena voluntad… abundaban los porros. Muchos creyeron que el ciclo nuevo empezaba, pero era un funeral laico que no pocos columnistas ya tildan hoy como la previa del fin de fiesta, incluso como avanzadilla del último descalabro francés que define a la inminente involución europea. Basta ver como se han abandonado a su suerte a las mujeres y hombres de Charlie Hebdo, por solo poner un, nada divertido, ejemplo. También nos podemos conformar con volver a Paul Valéry cuando asegura que la política es el arte de obligar a la gente a decidir sobre cosas de las que no tiene ni idea, a la vez que es el arte de impedir que la gente pueda decidir en aquello que más le interesa.

Cuando a Tarradellas le preguntaron qué hacía desde que había vuelto a Catalunya, parece que respondió contundente: «vigilar que no em fotin».

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