DTO ANUAL 25,99€/año

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ferran Monegal

Los delitos no se heredan, o sea, el «caso Willy»

También busca Jesús Calleja, en sus fantásticos viajes por el mundo (Planeta Calleja, Cuatro) golpes con trasfondo político. Por ejemplo esta semana le ha dedicado su programa a Willy Bárcenas. Dado que los deportes preferidos de su padre, Luis Bárcenas, son el esquí y el alpinismo, a su hijo Willy se lo ha llevado a pasear por los glaciares islandeses. Hombre, yo creo que lo que le hubiese gustado a Calleja es llevarse a Islandia al padre, al extesorero del PP, y en aquel gélido paisaje intentar lo que los tribunales no han conseguido del todo todavía: que cante de lo lindo. Pero se ha tenido que conformar con el hijo. Y naturalmente toda la excursión ha consistido en preguntarle por las tropelías que su padre haya cometido.

¡Ah! Estos ejercicios siempre provocan gran morbo televisivo. Pero son muy discutibles. Interrogar al hijo sobre los delitos que su padre haya podido cometer es una desviación informativa. Los delitos no se heredan. No se transmiten en el ADN de ninguna criatura. A Willy ya le perseguía la tele en 2017 y 2018. No le buscaban para que hablase de su combo Taburete, que al decir de los expertos musicales es un estupendo grupo. Le buscaban por ser hijo de quien es hijo. En una entrevista en 2018 (La Sexta) Cristina Pardo le preguntó si el éxito de Taburete se debía exclusivamente al morbo por ser hijo del famoso extesorero. Y Willy contestó: «Tendríamos más (éxito) si yo no me llamase Bárcenas de apellido». ¡Ah! Eso podríamos discutirlo. En una sociedad tan enfermiza como la que hemos construido, llamarse Bárcenas es un anzuelo, un reclamo, tan real como retorcido. Pero esa respuesta que dio Willy fue muy humana. Fue una forma de rebelarse contra ese refrán tan injusto que dice: de tal palo tal astilla.

Las preguntas que le hizo Calleja no proporcionaron titulares nuevos. La única novedad, desde sus declaraciones en 2018, es que en 2020 su madre, Rosalía Iglesias, ingresó en prisión condenada a casi 13 años. Y ahora Willy, entre glaciares, ha dicho: «Asumo la sentencia. Pero es muy injusta. Mi madre no sabía nada». Y refiriéndose al partido que ha ocasionado esta tragedia, exclamó: «¡Al PP no le puedo tener más asco!». ¡Ah! Aquí se nota una mutación en Willy. En 2018 dijo que el PP le era indiferente. Era una forma suave de desprecio. Ahora es asco lo que siente. También es muy humano. Ningún hijo soporta ver a su madre entre rejas.

Compartir el artículo

stats