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Miguel Vicents

¿Qué tal si somos educados?

Ángel Gabilondo es la propuesta más radical de cuantas concurren a las elecciones a la Asamblea de Madrid, enfangada en un debate de insultos, odio, victimismo y egolatría que parece no tener límites. En un contexto tan extremo como el de la campaña madrileña, con actores superespecializados en el conflicto que no necesitan dobles para rodar las escenas más peligrosas de fascismo y comunismo, una persona moderada, incapacitada para la grosería, respetuosa, reflexiva y que expone sus argumentos con más o menos solvencia, resulta definitivamente rompedora, una rareza. A eso hemos llegado. Quizá Gabilondo no destacaría en un debate entre iguales que no fuera de Metafísica, pero sí lo hace cuando sus contrincantes resultan tan opuestos a él en cuestiones más domésticas. Tan ágiles para soltar cualquier exabrupto que les permita asomar la cabeza entre el lodo. El ejemplo del que fuera Ministro de Educación y Catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense reside precisamente en la disonancia que representa en tono y formas. Y en la valentía que hoy en día supone interpretar ese papel tan poco reconocido entre los grandes solistas de la política, cuando los partidos huyen del centro que antes de Vox y Podemos querían ocupar a toda costa.

«¿Qué tal si prueba a ser educada?», le espetó a Rocío Monasterio de Vox en el incendiario debate de la Cadena Ser. «Pruebe, a ver qué pasa», la invitó. Quizá su invitación debería ser el próximo reto viral para todos, quizá sería la mejor manera de evitar todos esas propuestas intolerables que tanta fortuna reportan a sus protagonistas. Nos ahorraríamos el bochorno.

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