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Javier Cuervo

Artículos de broma | Goirigolzarri, de acuerdo

Ni el Banco Central Europeo, ni el Banco de España, ni el gobierno de España -incluida su parte menos socialcomunista- ni yo estamos de acuerdo con las remuneraciones que se otorgan -legalmente- los altos ejecutivos de los grandes bancos españoles. Estoy perplejo porque no solemos coincidir.

En cambio, José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Caixa Bank, está de acuerdo en pasar de cobrar 750.000 euros a casi dos millones. Exactamente 1,9 millones, de los que 1,65 millones de euros son fijos y luego hay unos 200.000 variables y un paquete de acciones. Podemos comprender que a Goirigolzarri le parezca bien la retribución que él mismo se ha fijado. Por coherencia. Los objetivos se imponen para cumplirlos si se puede y él puede. También podemos empatizar. ¿Quién no quiere ganar dos veces y medio más de un solo salto? Yo quiero. No me va a pasar. Ni a usted, y no quiero meterme donde no me llaman.

Con la subida de sueldo va el despido de 8.300 empleos. Estaba hablado con la vicepresidenta Nadia Calviño que hubiera un ajuste de costes y un levantamiento de las restricciones a los salarios de la cúpula. El ajuste de costes sólo repercute en los trabajadores, ya que en la cúpula aumenta. Quizá cobren más por despedir empleados, que debe de ser un mal trago. Si fuera así, podríamos asignar un valor a ese mal trago si dividimos el 1.350.000 euros que Goirigolzarri va a ganar de más entre los 8.300 trabajadores menos que va a tener el banco. Lo que sale es que Goirigolzarri, el de la rara sonrisa iluminada en la junta de accionistas, se lleva 166 euros por despedido. Moderado, convendrá. Tacita a tacita...

La oposición del gobierno en absoluto impidió que la subida de salario saliera adelante, por lo que quedó en postureo, pero el sector bancario habla de la «temida injerencia política», que se ejerce -aunque sin éxito- a través del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria en el que el Estado puso 6.750 millones de euros para que los bancos no se fueran desordenadamente a la mierda.

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