Carla Taberner, voluntaria en Mallorca: «El voluntariado hace que te pongas en la piel de los demás y seas más humilde»

Gracias a su madrina, lleva desde los trece años participando en innumerables actividades de voluntariado. Ahora también lo hacen su madre, su hermana y sus amigas

La voluntaria de CaixaBank Carla Taberner posa en la UIB para esta entrevista.

La voluntaria de CaixaBank Carla Taberner posa en la UIB para esta entrevista. / Guillem Bosch

Nair Cuéllar

Nair Cuéllar

Carla Taberner lleva casi media vida ligada al voluntariado, en concreto al de CaixaBank. Empezó a los trece años, cuando su madrina, dedicada a ello desde hacía mucho tiempo, la invitó a ir un día con ella. «Me llevó al campo de fútbol del Mallorca. Se organizaban juegos y actividades para niños de centros de menores y me lo pasé genial, porque los pequeños me encantan. Así que empecé a ir con ella siempre que mis extraescolares y mis clases me lo permitían», explica la joven.

Ya a los dieciséis años, «que es cuando puedes hacerte voluntario» -explica-, la palmesana se apuntó a las actividades solidarias que organiza CaixaBank y lleva desde entonces ayudando a niños, mayores e incluso contribuyendo a mejorar el medio ambiente. Recuerda con una sonrisa de oreja a oreja lo bien que se lo pasó el día de su debut. «Fuimos a recoger basura a la playa y fue muy divertido, porque era como una especie de carrera interactiva para ver quién recogía más colillas, plásticos y tapones».

Tiene veinte años y estudia tercero del Grado de Estudios Ingleses de la Universitat de les Illes Balears (UIB), pero ni su carrera ni el ocio le impiden ocupar todo el tiempo que le queda en ayudar a los demás. Estas fiestas contribuirá elaborando postales navideñas para los más vulnerables y participará en el Arbre dels Somnis, que consiste en que «niños en centros de menores escriben cartas a los reyes Magos y las ponen en unas bolitas decorativas en un árbol. Tú coges una y le haces el regalo que ha pedido», explica. Además, ya se ha apuntado a la Magic Line que tendrá lugar en marzo, una carrera solidaria que organiza Sant Joan de Déu por las personas en situación de vulnerabilidad.

Y es que, según cuenta, el voluntariado de la entidad organiza un sinfín de acciones solidarias, desde ayudar en comedores sociales, hasta participar en cuentacuentos para menores. «Es muy fácil saber todo lo que preparan, porque cada mes envían un correo electrónico con todas las actividades y si te apetece, y te va bien, te apuntas», señala.

Hoy martes, 5 de diciembre, se celebra el Día Internacional de los Voluntarios, una actividad muy especial para Carla y que le hace «muy feliz». «Desde pequeña me ha gustado colaborar, porque me permite conocer realidades distintas a la mía. Veo que hay familias y personas que sufren y el voluntariado me ayuda a empatizar con ellos. Te pones en su piel y ves la vida desde una perspectiva distinta. Te hace ser más humilde». La satisfacción que aporta también se obtiene al contribuir a mejorar el planeta, «porque te haces más consciente de la situación en la que nos encontramos y de las maneras que existen para mejorar», relata.

De generación en generación

Carla es un claro ejemplo de cómo el voluntariado pasa de generación en generación. La pasión por ello le vino de su madrina y ahora ella se lo ha transmitido a su hermana pequeña y a su madre. «Paula tiene tres años menos que yo y al principio no hacía mucho caso a lo que hacía, pero un día le dije que me acompañara, porque era una actividad con niños, y se integró muy bien jugando con ellos». Desde entonces empezó a acompañar a su hermana a todas las acciones que podía y el año pasado, cuando cumplió dieciséis, se sumó a la ‘plantilla’ de voluntarios de la entidad.

El caso de su madre es peculiar. Vio que sus hijas se lo pasaban tan bien y volvían tan contentas, que un buen día les dijo: ‘Pues voy a probarlo yo también’. Participó con ellas en una recogida de colillas y desde entonces es la más implicada de las tres. Según cuenta Carla, es profesora y muchas veces al acabar su jornada laboral ayuda a quien lo necesite o al ser vivo que precise de su apoyo, ya que hace poco participó en una acción medioambiental que consistía en observar cetáceos desde un barco para asegurarse de que los buques que transitaban por la zona no supusieran un perjuicio para ellos.

Esta actividad consiguió que además de pasar de generación en generación, el voluntariado se extendiese a sus amistades. Fue este verano. Se organizó esta excursión solidaria, preguntó a sus amigas de la facultad si querían apuntarse y no se lo pensaron. «Somos siete en el grupo, sabían que yo era voluntaria y cuando mi madrina me avisó de que se iba a hacer esto se lo comenté y contestaron rápidamente que sí».

Es tal la satisfacción que esta joven estudiante siente siendo voluntaria, que invita a todo el mundo a participar y mejorar así la vida de los demás. «Puede hacerlo cualquiera en el momento que le venga mejor, y da igual lo que sepa hacer, porque por poco que pueda aportar, hará evadirse a la gente de sus problemas», anima. «Saber que has ayudado a alguien, que has estado un rato con esa persona y le has hecho reír, es increíble. Además, aprendes mucho de las personas a las que ayudas y eso te dejará con ganas de más, porque disfrutarás», insiste Carla, que finaliza la entrevista ofreciéndose a enviar el listado de actividades mensual.