09 de enero de 2019
09.01.2019
Tribuna

Vacunas 18, Rubeola 0

La eliminación de la rubeola es un claro ejemplo de lo que las vacunas pueden llegar a conseguir cuando se alcanzan y mantienen elevadas coberturas en una población

08.01.2019 | 20:02
Vacunas 18, Rubeola 0

Parece el resultado de un partido, quizás no de fútbol por lo abultado del resultado, pero podría ser de otro tipo de deporte. Este tanteador final quiere representar que en 2018 el programa de vacunación sistemática iniciado hace cuarenta años ha conseguido acabar con el virus de la rubeola y eliminarlo de nuestro país; ya no somos un país endémico para esta enfermedad.

En el año 2003 la Oficina Europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS) acuerda un Plan estratégico para prevenir la infección congénita por el virus de la rubeola desde una perspectiva integral de maximizar la eficacia de los programas de vacunación. En el año 2005 se decide incorporar a este plan el objetivo de eliminar la rubeola endémica en la Región Europea (2005-2010).

Para conseguir estos objetivos es preciso alcanzar y mantener elevadas coberturas vacunales (>95%) con al menos una dosis frente a la rubeola y proporcionar una segunda oportunidad de vacunar mediante actividades dirigidas a la protección frente a esta infección de las mujeres en edad fértil. Además se hace preciso reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica mediante el estudio y confirmación por laboratorio de todo caso sospechoso y su caracterización molecular.

Siguiendo estas recomendaciones en el año 2007 la Ponencia de Vigilancia Epidemiológica del Comité Interterritorial del Sistema Nacional de Salud aprueba un protocolo de vigilancia activa de la rubeola con el objetivo de eliminar la rubeola endémica y prevenir la rubeola congénita, es decir conseguir menos de 1 caso/100.000 nacidos vivos en un año.

El principal objetivo de la vacunación frente a la rubeola ha sido el evitar la infección durante el embarazo y las consecuencias nefastas para el feto (retraso mental, hipoacusia, cataratas, malformaciones cardíacas) es decir lo que se denomina el síndrome de la rubeola congénita. Hasta 2005 esta infección era la principal causa de malformaciones congénitas en la población española y el terror de las mujeres embarazadas.

El virus de la rubeola tiene como único huésped al ser humano y por ello es posible eliminarlo de la población. Es un virus que se trasmite por vía respiratoria de una forma rápida y eficiente y provoca el cuadro cutáneo exantemático que se llama rubeola. El principal problema se produce cuando una mujer embarazada se infecta del virus y durante la fase de diseminación el virus llega al embrión o feto determinado graves procesos de malformación intrauterina.

En España se podría considerar que el primer intento de prevenir la rubeola congénita se inició en 1978 mediante la implantación de un programa de vacunación sistemática en las niñas a los 11 años de edad. En 1996 se añadió una segunda dosis y en 2012 se introdujo la vacuna triple vírica (rubeola-sarampión-parotiditis) a los 12 meses de edad (primera dosis) y a los 3-4 años (segunda dosis). Esta pauta vacunal determinó una drástica disminución de los casos de rubeola en nuestro país, pasando de cerca de 424/100.000 en 1983 a tan solo 1.32 en 1999. En 2013 se consiguió eliminar la trasmisión endémica de esta infección y desde entonces sólo se han detectado casos importados.


En el año 2015 la OMS declaró a España libre de rubeola y de su infección congénita, sin embargo en otros países europeos y del resto del mundo permanece endémica y activa. La eliminación de la rubeola implica la ausencia de transmisión endémica del virus en un territorio o país durante al menos 12 meses. El 15 de agosto de 2018 este mismo organismo envió un certificado al Ministerio de Sanidad español donde se establecía que en España se consideraba eliminado totalmente el contagio endémico para la rubeola. La verificación de la eliminación se declara cuando hayan pasado al menos 36 meses sin transmisión endémica de la infección.

La principal preocupación en estos momentos son las poblaciones inmigrantes, especialmente las procedentes del este de Europa y de países subsaharianos, ya que la mayoría de casos y brotes epidémicos se han producido en este colectivo no vacunado de forma rutinaria. Así a finales de 2018 se declaró un brote de rubeola en trabajadores subsaharianos en un matadero de Zaragoza.

Las grandes epidemias actuales de sarampión que están afectando a muchos países de Europa se deben en gran medida a la negativa o rechazo de la vacunación frente a este virus. Pero debe recordarse que el sarampión forma parte de la vacuna triple vírica, es decir que sino se vacunan del sarampión tampoco lo hacen de la rubeola o parotiditis. Por ello las autorizadas sanitarias europeas alertan de la posibilidad de reaparición o reemergencia de la rubeola como infección exantemática y de las posibles infecciones congénitas por este virus.

A pesar de la buena noticia de la eliminación de la rubeola en nuestro país, es imprescindible seguir manteniendo la vigilancia activa de los posibles casos sospechosos y actuar rápidamente cuando se detecte algún brote epidémico. Las elevadas coberturas vacunales de nuestra población (>95%) protegerán a la misma de la circulación del virus pero la endemia existente en otros países reintroducirá de nuevo el virus. Por ello no debemos bajar la guardia y mantener a ultranza los programas vacunales actuales.

La eliminación de la rubeola es un claro ejemplo de lo que las vacunas pueden llegar a conseguir cuando se alcanzan y mantienen elevadas coberturas en una población. Sin embargo este éxito siempre estará supeditado a que mantengamos los programas vacunales activos hasta que ningún país del mundo declare un caso de rubeola. Probablemente este hecho va a tardar mucho, también hemos necesitado cuarenta años de vacunación continuada, por ello uno debe pensar que la contribución individual a la inmunidad colectiva es siempre un elemento clave y esencial para eliminar las infecciones vacunables. Todos contribuimos con un granito de arena para que la barrera de protección frente a ellas sea cada vez más grande, limpia y saludable.

*Profesor Virología UIB

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