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Antonio Papell

Alemania, victoria socialdemócrata

Olaf Scholz. EFE

Después de 16 años de gobiernos presididos por Ángela Merkel, la mayoría de ellos mediante la fórmula de la gran coalición con los socialdemócratas del SPD, Alemania sufre un shock al encontrarse embarcada en un cambio relativamente serio, que en todo caso se realiza sobre unos cimientos muy consolidados que no hacen temer ni oscilaciones ni vacilaciones en el camino rectilíneo de la Alemania de posguerra, el gran país marcado a fuego por un pasado terrible, que ha sabido encontrar el rumbo adecuado en el marco pacificador y constructivo de la Unión Europea.

Pese a que Merkel se va en olor de multitudes y entre el aprecio de sus conciudadanos, su epígono, el que ha sido ministro de Finanzas últimamente en su gabinete, Armin Laschet, no ha heredado el prestigio de su antecesora y ha obtenido el peor resultado de la CDU/CSU en toda su historia. En cambio, las elecciones han sido ganadas por el socio menor de la gran coalición, el socialdemócrata Olaf Scholz, con una ventaja de poco más de un punto y medio sobre los conservadores (25,7% ante 24,1%). En tercer lugar han quedado los Verdes, con el 14,8% y los liberales del FDP, con el 11,5%. La izquierda de Die Linke se ha desmoronado hasta el 4,9% y la ultraderecha de AfD ha caído del 12,6% al º10,3%, aunque ha sido mayoritaria en dos länder de la antigua RDA. El cordón sanitario establecido garantiza que no tocará poder.

En estas circunstancias, puesto que el tercer candidato prefiere aliarse con el SPD, la fórmula que parece teóricamente más viable es la tripartita denominada del semáforo: SPD, Verdes, FDP. No es la primera vez en la historia que el FDP apuntala a una formación socialdemócrata, y Schröeder gobernó con los Verdes, pero ese tripartito mencionado es inédito.

Sea como sea, los alemanes, que son muy solventes y respetuosos con la gestión de la voluntad popular, estudiarán minuciosamente todas las opciones, en especial la mencionada y también la llamada jamaicana (por los colores del a bandera de ese país), formada por la CD/CSU y por verdes y liberales. Estas negociaciones pueden durar semanas, ya que existen diferencias claras, y todavía inexploradas, entre verdes y liberales. Por supuesto, si estas negociaciones a tres fracasasen de forma insuperable, habría que recurrir de nuevo a la gran coalición, pese a que los alemanes están cansados de la fórmula y reclaman un regreso a la normalidad, al debate entre opciones si no antagónicas, sí diferentes, que abran paso a una mayor innovación en la toma de decisiones de futuro.

Para los países del Sur de Europa, el protagonismo de los liberales no es tranquilizador porque su posición ha estado siempre vinculada a la de los países frugales, contrarios a la mutualización de la deuda y a la profundización de la unión fiscal. Con todo, la propia dinámica de la crisis sanitaria que acabamos de vivir, que ha hecho posible la creación de los Fondos de Reconstrucción, impensables en la anterior crisis de 2008, ha cambiado irreversiblemente muchas cosas en la UE, por lo que es de esperar que se mantenga el regir económico pero no un retroceso a etapas anteriores de la ortodoxia monetarista que se prodigaba en las instituciones europeas.

Por otra parte, la victoria socialdemócrata en Alemania, que se une a la ‘socialdemocratización’ de todos los países nórdicos, impulsa la oleada del centro izquierda europeo hacia políticas más sociales, que son necesarias en periodos críticos que generan una fuerte tasa de exclusión. Después de las dos grandes crisis que hemos vivido, lo importante es recuperar a las clases medias, sacar del inframundo de la pobreza a quienes se han abocado a él y planear políticas integradoras, volcadas en la inserción de los jóvenes y la dotación de potentes servicios públicos a todos. El mundo europeo demuestra con sus últimas decisiones que ha entendido estos mensajes, que no solo deben movilizar a la izquierda sino también a la derecha. El crecimiento y la prosperidad han de alcanzar a todos, ya que si no la justa ira de los excluidos puede frustrar legítimamente el futuro.

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