01 de octubre de 2013
01.10.2013

TIL o el juego de la confusión

01.10.2013 | 06:30
"La primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira". La cita es de Jean Françoise Revel. Así comienza El conocimiento inútil. Y no lo he elegido por el juego de palabras. Las medias verdades, destinadas en la mayoría de ocasiones a confundir a la opinión pública, han sido, desde luego, uno de los motores de la polémica en la huelga educativa y en la aplicación del decreto del Tratamiento Integrado de Lenguas. No hay nada más parecido a una mentira que una media verdad. A estas alturas, es indudable que se ha mantenido un juego de medias tintas sin entrar en el fondo de la cuestión y se han mezclado debates muy diferentes.

Que los alumnos de Balears terminen su escolarización dominando las dos lenguas cooficiales además del inglés es una magnífica idea. Sin embargo, el infierno está lleno de buenas intenciones. ¿Queremos que dominen tres lenguas? En un hipotético referéndum en que las respuestas fueran sí o no, probablemente todo el mundo votaría afirmativamente. No obstante, en este caso la pregunta es otra. Deberíamos partir de la base de que impartir una clase de secundaria en un idioma que no se domina implica perder calidad. Porque un experto en ciencias naturales, sociales o matemáticas tiene muchos más recursos para transmitir sus conocimientos cuando ni el vocabulario ni la gramática que utiliza para ello suponen una dificultad añadida. Así que la cuestión es ¿queremos que, para hacer que los chavales se familiaricen con el inglés, la cantidad y/o la calidad de los contenidos disminuya? A día de hoy me parece inevitable que esto sea así. Cuando se inició el proceso de inmersión lingüística, los docentes tuvieron 16 años para prepararse y sacarse el título de catalán necesario. En un par de meses, es casi una utopía que maestros y profesores estén capacitados para dar clase en inglés. Al menos de la misma forma en que lo hacen en catalán o castellano. Esa es la mayor dificultad en la aplicación del TIL. Un argumento de mucho más peso que el manido fracaso escolar.
No puede ni debe confundirse la educación de calidad con la educación en catalán. El fracaso escolar no es cuestión de lengua. Ni de una, ni de dos, ni de tres. Está repartido por el mapa de comunidades autónomas sin atender a cuántos idiomas se hablan en cada una de ellas. Y los alumnos de muchos de los países mejor situados en los informes PISA hablan también el inglés además de su lengua materna. En nuestro caso, tiene más que ver con la igualdad de resultados sumada a la pérdida de valores como el esfuerzo, el sacrificio, el respeto al profesor, o la constancia en el trabajo.
El debate sobre si es posible o adecuado introducir a día de hoy el inglés como lengua vehicular en las aulas de Balears se mezcla, me temo que muy intencionadamente, con el de la conveniencia o no de un modelo de inmersión lingüística en catalán. Éste es un segundo debate que debe abordarse con seriedad y no parapetándose tras el TIL y las clases en inglés. Hay ciudadanos y partidos que creen que es mejor dejar elegir a los padres qué lengua va a ser vehicular en la enseñanza. Catalán, castellano, o las dos. Para ello, la administración debería garantizar la existencia de centros públicos en cada una de las tres vías. En este caso, además, las urnas legitimaron con mayoría absoluta la implantación de este modelo, que garantiza una línea de mayor libertad. Nos guste más o menos, se trata de un gobierno democráticamente elegido aplicando un paradigma lingüístico que comparten la mayoría de sus votantes. Aunque el calendario o las formas sean mejorables. Otros ciudadanos y partidos consideran que lo más importante es la normalización lingüística. Arguyen que, como el castellano tiene más presencia en los medios de comunicación y mayor número de hablantes, el catalán debe predominar en la escuela.

A día de hoy se está escatimando a la sociedad este segundo debate. Muchos de los huelguistas y manifestantes salen a la calle en defensa de la calidad de la enseñanza porque creen que impartir sus clases en inglés a día de hoy la mermaría. Pero se mezclan banderas y partidos porque se confunden los dos debates. Porque se hace política (por llamarlo de alguna manera) con la lengua y la educación. Aunque no pocos maestros y profesores intentan desmarcarse en sus reivindicaciones de los partidos que acuden a las manifestaciones. Detrás de las banderas y las acusaciones de huelga política hay dos formas de entender la presencia del catalán y el castellano en las aulas. Revel tiene clara la función del tabú: prohibirnos comprender y tratar los problemas que pretendemos atacar. Es hora de ser honestos y explicar a los ciudadanos cuál es el verdadero conflicto.

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