La UIB no se rinde en su batalla contra el ‘cochecentrismo’

Llevar Bicipalma al campus y mejorar frecuencias y horarios del transporte público, entre las medidas que la comunidad universitaria plantea para reducir las emisiones de los trayectos

El pasado viernes la asamblea concluyó sus tres sesiones de trabajo.

El pasado viernes la asamblea concluyó sus tres sesiones de trabajo. / M.F.

Mar Ferragut Rámiz

Mar Ferragut Rámiz

El ‘cochecentrismo’ que marca la vida en Mallorca también se ha visto, desde siempre, en la Universitat. Aunque en los últimos años el transporte colectivo ha ido ganando adhesiones entre la comunidad universitaria, entre el 60 y el 70% de los trayectos al campus se hacen en coche o moto. Pero la UIB no tira la toalla y sigue buscando maneras de lograr una movilidad más sostenible y saludable. Esta vez la novedad es que el planteamiento se hace escuchando a los protagonistas.

El pasado viernes, una asamblea conformada por medio centenar de personas voluntarias, entre profesores, alumnos y trabajadores de administración y servicios, concluyeron las tres sesiones de trabajo en las que han analizado la situación actual, han conocido las actuaciones puestas en marcha en otras universidades en este sentido y han lanzado ideas y consensuado propuestas (han salido unas 45) que elevarán al Consell de Direcció de la UIB.

El órgano director se ha comprometido a estudiar las medidas que sean de su competencia (intracampus) e incluirlas en su plan de movilidad, actualmente en elaboración. Respecto a las otras, las que se refieran a cómo llegar al campus, la UIB las trasladará al órgano competente, ya sea al Ayuntamiento de Palma, al Govern o al Consell , según explica Adrià Muntaner, vicerrector de Campus y Universidad Saludable.

Joana María Seguí, investigadora especializada en movilidad que desde 2012 ha coordinado tres encuestas sobre el tema entre la comunidad universitaria, remarca que han mejorado las cosas y el uso del transporte público y de la bicicleta. Según el último estudio hecho, en 2023, el 71% de los estudiantes usan el autobús y el metro para ir a clase: la mayoría, según indicaron, valoraban sobre todo la gratuidad.

La profesora subraya la necesidad de mejorar y aumentar las frecuencias de estos servicios: «Yo vivo en Palma y tendría que coger dos autobuses diferentes y el metro para venir hasta aquí», indica.

Yusef Chaib, trabajador de administración y servicios, llega en metro y también defiende aumentar frecuencias, aunque señala que la propuesta que a él particularmente le haría ilusión que saliera adelante es la instalación de una estación de BiciPalma en el campus y así poder ir cada día a trabajar en bicicleta eléctrica.

Teo Lebrato, alumno de primero, ha participado en la asamblea y cree que los estudiantes están en general concienciados con el cambio climático y lo que supone decantarse por una manera de desplazarse u otra, pero insiste en que es necesario mejorar los recursos para que el transporte diario sea una opción cómoda: «No puede estar todo el tiempo corriendo, mirando y cuadrando horarios...». Él tiene que hacer «una combinación un poco mortal» para llegar desde Bunyola en transporte público, pero lo hace. Peor está, cuenta, una amiga suya que, por las combinaciones que le cuadran, hay un día que pasa más tiempo yendo y viniendo al campus que en clase. La necesidad de conectar mejor (con más frecuencias y planificando mejor los horarios) determinadas zonas de la Part Forana con la sede universitaria de la carretera de Valldemossa es una idea muy repetida estas jornadas.

Respecto a las medidas intracampus, se ha puesto sobre la mesa reducir la velocidad máxima permitida, mejorar el carril bici o reducir el espacio de aparcamiento.

Los datos de mejora registrados la última década animan a Seguí, que imagina en unos años un campus al que sea fácil llegar en transporte colectivo desde cualquier sitio, un campus con aparcamientos periféricos y «más naturalizado».