OPINIÓN

Le Senne reniega de España

Gabriel Le Senne.

Gabriel Le Senne. / B.RAMON

Matías Vallés

Matías Vallés

Gabriel Le Senne renegó ayer de España, un país que por lo visto solo tiene sentido a imagen y semejanza de este abogado de la ultraderecha moderada que ni siquiera fue elegido parlamentario el 28M, porque asaltó el Parlament de rebote.

Sobre todo, el presidente de la cámara se declaró en huelga el día de la Constitución que ha jurado, sin descontarse el sueldo correspondiente y para sumarse al coro de «me gusta la fruta» que demuestra el grado de elaboración intelectual de su partido. Le Senne no ha degradado su función, un fenómeno que seguramente coincide con su nombramiento, sino que la ha denigrado al insultar de paso a todos los ciudadanos de Balears.

Es curioso que los entusiastas de las malversaciones independentistas incumplan sus obligaciones laborales con tanta ligereza. El cargo de Le Senne, con sus pompas adjuntas en chóferes, oficinas y viajes, cuesta centenares de miles de euros a los ciudadanos. Si le desagrada su función, puede marcharse en la seguridad de que ni su partido va a añorarle.

La obligación profesional de Le Senne es personarse en el acto de la Constitución y, si así le place, criticar el contenido de la ceremonia de opereta representada en la Almudaina, en vez de sustituirla por otra mamarrachada. El hombre que se atreve a quitarle el micro a Prohens en el Parlament, un ejemplo democrático que nunca hubiera llevado a cabo un socialista con Armengol, se pone el Estado y su Constitución por montera.